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sábado, 31 de enero de 2026

Lo cotidiano 142 De La Magdalena Fernando Merodio 31/01/2026

Lo cotidiano 142

De La Magdalena

Fernando Merodio

31/01/2026

El Roto  23.11.2025

Buena idea y así, entre otras cosas, evitaremos manipulaciones

La mercantil PSOE, tras sus largas vacaciones, 1939-1975, me vuelve a liberar, cambia de nombre mi calle y pone una placa en La Magdalena, todo ello pese a que, aclaro, la calle general Dávila no era para mí, marxista, nieto de peón comunista en la guerra, -ni para nadie con dos dedos de frente usada para pensar- una ofensa insuperable, ni La Magdalena es cofradía de la -fútil- semana santa santanderina, ni tampoco -ignaro lo dice un Juan Navarro, ¡de Valladolid!, en El País del pasado 24, un cabo, accidente geográfico, sino una península de la bahía ciudadana que envuelve la isla de Mouro y se une al nordeste del resto de la ciudad por un istmo burgués que acoge un viejo cuartel de la guardia civil y un club social, “el Tenis”, destilación de una casta, península que, como residencia de verano, fue regalada a Alfonso XIII con un palacio construido en ella entre 1909 y 1911, que costó 700.000 pesetas, 100.000 de la ya entonces “generosa” familia Botín y el resto pagado por suscripción popular, un regalo del que, por razones obvias, huyó aquel Alfonso tras el 14 abril 1934, de forma abrupta, factual, no jurídica, para que se usara, tras ello, la península/palacio como hospital de sangre de una ciudad -republicana en su voto- tomada -no liberada- en agosto de 1937 por el general Dávila, que dio nombre a la larga calle en que, tras haber vivido más de medio siglo con Rosa en ella, aún vivo ahora, nombre del general del que me liberan ahora -repito- la “heroica” mercantil PSOE -¿dónde estuvo en la toma y después?- junto a otros al cambiarlo por el de un nocivo “centro de datos Botín”: Altamira, siendo aún mayor el ridículo al saber que península y palacio fueron (re)comprados en 1977 a quien se le regalaron -¡Franco ha muerto!- por 150 millones pesetas de todos, que pagó -corrupto/hábil- el alcalde, Juan Hormaechea Cazón, lo que, pienso, exige cavilar, hilvanar, inferir algo más creativo, lógico que lo que -a 90 años de 1937- Sánchez el Malo, “liberal-progresista” muy corrupto, sus voraces rémoras y El País, Oughourlian, fondos del capital nos relatan/exigen, ridículos, para que no pensemos: quieren cambiar de nombre una calle y colocar una placa en una península, para, digo yo con El Roto en la viñeta de arriba, matar tres pájaros de un tiro: poner fin a su mentira, posibilitar que quienes, distraídos, desaparecieron  los 40 años de dictadura no puedan (de)mostrar que ello se debió, en efecto, a distracción, no a cobardía cómplice y, más importante evitar, con su actual heroísmo y espíritu de lucha -¡tanto les (pre)ocupa!- que haya un solo cadáver más en cualquier cuneta.

Memoria histórica

El Gobierno central incluye la península de la Magdalena de Santander como lugar de memoria y choca con el Consistorio y el Ejecutivo cántabro

El Ministerio de Memoria Democrática recuerda que allí hubo un campo de concentración entre críticas por “reabrir heridas” y “generar división”

Vista aérea del palacio de La Magdalena, en Santander (Cantabria), el 6 de abril de 2023.

Juan Navarro - Valladolid - 24 ene 2026

Presumo de conocer -reales- “comunistas”, militantes, guerrilleros clandestinos, casi “maquis” de aquel duro PCE, incluso marxistas que me regalaron -y aún lo hacen- su sincera amistad y una historia heroica de años -hasta 8 en algún caso- de prisión, torturas, enfermedad, sufrimiento, dramas familiares,… por, solo, dar la cara para la libertad del resto -aunque alguien no lo crea, hay casos, aún vivo alguno- y, sin duda, sería ejemplar, magnífico hacer florecer de nuevo su historia, debatirla a cara de perro, en público con los “heroicos” defensores actuales de “su memoria histórica”, penarlos con la vergüenza de desenmascarar a quienes durante 40 años vacaron, callaron, incluso, aplaudieron al “invicto” que hoy exhuman o, jóvenes entonces, rindieron pleitesía a quien con más edad, apparatchik con poder para repartir prebendas/cargos en su -nueva- mercantil/partido, ¡ay, la izquierda!, a sabiendas, acataban/difundían sus sucias mentiras, para generar el actual -muy alejado de la realidad- “relato” que -falso- los ha elevado donde están e, incluso, osan alardear de -útil- resistencia y se reivindican como -el hoy, muy deteriorado- modelo, ¿de qué? o, peor incluso, marcan, tratan de imponer, de hecho imponen el camino legislando incluso la “memoria”, que convierten en mentira histórica, evidencia del “instinto de sumisión”, que Hanna Arendt en “Sobre la violencia” identifica con “un ardiente deseo de obedecer, ser dominado”, tan potente, al menos, como el opuesto motor del mundo, el “deseo de poder”, un masoquismo -que dicen- cómodo desde el punto de vista político y es, nadie lo dude, más relevante, activo, peligroso que el sadismo que acumula el tirano, en sus diferentes niveles, para levantar los muros de su kafkiano castillo, apoyado -más que en él mismo y su pequeño poder- en la voluntaria, cobarde sumisión del resto que lo posibilita; Franco, el rechoncho generalito de voz aflautada e imagen de eunuco, al que atribuían, ignoro por qué, una cierta inteligencia, es buen ejemplo, como lo es nuestro sátrapa de opereta actual que ya se desmorona y al que, nadie dude, veremos irse -como el generalísimo- por el escurridero, sin necesitar que nadie empuje.

Consentir que incluso legislen la memoria, nuestra, como mentira histórica muy conveniente para quien legisla administrando el injusto poder de otros, evidencia el “instinto de sumisión” que, insisto, dice Hanna Arendt en “Sobre la violencia”, se expresa en “un ardiente deseo de obedecer y ser dominado”, un ansia que, al menos, es tan evidente como el otro motor del mundo, el “deseo de poder”, siendo, en todo caso, la de obedecer y ser dominado pulsión masoquista -que dicen- cómoda y, desde un punto de vista político, mucho más relevante y peligrosa que el ansia de poder; el tirano, para levantar su inhumano castillo, precisa tal ansia, pero aún más la voluntaria, perversa, cobarde sumisión del resto.

El Roto 16.07.2025

Hay que estar atento, por si no es el que nos conviene

Siempre me dijeron que la buenas memoria y letra eran patrimonio de hombres más bien tontos, añadiéndome que no era bueno estudiar/aprender de memoria -como se decía/hacía en la educación poco reflexiva de mi infancia- y pues, siempre, tuve una apreciable memoria selectiva, no oculté usarla y en las -pocas- cuestiones que, porque me conciernen, considero relevantes, procuro no olvidar, de hecho no olvido, pues sé que recordar lo serio no es malo y que lo que, atento, acaldo en mi mente puede significar algún riesgo para los que quieran mandarme, no dejándoles hacer de la memoria historia manipulada, o sea mentira encorsetada en ley boba, de ellos, ya que mi memoria es mía y, con Quevedo, tengo claro que “Soy un fue, y un seré, y un es cansado”, inalterable ante cualquier ley represiva ajena que, decía Gabriel Albiac, es siempre intento de “ajustar la memoria del esclavo a la ley del amo”, pues la ley actual, al contrario de las revolucionarias del siglo XVIII, convierten el Derecho en barullo (i)legal contra el ciudadano y, según Alain Badiou a partir de Max Weber, convierten el Estado ”en dominio del hombre sobre el hombre, basado en violencia que dicen legítima”, exacto, actual; a las varias formas sociopolíticas de dominación del hombre por el hombre existentes desde la antigüedad griega -monarquía, de uno, aristocracia, de unos pocos, oligarquía, de los que se dicen mejores, democracia , ¡uf!,…- hay que añadir hoy la que Hanna Arendt define como la  última, más formidable, quizás peor forma de dominación, la burocracia, el “dominio desde un complejo sistema de oficinas en que no cabe hacer responsables a los hombres, ni a uno, ni a pocos, ni a muchos, ni a los -supuestos- mejores y podría ser visto como el dominio de Nadie”, donde -no ese Nadie- nadie responde de nada, bajo el control del poder real, el del dinero de pocos inmensamente ricos, ladrones de la fuerza del trabajo ajeno, que usan para dominarnos los injustos aparatos de mercantiles/partidos, caverna en que, cobardes, medran los más crueles e inútiles de los burócratas, siervos, esclavos de Nadie.

Coda sobre la memoria, propia.- La memoria, ni democrática, ni fascista, toda, es inconveniencia cotidiana propia de cada uno y no hay que consentir que nadie la violente pues dice Marx, sabio seguidor de Hegel, como debiera hacerlo la -hoy inexistente- izquierda que violentar es -siempre- agente ajeno a la Historia y las conjuras violentas son, menos que inútiles, perjudiciales, siendo las contradicciones sociales, dialécticamente tratadas, las que, usadas por nosotros, provocan el fin de las sociedades injustas. No debemos olvidar que, como escribió Tony Judt, “Algo va mal” y, oprimidos por sinvergüenzas corruptos, lo canta muy bien Bruce Springsteen, hemos nacido para correr -incluso a los 80 años- contra las Minneapolis de nuestras, aquí también, diversas, excesivas, represivas policías y “progresistas leyes mordaza”.

Son, nadie lo dude, nuestras calles, líneas de ferrocarril, autovías, montañas,…

domingo, 17 de julio de 2022

228 Los domingos, cavilar Un nuevo contrato social Fernando Merodio 17/07/2022

228 Los domingos, cavilar

Un nuevo contrato social

Fernando Merodio

17/07/2022

 “Los problemas económicos no son pasajeros. Las cosas pueden ir mucho peor. Nos enfrentamos a problemas muy serios (…)” (Jamie Dimon. Presidente y consejero delegado de JPMorgan Chase y, según él, patriota USA).

“Hoy impulsamos un movimiento ciudadano en el que el protagonismo es vuestro, sois vosotros los que vais a sumar. Esto no va de partidos, no va de siglas, va de pensar un país mejor, (…) un nuevo contrato social” (Yolanda Díaz. Presentación de “Sumar” en el C.C. Matadero)

Al tiempo que Jamie Dimon, gran capital, elegante banquero, usa como mejor arma en su beneficio asustar a medrosos con atroces anuncios de un futuro terrible… para los de siempre, la fallida pretendiente de estilosa -¿envidiosa, quizás?- vicepresidenta segunda de la “mercantil-progresista” nos incita a que, sin intervenir partidos -ni el marxista del que, según alardea, forma parte-, tras cavilar -¿solos?-, demos forma -¿quiénes?- al borrador del nuevo contrato social que consideremos mejor -¿de lo mío qué?- que el actual y se lo traslademos a ella, que sin abandonar un momento su inane mantra de mayores impuestos a los muy ricos sin siquiera plantear -en su ignoto programa- un mínimo análisis para combatir las causas de la abusiva riqueza, mientras, caritativa, reparte migajas de unos pocos euros entre sus descamisados, absorta, además, en la hipnótica tarea de demoler lo único que -algo- nos protege, el contrato social de 1978, de la transición, y muy a pesar de su (in)suficiencia ignara, unirse -con las ideas que elabore nuestro personal egoísmo- a la élite de Hammurabi, Solón, Justiniano, Alfonso X, sus Siete Partidas, los levellers británicos, los revolucionarios francesas, su Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano,… y, cual Yavé en el Sinaí, grabar en piedra nuestro liberador, sedicioso contrato, imponiéndolo -a su modo- de la forma ya experimentada con la -útil- covid19 para así, junto a otros cada día más firmemente aherrojados por el óxido a idílicos cargos, ajenos a la -para ellos nada clara- cada día más dura realidad, seguir viviendo, mientras dure, del -viejo- Estado; eso es lo que me deja la ocurrencia de parte de la caterva que ha pasado de “poder” a, apocada, ahora rebajarlo y ofrecer “sumar”.

EL ROTO 02/11/2021

Rousseau, su contrato social, influyó en las serias ideas de la revolución francesa, también en las de Marx, y Fernando de los Ríos, su traductor, le atribuye el valor de que “al plantear los problemas de la vida civil lo hace sobre tales bases que siempre habrán de necesitar ser, o confirmadas o contradichas (…)”, pues se enfrenta a las lesivas, estructurales, hondas desigualdades que -entonces- generaba el liberalismo, precapitalismo de hace casi 3 siglos, sosteniendo que la mejor defensa para el individuo frente a la injusticia era dotarse  de una “forma de asociación que defienda y proteja de toda fuerzo común a la persona y los bienes de cada cual, que (…) uniéndose a todos no obedezca sino a sí mismo y quede tan libre como antes”, solución para el individuo que, según Rousseau, está en el contrato social, teniendo también claro el jacobino suizo, más quizás incluso que lo anterior, que “(…) una vez violado el pacto social cada cual vuelve a la posición de sus primitivos derechos y a recobrar su libertad  natural (…)”, idea que, en el primer párrafo de “El contrato social o principios del derecho político”, le hace “vincular lo que el derecho permite con lo que prescribe el interés, a fin de que la justicia y la utilidad no tengan por qué verse separadas”; opuesto a negociar -de negocio- los pactos continuos, sea con quien sea, que, cobardes, ahora plantean mercantiles partidos, especialmente ofensivo en el caso de los frívolos que, creyéndose omnipotentes, afirmaban “poder” y ahora, repito, para sobrevivir -ellos- se conforman con un “sumar” opuesto a lo que proponía Rousseau en, ¡respeto, por favor, Yolanda!, su “contrato social“, teniendo, como Tomás de Aquino, Juan de Mariana, Juan de Salisbury,… o Robespierre claro que, sobre lo alimenticio, está que “cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es para el pueblo el más sagrado e indispensable de los deberes” e, incluso, el tiranicidio o la guillotina, ¡¡uff!!, pueden ser probado instrumento útil para los oprimidos.

EL ROTO 21/04/2021

Lo dicen Rousseau y otros, la única conclusión lógica es que, aunque sea fatigoso, dé pereza, incluso miedo, roto el contrato social -hasta el punto de imposibilitar el futuro humano en la Tierra- desaparecen los frenos que atan a la -gran- mayoría a sus normas, regresan las primitivas libertades, nuestros naturales derechos, volvemos al territorio en que antaño vivía ese hombre que, cada día más cercana, escucha la llamada de la naturaleza a la raza fiera que con precisa belleza describió Jack London; es ese uno de los argumentos para hacer que el búnker del 1% que, peligroso, incumple el pacto, cuyo agrietado muro protector retacan, “progresistas”, el jefe de planta Sánchez y sus empleados, junto a la “suma” de Yolanda, Belarra y Garzón, el pobre Rufián,… no pueda ser eterna coartada que justifique los cómodos abusos in crescendo del poder espurio sobre el hombre, porque el contrato social nunca se suscribe para ser usado, siempre, contra el individuo; hay que hacer, ¡ya!, algo.

Insisto, una mínima parte de los casi 8.000 millones que somos, menos del 1%, está destruyendo -¿lo ha hecho ya?-, con la complicidad al menos pasiva del resto, la posibilidad futura de vida humana en la Tierra y, para afrontar con eficacia y algún viso de éxito el intento de parar tan grave crisis cierta -como siempre crucial para los más débiles- generada por el grave incumplimiento contractual de esa mínima minoría, tenemos, además, el muy grave problema de que, para controlar el cumplimiento estricto de la obligación pactada que socialmente nos debiera unir, exigible a todos y en especial a quienes detentan las variadas formas del -injusto- poder, además de estar obligados vigilar -y frenar- el permanente egoísmo del capital, explica Ignacio Ramonet que en la estructura de tales formas, hoy la de los media, que controlan la información, ya no es la del viejo cuarto poder, contrapoder frente a los tres políticos a los que -se decía- vigilaba y, para el capital, poder económico, sin duda el primero, es un firme apoyo, siendo que, además, hoy -casi- nada, verdadero o falso, tiene relevancia en el mundo si -algunos de- los media no lo certifican, tal es su siniestro, discordante, incontrolado poder, asentado en la aniquilación de dos viejas, útiles y queridas armas del pueblo, instrumento de muchas de sus más serias conquistas, la multicopista y el megáfono, debiendo, además, ser conscientes de -y adoptar medidas contra- que el poder de esos media, cada día más serviles con el capital, nace de una descarnada apropiación indebida, del robo de los esenciales derechos de información y comunicación, de todos y saber valorar -no menos relevante- el humano hecho evidente de que pensar, formar y tener criterio propio y, más aún, defenderlo y difundirlo, además de ser fatigoso, genera, si tal criterio se opone al de quien manda, un muy peligroso riesgo personal.

El cimbreante “jefe de planta” degradó aún más en su podre “debate sobre el estado de la nación” el torpe contrato social “sumado” de Yolanda y entre aplausos de sus más ciegos, fieles y pequeños parásitos, inculto, intenta reescribir la historia a su modo, con una lectura tan mísera y poco útil -al menos para los “miserables”- como la de ella, tan poco práctica que incluso Josep Piqué, derecha pilla, inteligente, alegando inseguridad jurídica y desconfianza, se opone a los puntuales y poco eficaces -para la mayoría- medidas transitorias de tributación extraordinaria que parchean el sistema y defiende, por contra, propuestas de “reforma estructural” que, entiendo y aunque sus ideas sean contrarias a las mías, abre paso al debate de un contrato social que no sea mero apoyo a la situación de incuria, responda a los graves retos y plantee, frente al actual sistema económico, otro que, más justo e igualitario, encare los retos reales de una sociedad que, digan lo que digan, bien instalados, Yolanda y los suyos, está cayendo por un grasiento talud hacia el precipicio o, si lo prefieren, tiene el giro rápido a que aboca la “vis atractiva” del sumidero, haciendo muy urgente entregar el timón de la nave, para que dé un golpe de dirección, a quien, ayudado por el resto, sea capaz, que los hay, de hacerlo y aclare ya puntos tan oscuros como el de “la valla de Melilla”.