Lo cotidiano 181
De la ambigüedad
de Sánchez el Mal y el terror
Fernando
Merodio
01/11/2026
Ambiguo es adjetivo que, referido a personas, califica
a quien ni con palabras ni actos expresa -como debiera- sus pensamientos y
actos, haciendo así que -todo lo que él pueda- permanezca en la penumbra, oculto
mediante, en especial, un uso avieso del verbo, el lenguaje, que exige combatir
-en lo posible- tal dañina perversión de no decir -y que no se diga- lo que se quiere
ocultar de pensamientos, cosas o hechos reales, anulando el poder social que
ello otorga a unos pocos, capital y esbirros, ese 1% -hoy menos- que cruel e
impune sustrae para él la propiedad de, además de los medios de producción y otros,
los media y, con ellos, acceder a un
poder injusto que posibilita falsear la historia y crear en su -solo- beneficio
una confusión que, por ejemplo, hizo que alguien tan serio como Stefan Zweig pensara
al escribir “El mundo de ayer”, tiempos
-no exagero- similares a estos, que “Obedeciendo a una ley
irrevocable, la historia niega a los contemporáneos la posibilidad de conocer
en sus inicios los grandes movimientos que determinan su época”, o que Steel, Flint
& Asbestos, editores de “Pierre o las
ambigüedades”, dijeran a Herman Melville, su autor, por carta: “Muy señor nuestro: es usted un timador. Con
el pretexto de escribir para nosotros una novela popular, ha estado recibiendo
anticipos pecuniarios, mientras enviaba a nuestra imprenta las páginas de una
rapsodia blasfema plagiada de ateos perversos, como Luciano y Voltaire”,
cosas ambas inciertas, por ambiguos que fueran tiempo y texto, siendo ello
debido, acaso, a que nos relacionamos con un lenguaje que dificulta que emisor y
receptor se entiendan correctamente.
Un ejemplo, la niebla puede hace
que lo más sugerente o hermoso sea ambiguo
“Pierre o las ambigüedades”, obra poco conocida, profunda y absorbente, aplastada entre la fama
y la fuerza de “Moby Dick”, Leviatán que
obsesiona, ballena blanca, y la sugerente profundidad filosófica de “Bartleby, el escribiente” que “preferiría no hacerlo” y, revolucionario,
no lo hacía, es relato de la lucha de un joven que, empujado por la sugerente ambigüedad
de la carta de una desconocida, abandonaba su comodidad para entregarse a una -siempre-
peligrosa búsqueda de la verdad que, inevitable, llenó su vida de tensiones,
pasiones sexuales, subversión religiosa, incluso crímenes, una novela cuya lectura
evidencia -a quien no lo supiera- que se adjetiva ambiguo aquello que se puede
entender de diversos modos o admite distintas interpretaciones que motivan
dudas, incertidumbre, confusión, siendo, por otra parte, que la confianza es
ciega, la simpatía irrelevante, la imprudencia obvia y la honradez e
inteligencia difíciles de encontrar -al tiempo, juntas- si hay deterioro político,
económico, social, como el que, digan lo que digan, aquí hoy se adivina creciente,
con riesgo cierto de que falle todo si, además como ocurre, manda la punible
ambigüedad de Sánchez el Mal, catástrofe en medio de dudas, incertidumbre y
confusión cierta.
El Roto
¿Puede haber algo más claro y -al
tiempo- ambiguo que el modo de acumular capital qué la crueldad escondida tras
el -aparentemente- simple gesto de la viñeta?
En tal estado, acudo a “Rashomon”, cine, obra maestra de Akira Kurosawa en que la
violación de una mujer y el asesinato de su marido en el bosque son narradas de
modo distinto por cuatro personas que intervinieron en los hechos, generando -más
que razonable- duda sobre lo realmente ocurrido y su valoración desde todo
punto de vista. “¡No entiendo lo que ha
pasado! ¡No entiendo en absoluto nada! ¡Si no puedes creer en las personas, el
mundo es un infierno!”, gritaba un leñador testigo al que respondía un
sacerdote, “¡Quédate con la versión que
más te convenga y sigue viviendo!” ¿Es eso lo que hoy, desde el excluyente
saber que tienen de sus hechos, nos piden, sacerdotes actuales, los políticos?,
¿fe ciega en los sermones parroquiales de sus empresas/partido? ¿O, acaso que,
como oímos en el film, “es difícil
sobrevivir si no eres un egoísta”?; frente a ello, entiendo precisa una
seria dosis de valentía, honradez, ideas claras, inteligencia para acabar con
la ambigüedad imperante, como hizo Thomas Mann, los pasados años 40, en sus
mensajes radiofónicos al explicar a los alemanes, con “motivos mucho más metafísicos y morales que militares”, que Hitler
era un gravísimo peligro, pero que -por otra parte- era imposible que ganara la
guerra, por lo que, habiendo aquí hoy -al menos- embriones de Hitler y/o Franco
y, además, hechos bastantes para valorar si se está iniciando uno de esos
movimientos -al principio poco claros- que determinan una época y, a tenor de ello,
es preciso sentar las bases que acaben con las ambigüedades de ésta, su acritud
y peligrosos daños, lo que, acaso, justifiquen la broma -supongo- de Risto Meijide
que dice: “(..) no necesito gente que
opine, porque de esa ya tenemos bastante, busco expertos, gente que sepa (…)”,
una llamada a la que -seguro- habrá quien presente su candidatura.
El Roto 27.10.2026
¡Qué útil es para
quienes, muy cobardes, huyeron en la guerra y, con “èl” vivo, lloraban!
Hoy aquí,
(des)gastado me refugio en los “Asesinos
memos” de Javier Marías que, mientras duró fue, como yo, madridista y me
aferro a aquel -suyo- sabio consejo: “Creo
que fue Kant quien ya advirtió contra eso: ‘Nunca discutas con un idiota, la
gente podría no notar la diferencia’. Sin embargo, a veces es inevitable desoír
ese consejo, por ejemplo cuando los grandes imbéciles te están matando” y a
ello vuelvo en un tiempo en que el ambiguo, estúpido, dañino ataque de Sánchez
el Mal, asido -ahora solo- a la violencia nos lleva, demediado flautista,
además muy idiota, al precipicio
¡La
cantidad de tiempo que perdemos discutiendo con -y, peor, siguiendo a- idiotas
Coda sobre
ambigüedad y violencia.- Alba Rico, ayer filósofo marxista, alumno de Manuel
Sacristán, es hoy colaborador de El País,
escritor y ensayista ambiguo hasta la médula que, en su “opinión”, 26.10.2026, “¿En
qué país vivimos?” dice, por ejemplo, que “los grandes cambios sociales suelen tener un rostro colectivo” y
nos condena a la nada por nuestra innata, -y para él- indiscutible -¿tanto como
la “unidad” que dicen otros?-, “compleja
diversidad cultural (¡) y territorial
española”, sin aclararlo y culpando, desde luego, de todo a -solo- “la ausencia en nuestros días -floreciente
el progresismo de Sánchez el Mal- de voces liberales, conservadoras, de
derechas comprometidas (…)”, ¡síntesis en un pésimo análisis -no- marxista!.
a la que aplico la Meditación II, 15
de Marco Aurelio “’Todo es suposición’,
Clara es esta réplica a Mónimo el cínico, como clara es también su utilidad si
uno le saca provecho en la medida en que es verdad” y, pues en el -hoy opresivo-
lenguaje perverso conceptos elementales tan claros como
libertad, paz, progreso, cultura,..., significan distintas cosas para personas
diversas e incluso para la misma persona en otra situación, imposibilitando
debate y pacto sobre el interés general y exigiendo, para saber de qué hablamos
y ser eficaces, volver, entre otros, a Jacques Derrida y lo que decía sobre “deconstruir el lenguaje”.
El 08.02.2025
Más cómodo que lo de Derrida
Y pues con lenguaje perverso -y otras cosas- puede generarse
terror, miedo muy intenso, en la Revolución Francesa, fue método con -buenos-
fines ciertos y -ahora- es solo uno de esos -serios- conceptos con alcance y sentido
-que hacen parecer- difícil, impreciso, casi imposible de entender, valorar,
controlar,..., preocupante en sus dañinos efectos sociales, políticos, culturales,
jurídicos,... cuando el otro usa -no si lo hacemos nosotros- estrategias y métodos
del terror con fines de dominación, lo que parece -en especial- grave si se desconoce
su real alcance, -siempre- unido a una maniquea explicación/solución para su
maldad: el malo es el otro, no nosotros, generando aleatorios riesgos futuros por
hechos presentes/pasados, que hoy unen terror y métodos violentos -no solo físicos-
de ignorado origen, con irracionales fobias que, unidas al terror, hacen que
Rafael Argullol recuerde que, siendo este un mundo de sospechas que alimenta el
miedo y la comprensión la mayor fuente de seguridad, ello exige “salir de nosotros, para mirarnos” y,
desde fuera, ver quién es hoy -muy claro- aquí -no el Malo- el Mal y, así, (ob)tener
respuesta lógica, justa a ello, sabiendo que ya Leonardo da Vinci dejó dicho que
“la práctica siempre debe ser levantada
sobre una buena teoría”, por lo que, dice Giovanna Borradori, debe apoyarse
en ideas que, tras anular opresión y miedo, reconstruya -desde fuera- nuestra
confianza cultural, material, política,… sin culpar al otro de nuestros males, a
partir del legado revolucionario de la Ilustración y “la búsqueda incansable de una perspectiva crítica, que debe arrancar del
examen de nosotros mismos”.
Forges
Es broma muy seria, ya hace muchos años se sabía cuál iba a ser el
cambio del Mal
Postdata. Es este un ambiguo territorio que -para
él- riega Sánchez el Mal que, tras saunas y prostíbulos, -finge que- nos quiere,
besa, loa la paz y, en realidad, nos (de)vuelve a las -caducas- dos -y el cacho
para chupones egoístas- medias Españas irreconciliables -la suya y la de los malos-
y trata de aterrorizar al otro mientras, servil al poder, al capital, se
revuelca en una pocilga que, un ejemplo, vive fiestas horteras de diversión/deporte
en que el “furbo” pide perdón a China y, entre aplausos de plumillas macarras,
ellas -incluso casi niñas, enfebrecidas feministas- quieren ser Mesalina y
ellos -salvo Lamine, aún peor- usan pajarita, ¡si don Santiago, don Alfredo o
Zarra, ¡el fútbol!, levantaran la cabeza…, o, mucho más grave, tras otro “éxito” de la criminal AV de los nuevos ricos, el pornográfico Mal
y el pitecántropo twittero que,
incluso más obsceno, se refiere a “público no especializado”, en vez de
ciudadanos y, obsesivo, repite, “no
quiere perjudicar el proyecto”… contra el resto, recortan audios y los
filtran a -cada día más ruin medio de (des)información- El País, siempre Carlos Elordi Cué diciendo que todo es accidental,
“error -solo- humano” sin intervención del sistema ni de inmorales proxenetas y primates
que subsidian, subvencionan, acreditan sabida miseria tras haber causado -¿en
qué grado?- nosécuantas muertes otra vez y, viéndonos -sus- borregos, nos tratan
como siervos, siendo ya preciso que paguen y se vayan o, de no irse, tras pagar,
insisto, anciano ya que -lucha pero- no vota animo a que, profilácticos, hagamos
lo preciso para quitarlos -¡ya!- de nuestra vista.


















