sábado, 2 de mayo de 2026

Lo cotidiano.155 De “estar sobre ellu” o, si lo prefieren, “sisu” Fernando Merodio 02/05/2026

Lo cotidiano.155

De “estar sobre ellu” o, si lo prefieren, “sisu

Fernando Merodio

02/05/2026

Individuo humano, Paul Valéry sabía que el pensamiento tiene “músculo”, es elástico e, igual que para lo físico, la disciplina es base, raíz de la “cosa mentale” por lo que, en 1894, con apenas 23 años, dejaba -un tiempo- la poesía y, estricto, se levantaba a las 4 cada mañana para, “entre la lámpara y el sol”, reflexionar en aparente caos, escribir tres, cuatro horas, “mostrar en acción, y a la vez, los órdenes diversos que componen la complejidad del hombre”, hasta 1945, su muerte, en que legó el fruto, 261 Cahiers o Cuadernos, 26.000 páginas, notas de apariencia anárquica en las que impugnaba, criticaba, proponía, exhibía obsesiva voluntad de fortalecer -en su caso- el saber, “tentativa” que nacía, dijo, cuando vi que no lo habíamos intentado aún, iniciando a tal fin la lógica búsqueda de respuesta a la pregunta “¿Qué puede un hombre?”, a partir de una seria declaración: “Aquí no pretendo agradar a nadie”, cuestión y declaración a las que, en 1941, respondía con una imprevista, sugerente reflexión, “El orgasmo gime: ¡Toma, toma! ¡Me entrego, me libero, huyo de mí! Que se haga tu voluntad, Eros mío... Soy lo que siento y muero. Lo más intenso pide la muerte, o al menos una imitación. El amor te dice: ¡Ah, ven, que te voy a destruir!”, fijando, ya escrito en 1899, que ”la amistad, el amor, es poder ser débiles juntos”, por lo que olvidarlo, no pensar en ello, no actuar a su tenor, convierte al individuo en feraz fábrica de neurosis, matraz de represión, en especial religiosa.

Se trata de no rendirse y estar sobre “ellu”, en finlandés “Sisu

He visto “Sisu”, film sobre hechos de 1944, al tiempo de morir Valéry que, más similar a él de lo que parece, narra el final de la necia II guerra mundial -que hoy podría ser el de “este” capitalismo nuestro- siguiendo a un exangüe, vil -no pienso que más hubiera sido posible- grupo de infantería, carros y medios aéreos nazis vagando por la tundra finlandesa y topar con, solitario, Jorma Tommila que, tras haber perdido familia y casa, se cargó de oro en tan insólito, deshabitado territorio, sin bosques pero húmedo, acaso Laponia, hombre al que su heroica lucha trocó en individual comando de la muerte, aniquilador de soviéticos, luego de nazis -hoy aquí lo hubiera sido del egoísmo “nazional-progresista” y su reata de inútiles en ruina social- consolidado en su público estatus de aniquilador, raro cargo en que creció al no valorar la werhmacht en fuga cómo la supervivencia le había blindado pétreo, queriendo, pese a ello, abusar de un viejo con la forma real, exacta, incluso bella en que el film lo narra.

Nuestra actual, vil -suave modo de calificarla- sociedad capitalista, con un linaje de proxenetas y -¿qué otra cosa mejor?- puteros mandando, nadie dude que se agota y, frente a ella, debemos intentar -al menos- poner en urgente marcha, irritando incluso, las -muchas- complejas categorías de lo humano justo frente a los difíciles, artificiales, perversos muros levantados para alterar, frenar, aturdir,… sabiendo que etéreo pero básico -y no todo malo- está el que protege el negoci(ad)o religioso, siempre adobado con reseca salazón de -abisal- miedo que -en este caso- dice Valéry, “envilece lo divino, al abusar de la muerte, el infierno, el juicio, la cólera ‘divina’, la eternidad y el desasosiego, sin admitir que el hombre está más cerca de lo sagrado cuando se burla de todas esas inmundicias que cuando cree en ellas”, pues “si el hombre no tuviera nada que esperar ni temer de Dios, no habría Dios”, metáfora que “deifica el chantaje” pues, sensu contrario, “si hubiese un Dios, solo habría él, y no mundo”, siendo aquí hoy que, en una sociedad mandada por proxenetas -y puteros- “progresistas”, es preciso, higiénico aunque difícil, alguien como Tommila.

El Roto

Así de repulsivos son y, ¡sorpréndanse!, así venden su -deteriorada- mercancía

Moleste a quien moleste, y molestará mucho a muchos, es obligado luchar contra el insano exorcismo de -pretensión de alterar- nuestras mejores capacidades y crecer en el sólido saber humano, firme certeza de que cada uno “tiene el dios de su estructura”, exclusiva, propia y que cualquier intención de nombrarla o adjetivarla no suma, pues sería fe, creencia, sugerencia de generosidad boba, caridad apoyada en engaño que suple actos o hechos por palabras, todo ello definido, cierto, en el furtivo anónimo de inicios del siglo XVIII, “Tratado de los tres impostores, Moisés, Jesús Cristo y Mahoma o la vida y el espíritu del señor Baruch de Spinoza”, semen de religión o, ya lo he dicho, miedo que invita a boba esperanza, a obedecer -sin razón- la libre alteración ilógica de una probabilidad justa que, mutada por su relación con juicios, pasiones y egoístas opiniones humanas o degradada por honores y copiosos réditos de casta, gesta, “la ambición y avaricia de personas astutas, que se aprovecharon de la estupidez y debilidad de pueblos que, insensibles, adoptaron el dulce hábito de asentir a la mentira y odiar a la verdad”, cerrándose tan perverso círculo sistémico cuando, “fijada la mentira y con los ambiciosos atraídos por las ventajas de estar por encima de sus semejantes, intenten darse una reputación fingiendo ser amigos de dioses invisibles que el vulgo temía, tan cruel, sucio, eficaz, seguro, firme, cierto -incluso- para el menos atento, que es vital combatirlo.

Esto y cosas peores, en territorio robado, al capital no le importa, ¿entienden?

El enemigo es una superestructura ideológica (in)cómoda, grabada en la infancia, para limitar las posibilidades humanas, útil -en el peor sentido del término- en cada tiempo y evento para el deseo de quien manda, de modo que lo -por interés- impuesto con los más burdos, arbitrarios modos sólidamente se impone en la práctica cotidiana, evitando responder la seria pregunta de Valéry: “¿Qué puede un hombre?”, a la que, por otro cauce intelectual, acude José Luis Pardo en el libro Esto no es música. Introducción al malestar de la cultura de masas en que, valorando la híbrida mezcla de persona(je)s que es la portada del vinilo Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band, de The Beatles, identificable como “banda sonora del estado de bienestar”, es forma de esfuerzo individual, ilusión de éxito en el pacto por lo común o público que busca igualdad en un entorno de intereses personales, intento de (re)generar “la sensación de una posible igualdad social en que los esfuerzos se compensarían gracias a la maquinaria del estado social haría equivaler tal esfuerzo a la recompensa”; ficción en que creyó la -ilusa- clase obrera, hoy funestamente abocada al descendente túnel negro del “estado de malestar”, fraude basado en laxos números falsos y la insalvable distancia entre lo personal/ético y lo social/político, que exige fijarse en el firme ejemplo de Valéry, el unipersonal comando finlandés y su grito ¡sisu! o en la seriedad del paisano de Fuente las Varas para, en lucha contra el creciente caos, pensar y, tras ello, librados del estéril lastre de esperanzas, creencias, pamemas, “estar sobre ellu”, viejo “palabro” que los “nezios” creen -¡uf, la fe!- otro idioma.

El Roto

Más de lo mismo -de arriba- pero no le hagamos caso: ¡Estemos sobre ellu/Sisu!

Coda sobre “¡sisu!” y “estar sobre ellu”, con Valéry al fondo.- Fuente las Varas es un bello puerto de montaña, municipio de Solórzano, en que el dinero, dañino capital sin alma, implantó una subestación, SET, en el nocivo trayecto de la cancerígena línea de alta tensión, LAT, a 400 kV Soto de Ribera-Penagos-Güeñes-Itxaso, a la que, durante años -como hoy hace jurídica y socialmente a poder y política una mínima Plataforma - derrotó ACAAT, vinculada -aún quedaban restos- al PCE, mientras un paisano, activo, viejo, prieto y pequeño miembro repetía la frase: ¡hay que estar sobre ‘ellu’!, como él lo estuvo con(tra) las varillas roscadas que, fijas a Tierra mediante hormigón armado, con recias tuercas, ataban al territorio la torva sombra metálica de criminales torres, grito contra el capital, similar al ¡¡sisu!! finlandés contra soviéticos y nazis, éste contra nazional-progresistas sabiendo que la lucha contra el peor poder no exige -no es posible- ser el más fuerte, sino no rendirse y, además en la -desigual- guerra, saberse inmortal, querer/hacer lo preciso para negarse a morir en el cruel ocaso del control tecnológico que sobre el racional sistema “ilustrado impone el peor capital”, luchando audaz/lógico -más que simbólico- contra ese capital -dinero acumulado explotando plusvalía de la fuerza de trabajo de cada individuo- que, arrasando la razón ilustrada, el pasado siglo dejara, ¡en Europa!, 70 millones de cadáveres y el irracional grito gremial ¡Deutschland über alls! u -hoy peor- ¡América first!, con solo codicioso apoyo en los catetos, dañinos restos nazis de franquistas, pujolescos, sabinianos, incluso revillescos, formas grandes o mínimas, todas siempre dañinas, egoísmo de diversas prioridades nacionales que -sepultureras de Marx- excitan el reprimido “progresismo” de proxenetas puteros con las peores lacras -religiosas- enemigas del sano sexo y la racional, ilustrada idea de que -solo- el género humano -todo- es la Internacional.

sábado, 25 de abril de 2026

Lo cotidiano 154 De Fidel, La Habana y un “filósofo” Fernando Merodio 25/04/2026

Lo cotidiano 154

De Fidel, La Habana y un “filósofo”

Fernando Merodio

25/04/2026

Lo repito, Karl Marx inicia El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, recordando -no sé si cierto- que Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. olvidando agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa. Caussidière por Dantón, Luis Blanc por Robespierre, la Montaña de 1848 a 1851 por la Montaña de 1793 a 1795, el sobrino por el tío y, si ello es cierto, deberemos reconocer -apenarnos por- que, aquí, a partir del siglo XX, hemos tenido mala suerte, vivimos -casi- siempre- farsas.

Rolan, dijo Hegel, fértiles tragedias con áridas farsas y aquí no hemos sido afortunados

Insisto en que, quizá, se deba escribir solo por escribir, para uno mismo, intentando conocerse y, además, por si -acaso- a alguien interesara lo escrito, ser consciente de lo difícil que es explicar correcto para que esos -posibles- lectores lo entiendan y piensen, ¡uf!, un poco para algo, conviniendo explicar que, siendo la genética de unos claramente ganadera, viajera, la de otros es agrícola, aferrada al territorio y, ajena a lo que dicen viajar, partidaria, si acaso a lo sumo, de relacionarse, visitar sitios, pese a lo cual aman, con pasión intelectual, algunas ciudades de las que, superficial, saben algo de ellas y sus ciudadanos, su arquitectura, color, sabor, olor, como -por ejemplo, junto a alguna otra- la Madrid de aquel pequeño Franco subido a un taburete en la plaza de Oriente los pasados sesenta, heroica ciudad, última resistente frente al militar -por supuesto- tirano, cuyos vecinos, ajenos -sin más- a catalanes, vascos y más chatarra, le resistieron hasta el final, ciudad admirable, incluso después, preñada de la (in)cómoda política a que -sin gustar a veces- obligaba a sumarse, universitaria, furtiva, noctívaga, futbolera, de Bernabeu y Di Stéfano, sólida, fiable, dañada en sus bordes por la primera especulación, -muy- cara, llena de amor -¡ay!, madrileña Rosa- y paseos, parques, lecturas difíciles de atinar, películas mal vistas en sesión continua y carreras contra la entonces/siempre tenebrosa policía gris, generosa Madrid maestra de jóvenes vivos, boquiabiertos, provincianos a los que, con esfuerzo, enviaban sus padres con 16, 17, 18 años a ser universitarios

Pequeño -temido- Franco sobre el taburete

Grande y potente, la París revolucionaria, luz y sombras -como las del suburbial Suresnes en que, igual que a Isidoro/Felipe, la socialdemocracia -ya ruin- y la CIA nos planearon una PSOE  -aquellos polvos, estos lodos,…- ajena a la Revolución que ilustró -poco- al mundo con su preciso terror jacobino, la Bastilla, la limpia guillotina, incorruptible Robespierre, Marat, amigo del cambio brusco, rápido y su ideal debate con Sade, partidario de reflexionar tras el personal disfrute, o el barón Haussmann que, mandatado, sustituía, 1853-1870, sus medievales, adoquinadas callejas por amplias avenidas, mejorando higiene y tráfico, al tiempo que, tal era el fin, también el acoso -militar por supuesto- a latosos insurrectos, preocupando -en especial- tras la funesta “farsa” del sobrino del Napoleón real que en 1848 atentó contra la ilusionante “tragedia”, medio siglo previa, de ilustrados jóvenes racionales que se segaron -unos a otros- la cabeza, esa Paris que, orgullosa hoy, conserva su filosofía, mayo del 68, la Sorbona y Nanterre, Shakespeare & Co, Quasimodo y Notre Damme, la Grandeur de le Panteón, el Hospital de La Salpêtrière, Charcot y Freud, Victor Hugo y Place des Vosgues, Moulin Rouge, Louvre, Campo de Marte, Eiffel y su torre, Saint Germain des Prés, Montparnase y Sartre, cementerios con la historia del Père Lachaise, el Sena, más amor, los puentes,…

Un octogenario de hoy corrió la 1983 NYC Marathon -algo más lento- con Rod Dixon

Para puentes que unen, los de New York, emigración de acogida, Imperio, cine en blanco y negro, maratón lleno de aplausos, ciudad resumen del mundo de la que Brendan Behan, “alcohólico con problemas de escritura”, decía que, tras haber estado en ella, “cualquier persona que regrese a casa tendrá que encontrar forzosamente bastante oscuro su lugar de origen”, acogedora, dinámica, desmedida, dura, cuadriculada, fácil, de dentro a afuera, de sur a norte, a golpe de éxodo y pelea, de fatiga, abuso y mérito, para seres humanos, (in)humana, caros lugares conocidos, Tiffanny & Co y Fifth Avenue, Audrey Hepburn, la tristeza que narró Capote, sentir música en 125 St., Apolo, Harlem, comer grandes bocadillos de pastrami en Katz’s, el Lower East Side de emigrantes pobres, lugar del fingido orgasmo de Meg Ryan en When Harry Met Sally, o McSorley’s Old Ale House, en St. Marks Place, vieja cerveza, mesas corridas y hamburguesas, o Florent, comida no cara -a saber ahora- que quería ser francesa junto a, por ejemplo, Madonna, en el Meatpacking District del viejo puerto que intentó lavar a Kazan, esquirol, usando a Marlon Brando, On the Waterfront, La ley del silencio, o el respeto -sin legislar- a todo sexo en el Village o la cultura speakeasy en Chumley’s, o el rock de CGBG, o Tomatito y jazz en Blue Note y Village Vanguard, o ver ajedrez y baloncesto en Madison Sq, la calle, y Madison Sq. Garden, o el skyline gratis desde el ferry a Staten Island, o arte a granel, o marearse en los kilómetros de libros -“de viejo” o nuevos- en Strand o Barnes & Noble, o correr entre cientos de lenguas que buscan/encuentran millones de manos en su solidaria marathon, o vivir rodeado de injusticia, o ¡correr por Central Park!,… obras del hombre.

Hay que recuperar, sé cómo, La Habana

Para el octogenario corredor de fondo, dañado pero -aún- con arranque, lo de aquí ahora es triste, a lo sumo algún bello paisaje sin alma, aplastado por la política, sea cual sea, siempre al servicio del usurero que manda y, hoy, con el sumiso halago al proxeneta enviciado que, pudoroso, se sienta con las rodillas juntas de lado, en el estruendoso silencio de sus monaguillos de pago, acólitos locales que dicen poder, sumar o vete a saber qué, inanes candidatos -solo- a sueldo del dañino fallido, todos ellos creadores del amañado paisaje que no pasa el filtro de urbe como lugar para ver gente y hablar con ella, en que amigos que no me conocen bien piensan que queda, sobre todo, La Habana, nunca visitada, al saber que es otra cosa y obliga a que, tal como está esto, a ella no se va, o se hace para quedarse a, si se puede, quiere y sabe, arrimar el hombro y empujar como su gente, merece; la cuentan, bien, Cote, las habaneras, filmes como The Godfather o los envidiables ancianos del “Buenavista Social Club”, Sotomayor y Juantorena, muy distintos, haber leído visiones/versione diversas de Cernuda, Hemingway, Graham Green, María Zambrano, Lezama Lima, Carpentier, Reinaldo Arenas, Cabrera Infante, Severo Sarduy, Eliseo Alberto, Pedro Juan Gutiérrez y su “Trilogía sucia” o el “Inventario secretode Abilio Estévez, y el paisaje de La Habana que, tristes hoy, bajo el dolido esplendor antiguo de lo injusto, vemos viejo, sucio, con apariencia de vencido por el egoísmo sin razones ni Razón que, en “La balsa perpetua, juzga Iván de la Nuez, “ciudad posterior, tecnofascista, armada por la arquitectura lúgubre del poder y por sus maneras de construir el espacio. Un espacio hecho para que moren en él los monumentos, las estatuas y los ecos de los discursos, mas no los sujetos que han desaparecido bajo el peso inevitable de esas estructuras” o, más actual, “una suerte de Sarajevo futurista destruida no por las bombas, sino por el efecto demoledor de los discursos” y, siendo alguna responsabilidad, me incluyo, nuestra, pese a parecer hoy obligada la excusa, sin usarla me pongo del lado, claro está, de aquella Cuba y aquel Fidel, contra quienes pervierten la voz de la historia, pareciéndome ello acto de justicia -no confundir con lo de Pablo Iglesias- y datos objetivos -poco analfabetismo, alto nivel cultural, sanitario, deportivo,... ¿mal gestionado?, lo cotejo con el entorno y -pienso que- el problema es de cruel pobreza -solo falta de dinero-, soluble, mientras el nuestro, por contra, causa hambre a otros, es injusto, aceptado, estructural, neurótico y un análisis materialista de la historia del desafío de Cuba a quienes -siempre- tratan de imponer su interés, ¡idolatría al capital!, política/mesianismo, progreso/fascismo, cultura/barbarie, exige actuar enérgicos todos -en especial los cubanos- no solo discutir datos y voces, que al final no son nada, frenar al salvador/sucio dinero o lo que el capital dice progreso, pues para hacer frente a hechos tan serios, traumáticos es preciso que los que los han sufrido discutan coherentes sobre ello y aborden lo que dice Walter Benjamín en su Tesis XIII: “El sujeto de conocimiento histórico es la clase oprimida que lucha”, no el “holgazán malcriado en el jardín del saber”, ni menos quien oprime o, mínimo, va -no sé si es injusto llamarlo gusano- al dinero, pues no hay redención sin lucha fatigosa.

Andrés Rábago. OPS

¿Aprenderemos algún día algo?

Coda sobre los que -ahora- son como Santiago Alba Rico.- Para pensar en y hablar sobre -falta de- libertad en Cuba intento no olvidar lo caro que ha sido aquí -logro individual y social del que saben muy pocos- ganarla para perderla y lo fácil que es trocarla por la -volandera- urna de Sánchez el proxeneta Malo y papeletas que alguien imprime antes, solo sucio egoísmo, exabruptos y mentiras que exigen, “a veces, a uno escribir solamente para no volverse loco, bajo la terrible sospecha de si no será ya locura la misma escritura” y hacerlo como santo y seña propio, sin ser dirigido, aferrado a -entre otras cosas- redentora poesía y héroes reales que exigen “no más deberes sin derechos, ningún derecho sin deber” para impedir caer en el pozo negro a que invita Alba Rico, otrora marxista, filósofo, que el 22/04/2026 escribía trivial, sectario, vasallo sobre molinos/placas e, ignaro infame, sobre el Quijote en -¿dónde si no?- El País, para decirse, con remilgos de monja redicha -¿dónde vive?- afín al proxeneta vampiro político y más cosas que arrasa para salvarse él, a su mujer bachiller catedrática que -sin cobrar, dicen- reparte lo de todos, a puteros, amigos de correrías y trampas “políticas”, a secuaces de su mercantil/partido y a contorsionistas que le sostienen succionando lo nuestro, llegando a trocar tal “filósofo” a, perennes, Alonso Quijano y Sancho Panza en -no una pareja- parte de un -progresista- trío  en que, antítesis de Guzmán el Bueno, estaría, ¡cervantino él!, un sujeto de la pública calaña cierta de Sánchez el proxeneta Malo, por lo que al ser alguien a quien -errado- ayer yo creía marxista vinculado a Manuel Sacristán, al que ofende, como a -los que consideré próximos- Jacobo Muñoz o Paco Fernández Buey y otros, incluso aquí ahora, genera solo sartreana nausea, mezcla de repulsión y vértigo. 


Restos de -caos capitalista- el paralizado, ilegal P.E. El Escudo, victoria de Sancho Panza y Alonso Quijano, paralización que, seguro, irrita a Sánchez el Malo y, afín a él, Alba Rico

sábado, 18 de abril de 2026

Lo cotidiano 153 De un octogenario Fernando Merodio 18/04/2026

Lo cotidiano 153

De un octogenario

Fernando Merodio

18/04/2026

14 abril 1946, Carmen y José, sin que nadie les exigiera las “garantistas” normas que a él reclamarían para irse, si quisiera, ahora, decidieron que, de la tiniebla previa pasara al relámpago posbélico alguien pellejudo, largo, rojo, hecho en Rozadío, 70 vecinos, peñas abajo del Nansa, donde José fue “Jefe Técnico” de los Saltos -ayer urgentes, abusivos siempre- que transformaban la energía del río en electricidad y dinero, viniera en Santander, provincia de ídem, Cajo, Fuente de la Salud, entre Valdecilla, los arenales del Barrio Pesquero, Campogiro y La Albericia, en la tierra y casa de sus bisabuelos maternos Yaya y Yayo en que, con ellos, vivían sus abuelos, Agustina y, ferroviario, Fernando, donde por primera vez chilló -mucho- y pataleó para, vuelto a Rozadío, patalear, chillar más, crecer, pensar con doña Gloria y su padre hasta llegar aquí hoy sabiendo que nació a los 15 años exactos de que unos comicios municipales propiciaran, en 1931, proclamar la II república española, no confundir con la I francesa de 22 setiembre 1792, 1 vendimiario año I, ni olvidar, para fijar referencias, que aquel 14 abril fue domingo de ramos.

Rozadio, territorio entre el río, la presa que (im)puso el padre y la tubería de la central eléctrica

Hoy, en la señalada fecha, acercándose a la postrer tiniebla rodeado de dolorosos vacíos, es lógico acudir a Vladimir Nabokov, autor de -además de la difícil y turbia “Lolita”- el atípico relato autobiográfico “Speak, Memory: An Autobiography Revisited”, dosis de inteligencia que, vertida con tinta en papel, empieza con un lapidario aserto: “La cuna se balancea sobre un abismo y el sentido común nos dice que nuestra existencia no es más que una breve rendija de luz entre dos eternidades de tinieblas”, siendo, cuando se han dado ochenta giros con la Tierra alrededor del Sol, muy obvio, lo del balanceo, la cuna y el precipicio como lo del relámpago, al haber amalgamado, con apariencia diversa, la infantil felicidad de Rozadío, el permanente humo que envolvía al padre inquieto por el hijo, la adusta seriedad de la madre, el lloro por el terciopelo negro con chorreras del “traje de primera comunión”, el rancio olor a cura salesiano o escolapio que, al no soportarlo, expulsaron -ambos- al buen alumno mal colegial, la radio en que oía -entre estertores- las Copas de Europa, ir a Madrid, pueblo grande, el ansia de libertad, las trastiendas con libros, el comunismo, decir no a “caminos” o, al tiempo que, invisible, un amor discreto lo empezaba a llenar todo, los ratitos descifrando el -fácil- arcano de lo -poco- que exigían para (re)coger -“libre”- la ilógicamente barata licenciatura en Derecho, la”mili” en marina, la boda, aquellas -no estas- CC.OO, y el feliz -fácil con ella- agitado lio de escaseces, hijos, maratones, New York, derrotas, alguna alegría lograda con el garrote tras -cosa del fascio- colegiarse como abogado, el vació -hoy- de soledad y, sin casi enterarse,… octogenario.

El Roto 16.04.2026

Sensación/cementerio actual, ¿a qué se debe?, del octogenario

Todo cirujano lleva en su interior un pequeño cementerio al que acude a rezar de vez en cuando, un lugar lleno de amargura y pesar, en el que debe buscar explicación a sus fracasos”, sustituyo “cirujano” por yo mismo, “ser humano”, y agradezco a Rene Lench que lo escribiera para introducir “Ante todo no hagas daño”, frase de Hipócrates, 460 a.C., y título del libro de, neurocirujano, Henry Marsh, regalo del urólogo que, con vocacional saber y cirugía robótica Da Vinci, extirpó, hace 10 años, de la próstata del octogenario al mismo mal bicho que, en 1963, como los nazis y su sucio cotidiano trabajo en el lager de Auschwitz, se había llevado por delante, entre gritos de dolor, al abuelo Fernando y, al tiempo que médico y Da Vinci abatían al huésped del hoy viejo y lo sustituían por un síndrome compartimental, otro, ese metastásico, mataba a Jose, su hermano menor; es un cementerio que El Roto plasma en la viñeta de arriba como una ruina que, incluso sin el duro peso de ser octogenario, explica lo que hay y aconseja no dejar entrar al viejo que nos sitia y recordar Rozadío, al Madrid, el garrote legal justo, a Rosa,… para marcharse de aquí -no obligado- cuando se quiera.

https://youtu.be/w5OHhClF5wg?si=h_9p-Wltb7HArnge

Repito una vez más, no dejes entrar al viejo… y márchate cuando te dé la gana

En el inicio, al nacer, se inspira, mientras en el fin, al morir, se expira lo inspirado e, inspirando y expirando, se agota la corta, cortísima vida por la que -para que sea digna, merezca la pena- en general, se hace poco, siendo absurdo lo que muchos llaman vivir, dilapidando el poético, apretado efímero haz -“conjunto de partículas o rayos luminosos de un mismo origen”- de luz, ceñido por -distintas normas de- el poder que, con etéreos, forzosos modos (di)rigen hasta el “nasciturus”, concebido no nacido o, rizando el rizo, el “cogniturus”, ni siquiera concebido, que descubría el hoy anciano en su lejano -fugaz- lapso para “titularse” en Derecho, al tiempo que inspiraba para vitalizar el cuerpo en que le confinaron y expiraba para aflojar el obligado encierro, siendo nacer -para muchos- solo prolongar la muerte de su previo negro, eterno tramo prenatal de Nabokov, mientras que morir es nacer al también lóbrego lado postvital de la misma tiniebla…, siendo en medio donde, todos -y cada uno- tenemos nuestra oportunidad, la “breve rendija de luz” que, sin piedad, (de)muestra no haber otra opción que aceptar -capaces, humildes- próximo e ineludible el final, que hizo a Henry Marsh afirmar, tras diagnosticarse un tumor cerebral, que “prepararse para morir tiene mucho que ver con haber tenido una buena vida”, concepto indefinido que, para él, fue amar su dura profesión, igual que para el de la Ley/garrote lo fue amar la suya -propia-disfrutando aquél, además, al construir mesas de madera o éste al correr por correr… mientras pudo, fatigándose ambos en mejorar la “rendija”, intentando colaborar, lógicos y leales, a que la -poca- luz no sea lúgubre como las dos tinieblas, pues, dijo Nietzsche, la vida solo tiene sentido si se entiende como lapso para hacer efectiva la libertad del individuo humano, servil -casi siempre- a lo peor social, que le transforma en mero reflejo/esclavo de lo que domina con la forma de un -dicen- “sentido común” que para el noruego Kjell Askildsen es “duro de roer y ha destrozado muchas decisiones sensatas” en el corto lapso que, por estar “lleno de insensatez y confusión, la falta de libertad tiene profundas raíces y la esperanza de igualdad disminuye”, necesitando inquirirse: “¿cuándo llegará una nueva estirpe que entienda el significado de la palabra igualdad, una estirpe de jardineros e ingenieros forestales que talen los grandes árboles que dan sombra a todos los pequeños, y quiten los malos brotes del árbol de la ciencia”, metáfora de lo que, sin remilgos buenistas, debiera ser dedicación/espíritu de vida.

Henry Marsh detectó un tumor en su cerebro de 73 años, parecido ya a “una nuez reseca flotando en un mar de líquido cefalorraquídeo contenido dentro del cráneo”, grave como lo de la próstata del octogenario que, igual que aquél, fue fuerte y perdió el -poco- pudor para “asumir la fragilidad” que le acosaba al repartir/recibir golpes a diestro y siniestro en el raudo viaje por la breve rendija de luz a que -a los 15 años de “aquella república”, domingo de ramos- le trajeron, generándole, hoy, dudas de neurocirujano previas a una operación de final incierto que, pues el mal en el cerebro de Rosa no era operable, no se había planteado: ¿sabes si quería vivir dependiendo?, ¿la quisiste lo bastante para cuidarla cuando dependió?, respondiendo afortunado ambas tajante, afirmativo y, tras ello, en lo ineludible incontrolable con que solo se puede (con)vivir/morir decidió -utópicas ya las maratones- aumentar viejas fatigas de otras carreras de fondo cuya meta habían fijado, terapéuticos, Robespierre, Danton, Marat, Desmoulins,…, revolucionarios jóvenes ilustrados francesas, en la eterna búsqueda de la fraterna libertad igualitaria, para la que aquí ahora hay tarea.

El Roto 23.06.2024

Buena imagen, pero el precio es, incluso, mucho más caro

Coda sobre la -útil para unos pocos- Covid19.- Es este un mundo de dañinas ficciones como esa “pandemia” con 112,000 muertos en 2020-2022, un 0,23% de la población en 3 años, 0,08%/año, casi todos mayores de 70 que fueron útil disculpa para tapar, con dolor, bocas e imponernos, con ayuda de la -aún vigente- “progresista ley mordaza”, represivos -no Leyes- decretos y decir ”transición energética” a regalar al insano 1%, causa del caos climático, territorio de todos para, ilegales, polígonos eólicos, huyendo cobardes de un debate público con los -muy pocos- que, con solo el trueno de la razón en marcha, se oponen en tal lucha a vida o muerte, en la que Santiago Alba Rico y otros se han sumado a la poco sana “defensa del tinglado de los chelis de Galapagar y la PSOE de Sánchez el proxeneta Malo/Begoña & Co, tan real, todo ello pese a que, ayer, la historiadora, “Mujeres y poder, Mary Beard, feminista seria, vinculaba la duración de regímenes injustos/ilógicos -como el, peor de lo que parece, nuestro actual-, además de y por encima de la debida a la represión, la que genera la pasividad cobarde ajeno a la ejemplar lucha de, vecinos de nuestro sur -solo con el octogenario infiltrado- que vence, a la aleación de obscenos poderes peligrosos del oligopolio bancario/energético y el ”progresismo populista”; el viernes veía, melancólico y sólo, “El puente de los espías”, de Steven Spielberg, la “guerra fría”, Vilian Fisher/Rudolf Abel, espía soviético y su abogado USA, agradecí que al -hoy- octogenario Rosa, pese al miedo, siempre le entendiera/apoyara en su uso de la Ley como garrote contra los -de verdad- malos, pues sabía que, “No importa lo que los demás piensen. Tú sabes lo que has hecho”.

Nos ponen malas mordazas caras y nos usan como perros

sábado, 11 de abril de 2026

Lo cotidiano 152 De (des)informar y más que palabras Fernando Merodio 11/04/2026

Lo cotidiano 152

De (des)informar y más que palabras

Fernando Merodio

11/04/2026

En medio poco propicio, con altavoz mediático, durante el sorteo de la Champions 2019/20 Eric Cantona -dígase Cantoná, con acento-, jugador francés radicalmente incorrecto, sancionado pateador estilo kung fu de un ultra que le insultó desde la primera fila del público en un partido, pasados unos años, en el acto del Premio Presidente de la UEFA se veía que algo iba a pasar y pasó que el legendario jugador del Manchester United, gesto serio, barba hirsuta, gorra calada, camisa roja, gafas de leer al pecho, vaqueros y botas, sin protocolo explicó pausado: "Somos para los dioses lo mismo que las moscas para los niños. Nos matan por diversión. Pronto la ciencia no sólo será capaz de retrasar el envejecimiento de las células, las reparará, las dejará como nuevas y seremos eternos. Solo los accidentes, los crímenes, las guerras nos matarán, pero desafortunadamente crímenes y guerras se multiplicarán. Amo el fútbol. Gracias", todo ello en la simbólica y pasmada presencia de dos iconos actuales, Messi y Cristiano, tan buenos futbolistas como inverosímilmente ricos e insustancialmente humanos; en tiempos de aberrante (des)información pública, fue, según para quién, vivificador soplo de aire fresco o molesto jarro de agua fría y, sobre todo, muestra cierta de banal intranscendencia, corrupta trivialidad, propia de siervos asalariados de los medios de (in)comunicación, deportivos en este caso, que con su laxa ineptitud lastran el correcto ejercicio de nuestra libertad en el uso de dos esenciales, complementarios derechos de todos: a expresarnos y a informarnos, derechos que, para ser tales, exigen el pleno ejercicio simultáneo de ambos, pues el segundo -a ser informados- solo es real si el otro -a publicar hechos e ideas- es para todos, habiendo, pues, solo libertad -y no el limitado simulacro actual- si podemos todos dar y recibir información en situación de igualdad, sin otra exigencia que la veracidad pues, de no ser así, es gente auténtica como Cantona la que, aparte de lo de los goles y otras cosas del juego, nos tiene que explicar, por ejemplo,  cual es la esencia, la parte básica del deporte fútbol, los futbolistas, lo que, cotejado con lo innegable, cierto escrito por Manuel Castells en "Comunicación y poder, previo a ser laminado como pelele de Sánchez el proxeneta Malo, hoy empeñado en enfrentarnos, por cosas -solo- suyas a medio mundo, que, sea el macropoder del Estado o de los grupos de comunicación o el micropoder de todo tipo de organizaciones, se basa en el control de la comunicación y la información", viendo que -solamente- lo del francés son más que palabras; gracias Cantoná, acentuado en la última a.

No sólo es un bello, real discurso, pocos son los capaces de decirlo. Gracias Cantona

Oída la sobria denuncia/declaración de amor de Cantona, vista la inanidad y patente  incompetencia de los jornaleros siervos de los medios de (in)comunicación al indagar, diagnosticar y definir con precisión el caracter y funciones de elementos esenciales del deporte, en concreto el fútbol, como actividad personal y social, ejercicio reglado o juego, aquí ahora, falaz, próximo, El Delirio Montañes, alaba la libertad de lo que -dice- es sostén de -su- democracia, administrada y usada -solo- en su interés, defraudando al resto en el ámbito pasivo (recibir) y activo (transmitir información), limitando la apariencia de su disfrute a la tristeza formal del ínfimo logro de que -unos cuantos- lean lo que ellos escriben, siendo prístino ejemplo su ilegal, delictivo discurso sobre el abuso de la generación energética eólica concentrada y masiva que -solo- es dinero… para ellos, al tiempo que peligro cafre para la libertad del resto, lo que exige potenciar el “periodismo ciudadano” que, sin cobrar, informa y para el que el Relator especial para la libertad de expresión pedía, en su Informe al Consejo de Derechos Humanos de la ONU de junio 2012, especial protección, al “desempeñar un papel de creciente importancia: documentar y difundir acontecimientos en los que participan” en tiempo canalla,en un mundo tan sobrado de medios como (des)informado que, denuncia la inteligente novelista mexicana Valeria Luiselli, "atraviesa uno de sus momentos más oscuros, sin respuesta civil", lo que exige usar el arma que temen -más incluso que a la tibia coacción legal- los poderosos, lo que de ellos podamos saber y, peor incluso, que lo digamos, prueba cierta del valor propio del control de la comunicación, que Chaves Nogales identificó con razonar causas/efectos y contarlo “más fielmente incluso de lo que uno quisiera”, sabiendo además que cuando más perdida creamos la batalla por una información veraz más deberemos recordar que lo estamos haciendo en defensa de los derechos del hombre-ciudadano, logro revolucionario de la Razón y la Ilustración, por lo que controlar la -ahora- incontrolada ambición del capital exige vigilar, junto a otras muchas cosas, el ilegal abuso de la generación energética, centro de la lucha contra la destrucción de nuestra vida en el planeta, en la que -aquí ahora- el capital depredador, con ilógicas simpatías locales compradas a precio de saldo, es patético holograma de consorcios y logreros que -en teoría- prestan servicios básicos y son -solo- especular, incinerar madera, carbón petróleo, gas, acaldar -mal- uranio y, reciente, expoliar el valioso territorio propiedad en mano común de los vecinos, que, en 1917, anunciaba en “Imperialismo: la fase superior del capitalismo” Lenin, en el ara de infectas industrias que, ávidas, liban fuerza del trabajo humano explotando la propiedad de los medios de producción lo que, tras el financiero trueque del dinero en sucio capital, hace urgente -en toda forma de sociedad- que los absorbidos informen.

El Roto

¡Así de confusamente claro, en su beneficio, informan!

Lo ofusca, aún más, Walter Benjamin, del Instituto Social de Frankfurt, al decir en “Calle de dirección única” que ”la libertad de hablar se está perdiendo; antes, quienes mantenían una conversación se interesaban por su interlocutor, pero tal interés se ha sustituido por preguntas sobre el precio de los zapatos o los paraguas”, recalcando José L. Pardo que “(…) ilustrada a la perfección la política española por el permanente estado de negociación y desgobierno, la esfera pública está llena de vergonzosas disputas entre intereses particulares que obscenamente se oponen al interés público (…)”, indicación de que ha desaparecido la libertad de pensar y decir con ánimo de generar efectos sociales, dañada por quienes para mandar de modo espurio solo piensan en ellos, en situación en que la premura del caos climático exige urgencia, que frenan los -muchos en todas partes- que como los nazis tras la derrota, sin siquiera expresarlo, amenazan: “Podemos hundirnos, pero nos llevaremos por delante al mundo con nosotros”, si bien -para el resto- aún es fácil separar bien y mal frente a los que -similares, Trump o Sánchez el proxeneta Malo que medra con, indiciarios o más, delincuentes- tienen poder -sin pensar en el resto- para decidir, egoístas, lo -para ellos- ventajoso desde la habitual cobardía de su muy usada, esponjosa coartada de lo -solo por ellos- (pre)juzgado e impuesto a la encogida masa, a la que alejaron del serio nivel ético de la reflexión de Zweig en “Castello contra Calvino”, turbador libro, más incluso que el que narra el zigzagueo tenebroso de Fouché, en que analiza la porfía entre humanismo/libertad individual y fanatismo/violencia social injusta que impone el (ab)uso del poder, al que se opuso Castello -un mosquito ante Calvino- diciendo en su “De arte dubitandi” que “la posteridad no podrá creer que después de que se hubiera hecho la luz, hayamos vuelto a vivir en tan densa oscuridad”, siendo cierto ahora que la tiniebla, sin educación, se dilata -y dilatará-, pues el cambio revolucionario solo crece sobre una  instrucción pública accesible a todos, poder republicano que estudió Condorcet, pedagogo, presidente de la Asamblea francesa en 1791, enemigo del cómodo aprobado general que es asfixia

Portada de L’Aurore con el -ese sí- valiente “J’Accuse…!” de -solo, sin usar a nadie- Zola

Dijo Oscar Wilde, otro perseguido, inteligente y sólo, que “a ojos de cualquiera que haya leído historia, la desobediencia, es la virtud original de hombre”, cualidad que deben -deberían- tener esos -dicen- periodistas, que (ab)usan de un poder de todos, como -otro que arriesgó- Wilfred Burchett tuvo cuando, igual solo, en 1945 formuló una espléndida denuncia sobre Hiroshima, “La peste atómica”, que John Pilger no dudó en calificar profética: “Escribo esto como advertencia al mundo”, arguyendo Berger, siempre lógico en cosas serias, que es función del periodista hacer frente al poder, informar objetivo sobre lo inadmisible/absurdo, debiendo todos saber que no relatar lo real el periodista no es meditación serena, ni  silencio, sino olvido malicioso, miedo al poder que, dueño de la baraja, la mesa e incluso el casino, fija las reglas; es cobardía cómplice, derrota solo evitable con acción valiente, sabiendo que narrar en los medios lo serio ocurrido no exige estar en heroica primera fila de batalla, sino ser coherente si se tiene el privilegio de usar libertades ganadas por otros frente a, habituales, la injusticia, la vulgaridad, la manipulación, la ignorancia,… y, siendo cierto que el mundo puede ser sordo y ciego ante la evidencia, también lo es que relatos valientes -es paradigna, el “J’Accuse...!”, de Zola- generan en ocasiones el rápido efecto de que el ciudadano “saber subyugado” llegue a derrotar al egoísta “saber dominante”, cuyo control está en Orwell, en su “Rebelión en la granja”, en el prólogo nunca publicado en que explicaba que “las ideas molestas se pueden silenciar y los hechos que estorban se pueden mantener en la oscuridad, sin necesidad alguna de prohibición oficial”, intento de justificar el buenismo periodístico cómodo, sumiso y cobarde, que no informa ni narra, se limita a juntar -mal- amables palabras falsas, útiles para -sólo- el poder inmenso que manda en la información, parte esencial del “espectro total del poder”, desde el control de los medios, privándonos de, esencial derecho, la libertad de expresión/información, lógica arma pacífica, humana frente al arbitrario poder, cuyo abandono, dice Pilger, convierte al escribidor en “portavoz de los portavoves, repetidor de consignas, lo que -en estricto, peor sentido- los franceses denominan functionaires

Coloquial, aclaro que yo escribo porque sí, desde y para mí, porque me place y quiero, pues me es más útil y me fatigo mucho menos que intentando que si, algún día, alguien deseara leer lo escrito -y lo hiciera- reciba algo, como explicó Orhan Pamuk, turco contra corriente, al iniciar el discurso con que agradecía -pienso- el Premio Nobel de Literatura narrando que, dos años antes de morir, su padre le había entregado una pequeña maleta llena de notas manuscritas y cuadernos y, con su habitual aire escéptico y bromista, le había pedido que los leyera después que él se hubiera ido, estuviera muerto, disipando el novelista que tal maleta, al valor de ser de quien era añadía el de expresar la evidencia de alguien encerrado en una habitación, solitario, con la seria, amable y rica compañía de libros y ánimo de expresarse claro, ejercer su libertad y dejar constancia de qué pensaba acerca de ciertas cosas, sin más límites o temores que los que él se imponía, dando así justo valor escrito a parte de su vida, haciendo literatura, relevancia humana que crece si se admite que para hacerlo bien, sobre valía personal e inspiración, son necesarias sinceridad, empeño, valentía, paciencia…; escribir serio y publicarlo es, en parte, forma reflexiva y sincera de ajustar cuentas con uno mismo y el resto, memoria sin la que no existiría la actual pantomima de patrocinio político y exige narrar hechos, aspectos nuestros y del resto no olvidables ni, menos aún, perdonables, sabiendo que, dijo Mark Twain, quien escribe solamente “consigue su libertad de expresión sin límites al darse cuenta de que ningún extraño va a ver lo que está escribiendo”, por lo que “el producto más franco, más libre y privado de la mente y el corazón humano es una carta de amor”, escritura libre con destinatarios, forma y contenido muy diversos, siendo razonable no olvidar que, desde un deseable amor de género hacia el resto, sin incluso la lectura de, mortecinos, los periódicos, cuatro listos sin mérito ni escrúpulos roban la esencial libertad de ser informado e informar al resto, haciéndola irrelevante, convirtiéndola en nada, agravio colectivo no olvidable ni perdonable, exigentes de que, con libertad y amor al resto, escribir sobre ello hasta que los culpables, así lo pienso, rindan cuentas.

¡¡¡Qué asco!!!

Coda sobre Pasionaria y Robespierre.- La ignorancia que, junto a la suya propia y su servil maldad, generan la (des)información y -ahora- los tuits, permite que un tal Domenech, catalán ¡por supuesto!, presentara en un acto chusco, propio de Carnaval, al feminismo caviar de una pìja sin sustancia y el egoísmo rampante de un bulto sospechoso, ignaros los dos del marxista himno que dice que -sólo- el género humano -todo él- “es la Internacional”, equiparando a la “cheli” con Pasionaria, a la que se insultó con tal símil y al bulto con Robespierre, incorruptible, radical -más incluso que yo- jacobino, enemigo de cualquier división de un Estado sin dudas, centralizado, todo ello frivolizado más, al aliñarlo con un toque de las dos mitades de la pobre Sarah, con h final, Santaolalla, lo que anunció muy bien Karl Marx en el inicio de “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”, también más que palabras: “La historia ocurre siempre dos veces, la primera como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa; y, al hilo de  todo ello, ¿no podría pedir algún próximo a Sánchez el -proxeneta amigo de indiciarios delincuentes- Malo que lo que haga -sin consultarnos- sea -sólo- en su nombre?

sábado, 4 de abril de 2026

Lo cotidiano 151 De libertades, derechos,… y obligaciones Fernando Merodio 04/04/2026

Lo cotidiano 151

De libertades, derechos,… y obligaciones

Fernando Merodio

04/04/2026

En el mármol de la magnífica Francia que cortó cabezas fueron leves las obligaciones

26 agosto 1789, a las seis semanas de la súbita toma de la Bastilla y a tres de haber abolido -dicen- lo feudal, la recia, nueva Asamblea Nacional Constituyente francesa, ya sin rey ni nobles, bajo el racional influjo de la ilustración, de Lafayette, Jefferson y la declaración de independencia en Estados Unidos, 1776, sacudida por el revolucionario ardor de, jóvenes, Robespierre, incorruptible abogado jacobino que dijo: “cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es para ese pueblo el más sagrado e indispensable de los derechos”, Danton, gran enemigo del Ancien Règime, Marat, cordelier, director de L’Ami du peuple, Desmoulins, que movilizaba “ciudadanos activos”,…, distintos en el uso del “Terror” y  la higiénica idea del Dr. Guillotin como armas revolucionarias, fue débil al grabar en  mármol, junto a Libertades y Derechos, su contrapeso, las Obligaciones del Hombre-Ciudadano, hasta dejarnos hoy aquí, tras haber influido en, formales y tan expresos como vacuos, los derechos humanos, con una relación que incluye, “naturales e imprescriptibles” decían, Libertad, Igualdad, Fraternidad, Justicia o Ley contra la opresión, difíciles de diluir con, enunciadas también, propiedad y -policiaca- seguridad, afirmando que aplicarlos todos “asegura a los demás miembros de la sociedad el goce de estos derechos”, bella teoría -que dicen- apoyada en la Ley -no en el “progresista” decreto- expresión de la voluntad popular, siendo corolario el artículo 16, impune, cruelmente incumplido desde el inicio: “una Sociedad en la que no esté establecida la garantía de los Derechos, ni determinada la separación de los Poderes, carece de Constitución”. Amén.

El Roto  31.03.2026

Sustituye las obligaciones reales, unido a las muchas, para ellos útiles policías

Tras casi 237 años, -poco- atentos desde el inicio a las obligaciones, acudimos a las normas policiacas de Trump o, aquí, al burdo (des)gobierno sin política/presupuesto que, impune, (ab)usa del decreto-ley, trampantojos como el “progresismo” o -caladero de derechos para ellos- la “Covid19” o transige con legatarios no contritos -cuyo pesar se certifica en la viñeta de abajo- de los del tiro en la nuca y los listos que, allí y en otros lugares, se apropian de la fruta caída del árbol de todos que asko-tasunos mueven, usando -con (ab)uso siempre a su favor- los derechos franceses que -¡ay!, bien imputados- son de todos o los que, como ese Lamine, absurda referencia ilógica, apoyados en pútridos medios, se la cogen con papel de fumar y se enojan si otro grita que “el que no vote” es “musulmán pero no se privan de vocear ellos que quien no brinca es, faltaría más, “madridista”, o los “fisnos” que protestan si se silba el epinicio de Egipto pero, impávidos, ven a los -egoístas- socios de Sánchez, masivo proxeneta Malo y Bobo, hacerlo impunes con el himno -que me afecta un ardite- de aquí ahora y, sabiendo utópico que constituciones y declaraciones lo recojan todo, deduzco -acaso-que todo se reduce a -mala- educación, estando ya harto de que siempre, por que otros la tengan así, los daños los sufra siempre yo que, como Lea Ypi, leí en Robespierre que el secreto de la libertad radica en educar al pueblo, mientras el de la tiranía está en la ignorancia”, ¿les suena? 

El Roto

Lo certifica  la PSOE, su asesora de Justicia y Derechos Humanos en el Eusko Jauralitza

Incluso más serios son los derechos, libertades y obligaciones vinculadas a la eutanasia, no reconocido, inalienable derecho a morir cuando y como quieras, nunca igual que, traicionada por el cruel sistema, Noelia, sin que nadie se preocupara, quizás lógico, por quienes, sin consultarla, la traían y dejaban inerme aquí, ni vigilara -quizás bastante- la idoneidad de quienes la acompañaban al irse, con mil inhumanas trabas de la sociedad que, día a día, dilapida el ilustrado, racional legado francés, para -sola, mayor de edad, con quién, cómo y cuándo quisiera- acabar con su -profundo, real, solo de ella- sufrimiento, por lo que me anima la sentida urgencia de empujar a hacer más fácil que quienes como Noelia -yo mismo, quizás, harto- deseen marcharse de aquí lo hagan rodeados de respeto y con una lógica humana, a lo que, ¡uf, viejo, doy vueltas al tiempo que sopeso los civilizados derechos procesales que se aplican a  indiciarios forajidos ciertos como la catedrática Begoña, el “enmano” David, el clan del Peugeot 407 diesel, el propio Sánchez y toda su troupe, los que, crueles, ilógicos asesinaban, los proxenetas que crean lacerantes bandas gestoras de prostitución -y narcotráfico- o quienes, de una u otra forma, se lucran con ello,… frente a las -mucho menos sucias- libertades de los demás ciudadanos que -serios militantes en la Ley o forzados- más o menos respetan su lógico ejercicio como garantía -dicen- para el mejor vivir de todos, cuando, ya inmóvil el dañino, monstruoso P.E. El Escudo, solo queda que los pocos -sobra con los dedos de una mano- que lo pararon, sin hablar, lo liquiden y, aún más utópicos, exijan que, culpables, el capital privado, funcionarios, técnicos, científicos y políticos con poder sin auctoritas paguen los -pródigos- daños.

Imágenes del presidente de los “amos” que, desde la capital, lo posibilitó y nuestro consejero que -a diario- próximo informaba sobre el -privado negocio- P.E. El Escudo

Coda sobre una buena/(im)posible futura película.- Habiendo quien dice que “The Godfather“ es la mejor de todos los tiempos, yo prefiero, marxista geométrico, “El Acorazado Potemnkin” de Sergei M. Einsenstein, “Citizen Kane” de, genio, Orson Welles o, incluso, difícil/imposible amor, “West Side Story”, Romeo y Julieta de Robert Wise/Leonard Bernstein, que -varias veces- ví en el cine Paz, calle Fuencarral de “el foro”, al tiempo que -por solo 13 pesetas- disfrutaba con el -inolvidable- Real Madrid de Bernabéu, Di Stéfano, Puskas y Gento desde el tercer anfiteatro del gran estadio, en Chamartín, echando, ya en la cara norte, hoy de menos -¿perfecto cierre a mi mínima historia?- un film que dirigiera Francis Ford Coppola con los actores de “The Godfather” y narrara preciso -dicen que- quirúrgico lo que haría una “famiglia” con los “finos” hábitos de -en especial- la segunda parte del tráiler de abajo, por ejemplo, en las “educadas, constructivas” reuniones de Davos.

Pues tal película, han muerto varios actores, no podrá ser, sirva para  (in)tranquilizar el trailer