Lo cotidiano.155
De “estar sobre ellu” o, si lo prefieren, “sisu”
Fernando Merodio
02/05/2026
Individuo humano, Paul Valéry
sabía que el pensamiento tiene “músculo”, es elástico e, igual que para lo
físico, la disciplina es base, raíz de la “cosa mentale” por lo que, en
1894, con apenas 23 años, dejaba -un tiempo- la poesía y, estricto, se
levantaba a las 4 cada mañana para, “entre la lámpara y el sol”,
reflexionar en aparente caos, escribir tres, cuatro horas, “mostrar en
acción, y a la vez, los órdenes diversos que componen la complejidad del
hombre”, hasta 1945, su muerte, en que legó el fruto, 261 Cahiers o Cuadernos,
26.000 páginas, notas de apariencia anárquica en las que impugnaba, criticaba,
proponía, exhibía obsesiva voluntad de fortalecer -en su caso- el saber, “tentativa” que nacía, dijo, “cuando vi que
no lo habíamos intentado aún”,
iniciando a tal fin la lógica búsqueda de respuesta a la pregunta “¿Qué
puede un hombre?”, a partir de una seria declaración: “Aquí no pretendo agradar
a nadie”, cuestión y declaración a las que, en 1941, respondía con una imprevista,
sugerente reflexión, “El orgasmo gime: ¡Toma, toma! ¡Me entrego, me libero,
huyo de mí! Que se haga tu voluntad, Eros mío... Soy lo que siento y muero. Lo
más intenso pide la muerte, o al menos una imitación. El amor te dice: ¡Ah,
ven, que te voy a destruir!”, fijando, ya escrito en 1899, que ”la
amistad, el amor, es poder ser débiles juntos”, por lo que olvidarlo, no
pensar en ello, no actuar a su tenor, convierte al individuo en feraz fábrica
de neurosis, matraz de represión, en especial religiosa.
Se trata de no rendirse y estar sobre “ellu”, en finlandés “Sisu”
He visto “Sisu”, film sobre hechos de 1944, al
tiempo de morir Valéry que, más similar a él de lo que parece, narra el final de
la necia II guerra mundial -que hoy podría ser el de “este” capitalismo nuestro-
siguiendo a un exangüe, vil -no pienso que más hubiera sido posible- grupo de infantería,
carros y medios aéreos nazis vagando por la tundra finlandesa y topar con,
solitario, Jorma Tommila que, tras haber perdido familia y casa, se cargó de
oro en tan insólito, deshabitado territorio, sin bosques pero húmedo, acaso
Laponia, hombre al que su heroica lucha trocó en individual comando de la
muerte, aniquilador de soviéticos, luego de nazis -hoy aquí lo hubiera sido del
egoísmo “nazional-progresista” y su
reata de inútiles en ruina social- consolidado en su público estatus de
aniquilador, raro cargo en que creció al no valorar la werhmacht en fuga cómo la supervivencia le había blindado pétreo,
queriendo, pese a ello, abusar de un viejo con la forma real, exacta, incluso
bella en que el film lo narra.
Nuestra actual, vil -suave
modo de calificarla- sociedad capitalista, con un linaje de proxenetas y -¿qué
otra cosa mejor?- puteros mandando, nadie dude que se agota y, frente a ella,
debemos intentar -al menos- poner en urgente marcha, irritando incluso, las -muchas-
complejas categorías de lo humano justo frente a los difíciles, artificiales,
perversos muros levantados para alterar, frenar, aturdir,… sabiendo que etéreo pero
básico -y no todo malo- está el que protege el negoci(ad)o religioso, siempre
adobado con reseca salazón de -abisal- miedo que -en este caso- dice Valéry, “envilece
lo divino, al abusar de la muerte, el infierno, el juicio, la cólera ‘divina’,
la eternidad y el desasosiego, sin admitir que el hombre está más cerca de lo
sagrado cuando se burla de todas esas inmundicias que cuando cree en ellas”,
pues “si el hombre no tuviera nada que esperar ni temer de Dios, no habría
Dios”, metáfora que “deifica el chantaje” pues, sensu contrario,
“si hubiese un Dios, solo habría él, y no mundo”, siendo aquí hoy que, en
una sociedad mandada por proxenetas -y puteros- “progresistas”, es preciso, higiénico aunque difícil, alguien como Tommila.
El
Roto
Así de repulsivos son y, ¡sorpréndanse!,
así venden su -deteriorada- mercancía
Moleste a quien moleste, y
molestará mucho a muchos, es obligado luchar contra el insano exorcismo de -pretensión
de alterar- nuestras mejores capacidades y crecer en el sólido saber humano, firme
certeza de que cada uno “tiene el dios de su estructura”, exclusiva,
propia y que cualquier intención de nombrarla o adjetivarla no suma, pues sería
fe, creencia, sugerencia de generosidad boba, caridad apoyada en engaño que suple
actos o hechos por palabras, todo ello definido, cierto, en el furtivo anónimo de
inicios del siglo XVIII, “Tratado de los tres impostores, Moisés, Jesús
Cristo y Mahoma o la vida y el espíritu del señor Baruch de Spinoza”,
semen de religión o, ya lo he dicho, miedo que invita a boba esperanza, a obedecer
-sin razón- la libre alteración ilógica de una probabilidad justa que, mutada
por su relación con juicios, pasiones y egoístas opiniones humanas o degradada
por honores y copiosos réditos de casta, gesta, “la ambición y avaricia de
personas astutas, que se aprovecharon de la estupidez y debilidad de pueblos
que, insensibles, adoptaron el dulce hábito de asentir a la mentira y odiar a
la verdad”, cerrándose tan perverso círculo sistémico cuando, “fijada la
mentira y con los ambiciosos atraídos por las ventajas de estar por encima de
sus semejantes, intenten darse una reputación fingiendo ser amigos de dioses
invisibles que el vulgo temía”,
tan cruel, sucio, eficaz, seguro, firme, cierto -incluso- para el menos atento,
que es vital combatirlo.
Esto y cosas peores, en territorio robado, al
capital no le importa, ¿entienden?
El enemigo es una superestructura
ideológica (in)cómoda, grabada en la infancia, para limitar las posibilidades
humanas, útil -en el peor sentido del término- en cada tiempo y evento para el
deseo de quien manda, de modo que lo -por interés- impuesto con los más burdos,
arbitrarios modos sólidamente se impone en la práctica cotidiana, evitando
responder la seria pregunta de Valéry: “¿Qué puede un hombre?”, a la
que, por otro cauce intelectual, acude José Luis Pardo en el libro Esto no
es música. Introducción al malestar de la cultura de masas en que, valorando
la híbrida mezcla de persona(je)s que es la portada del vinilo Sgt. Peppers
Lonely Hearts Club Band, de The
Beatles, identificable como “banda sonora del estado de bienestar”, es
forma de esfuerzo individual, ilusión de éxito en el pacto por lo común o
público que busca igualdad en un entorno de intereses personales, intento de (re)generar
“la sensación de una posible igualdad social en que los esfuerzos se
compensarían gracias a la maquinaria del estado social haría equivaler tal
esfuerzo a la recompensa”; ficción en que creyó la -ilusa- clase obrera, hoy
funestamente abocada al descendente túnel negro del “estado de malestar”,
fraude basado en laxos números falsos y la insalvable distancia entre lo
personal/ético y lo social/político, que exige fijarse en el firme ejemplo de
Valéry, el unipersonal comando finlandés y su grito ¡sisu! o en la seriedad del paisano de Fuente las Varas para, en
lucha contra el creciente caos, pensar y, tras ello, librados del estéril lastre
de esperanzas, creencias, pamemas, “estar
sobre ellu”, viejo “palabro” que
los “nezios” creen -¡uf, la fe!- otro idioma.
El
Roto
Más de lo mismo -de arriba- pero no le
hagamos caso: ¡Estemos sobre ellu/Sisu!
Coda sobre “¡sisu!” y “estar sobre ellu”, con Valéry al fondo.- Fuente las Varas es un
bello puerto de montaña, municipio de Solórzano, en que el dinero, dañino
capital sin alma, implantó una subestación, SET,
en el nocivo trayecto de la cancerígena línea de alta tensión, LAT, a 400 kV Soto de Ribera-Penagos-Güeñes-Itxaso, a la que, durante años
-como hoy hace jurídica y socialmente a poder y política una mínima Plataforma - derrotó ACAAT, vinculada -aún quedaban restos- al PCE, mientras un paisano, activo, viejo, prieto y pequeño miembro
repetía la frase: ¡hay que estar sobre
‘ellu’!, como él lo estuvo con(tra) las varillas roscadas que, fijas a
Tierra mediante hormigón armado, con recias tuercas, ataban al territorio la torva
sombra metálica de criminales torres, grito contra el capital, similar al ¡¡sisu!! finlandés contra soviéticos y
nazis, éste contra nazional-progresistas sabiendo
que la lucha contra el peor poder no exige -no es posible- ser el más fuerte,
sino no rendirse y, además en la -desigual- guerra, saberse inmortal, querer/hacer lo preciso para negarse a morir en el cruel
ocaso del control tecnológico que sobre el racional sistema “ilustrado impone el peor capital”,
luchando audaz/lógico -más que simbólico- contra ese capital -dinero acumulado
explotando plusvalía de la fuerza de trabajo de cada individuo- que, arrasando
la razón ilustrada, el pasado siglo dejara, ¡en Europa!, 70 millones de cadáveres
y el irracional grito gremial ¡Deutschland
über alls! u -hoy peor- ¡América
first!, con solo codicioso apoyo en los catetos, dañinos restos nazis de
franquistas, pujolescos, sabinianos, incluso revillescos, formas grandes o mínimas,
todas siempre dañinas, egoísmo de diversas prioridades
nacionales que -sepultureras de Marx- excitan el reprimido “progresismo” de proxenetas puteros con las
peores lacras -religiosas- enemigas del sano sexo y la racional, ilustrada idea
de que -solo- el género humano -todo- es la Internacional.





















