sábado, 28 de marzo de 2026

Lo cotidiano 150 Del “Eppur -no- si muove” Fernando Merodio 28/03/2026

Lo cotidiano 150

Del “Eppur -no- si muove

Fernando Merodio

28/03/2026

Dice la leyenda que, en 1633, Galileo Galilei, tras -para eludir ser ajusticiado- abjurar ante la Inquisición de su certeza teórica sobre que la Tierra giraba alrededor del Sol y no, como dogmatizaba la iglesia, que aquella fuera el centro de todo, intentó, verbal, reafirmar su verdad al certificar frente al dogma la icónica frase, “Eppur si muove”, “Y sin embargo -la Tierra- se mueve”, valentía poco creíble en aquel duro tiempo, pero que quedó como símbolo de la rebeldía del pensamiento empírico, científico contra la doctrina de -sea cual sea- el poder; en 2026, frente a la dogmática insistencia de El Delirio Montañés, engendro de los fondos de capital dueños de Vocento, -como tantos otros en todo el territorio- altavoz de las más increíbles, dañinas y, en sentido estricto, inhumanas doctrinas del peor dinero, el acumulado, los tétricos molinos que intentan destruir nuestro mejor territorio, propiedad en mano común de los vecinos, no verán girar sus asesinas aspas… mientras continúen vivas algunas ideas.

Primera página El Delirio Montañés 07.07.2025, reflejando destrozos en la ZEC ES1300016 Sierra del Escudo, la ZEPA ES0000252 Embalse del Ebro y en especial, en el rio y (visible próximo) el embalse del Ebro; un despilfarro del capital, ilegal monumento a su cruel inutilidad 

Al tiempo que quien nos manda -síntoma de una sociedad pútrida, con mi mayor desprecio cuanto más calle- se lucra del sucio negocio que el diccionario de la RAE llama “proxenetismo”, basado, ¡qué asco!, en aprovecharse de la sexualidad forzada de frágiles, en su habitual lucha diaria, el querer -espléndida forma de actuar- protege con los puños altos su pecho y cara, ataca y golpea constante con uppercuts, jabs y ganchos al flácido, aunque cruel poder -sin alma- del dinero acumulado en forma de capital que hurta “plusvalor” a lo único que -además de la naturaleza- produce riqueza, nuestra “fuerza de trabajo”, la capacidad humana, física y mental, de crear, un querer que hoy martillea duro -como Jack Dempsey, el “martillador de Manassa”- desde la virtuosa convicción ética de estar actuando en defensa del bien de todos.

El querer, rodeado de comics, Shakespeare y Verne, necesita muy poco -solo Razón y fuerza de trabajo- para noquear al fatuo poder

Afirmo, científico, que los vecinos que, felices como yo, el pasado miércoles recorrían el amplio destrozo de valiosos ámbitos higroturbosos perpetrado por, cada uno aportando lo suyo, Iberdrola, Banco Santander y Valcarce en la sierra, al ver emerger en medio del estrago, entre la bella, densa, lógica niebla del embalse próximo, el despilfarro de caras máquinas, todas ellas improductivas, inertes y los gigantescos tentáculos del paralizado esqueleto del monstruo que -desde hace años- amenaza sus vidas y haciendas, saben que el inmóvil tullimiento no es debido, como mísero dice Daniel Martínez, uno de los tantos escribidores del papel que repite al amo, “a unas alegaciones de hace años”, que la cosa es -mucho- más profunda, más seria que eso, tan profunda y seria que el propio libelo -intento de tranquilizar, ¡Cuán largo me lo fiais, amigo Sancho!- titula que “Iberdrola tiene hasta diciembre de 2030 para acabar la obra en caso de que el conflicto se alargue”, como felices saben también que su tenaz constancia, su ”estar sobre ellu” tiene mucho que ver con la estatua de sal en que se ha convertido el -nada renovable- dañino polígono.

Viñeta -sabia- de El Roto 11/09/2025

Quienes aquí se enfrentan a la dignidad humana no son replicantes, sino molinos gigantes

Dice Slavoj Zizek que, cual maldición, estos son “tiempos interesantes”, tiempos de políticos con políticas inestables, guerra y lucha por el poder que deja millones de víctimas inocentes que lo sufren, situación similar a la que permitió a Mao decir: “Hay un gran desorden bajo el cielo y la situación es excelente”, lo que, para Lacan, es que tenemos posibilidad de actuar; hay que haberlo vivido, estar dentro para, limitándonos al muy importante, esencial control de la generación energética en el tiempo del caos climático que aquí es un desastre absoluto a partir de la anarquía -en especial, asentada en el abuso autocrático que dijeron Covid19- y su normativa que, en todo el mundo, con gobiernos iletrados/venales en torno a Trump, Netanyahu, Putin, Narendra Modi, XiJipping, lo de América latina y Africa, los despojos de la Europa ajena a la Ilustración en que flota el amoral Sánchez o, indecente tasquero, Iglesias viaja a Cuba,… ha hecho posible que una mínima Plataforma -no ”los ecologistas”- de acción política ajena a mercantiles partidos y subsidiadas troupes, haya dejado grogui, tambaleante al sistema -económico, político, judicial, legal,…- que mantenía inestable la (in)sostenible corrupción eólica y fotovoltaica, en la absurda situación de que -sin nadie decir quién, ni por qué, ni si se puede o no recurrir, ni cuál es el próximo trámite,…- haber parado al poder cierto, Banco Santander, Iberdrola y Valcarce, conseguidor de claras influencias, con -solo- balbuceantes respuestas de gente tan vacua como Pedro Casares, Saiz de Buruaga o un tal Roberto Media, aprendiz de nosequé en la escuela del desaparecido Marcos Pantaleón y con El Delirio Montañés falso cuentista feliz contando que sus amos tienen hasta 2030 para solucionarlo, siendo una lástima que todo ello ocurra en una sociedad -tan impotente- como esta.

Coda a Rosa, que me espera.- En agosto, casi al tiempo de los 80 años que acaso cumpliré el 14 de abril, aniversario de la “república municipal”, que fue domingo de ramos el día en que, sin preguntarme, me abandonaron aquí, hará dos de que me dejó -lo poco que me quedaba de- Rosa en la peor soledad tras -sin necesitar ni observarme un rato- haber sido 58 años la leal compañera de cuerpo y alma que, tras crueles derrotas y estériles victorias junto a los que suelen perder, habría disfrutado, aferrada a mi brazo -y yo a toda ella-, viendo parado el dañino polígono industrial que, lenguaje perverso, dicen P.E. El Escudo, en lugar de que, agravado hoy mi pesar por el daño que infligimos -todos- a Noelia, tenga que andar solo, a ciegas pensando qué conviene, entre las ascuas de la última nota de “El oficio de vivir”, las memorias de Cesare Pavese: “Todo esto da asco. No palabras. Un gesto. No escribiré más”.

domingo, 22 de marzo de 2026

Lo cotidiano 149 Del miedo a quienes corren por correr Fernando Merodio 22/03/2026

Lo cotidiano 149

Del miedo a quienes corren por correr

Fernando Merodio

22/03/2026

Colaborador, cómplice necesario de Sánchez el aterrador proxeneta Malo, El País, 20.03.2026, primera página: “La guerra dispara el temor a una larga crisis energética” ¿Tanto les preocupa? ¿No era, acaso, urgente acabar con el consumo de petróleo?

La geografía física del estrecho ayuda a ver lo -poco- que importaba que no pasara el petróleo

Knut Hamsun, escritor noruego nacido en 1859, Nobel de Literatura en 1920 -¡qué hambre pasé, joven, leyéndolo!-, juzgado por apoyar al nazismo, inteligente -¡lo era!- compitió con Sigmund Freud en definir exacto al hombre moderno como enajenado, angustiado tanto por problemas propios como influidos por -egoísta- temor ajeno, al describir la intrincada relación psíquica con el entorno social, cultural y, a partir de ello, lo difícil que es prever nuestras distintas formas de reaccionar, siendo nítido mi recuerdo del vértigo que me acompañó a principios de los años sesenta, durante la agitada lectura de una edición encuadernada en tela marrón de Hambre, que extraía de la biblioteca de mi padre y hoy honra la mía, mezcla de ira con el hambriento y miedo -supongo- lógico a la posibilidad de verme, algún día, en situación similar, sensaciones que me acuciaron el tiempo que usé -pagué caro acercarme a tan exigente novela- para conocer las desgracias físicas y síquicas del protagonista, joven escritor idealista, el hambre que -le acusaba yo- él mismo se generaba, sin  que una reciente relectura me haya dejado igual huella de enfado y miedo, sino otras a las que, aquí ahora, mientras escribo pensando, no doy relevancia y me llevan a Wole Soyinka, nigeriano, primer negro Nobel de Literatura que, 1986, desnuda el Mal y narra cómo el mundo se atasca, cada día más, en un “clima de miedo que -supongo- nace de una influida psique y agitan gerifaltes que, debiendo protegernos de las causas, empeoran la desgracia con “jeremiadas” -lamentos y muestras falsas de dolor- como los cuentos de terror sobre la guerra… que cuenta, arquetipo, Sánchez el proxeneta Malo.

Por contra, narra Soyinka que el miedo que -dicen- desde el 11-S atenaza a quienes están abandonando el -leve- tono -aún existente- de la Ilustración hace mucho que es evidente en África, un miedo -profundo, inducido- que acompaña al personal temor de cada uno que, sin padre conocido, se hace evidente, cuando, sea la que sea, una ilógica “autoridad moral” dominante se asienta en algo -que dicen- superior, como una opresión religiosa/económica o, peor, cuando “el Estado reniega de sus principios y cultiva el cuasi-Estado”, débil, cuarteado, sin límites definidos ni responsabilidad, un poder generador -solo- de miedo que se asienta, según el Nobel, en dos pilares contradictorios, la humillación, que nos priva de algo tan esencial como la dignidad y nos convierte en “carne de cañón del ejército del miedo”, hasta el extremo de que a quienes vivieron y analizaron la extrema humillación que fue el lager, Primo Levi, Jean Amèry, Imre Kerstèsz,… solo les quede la opción humana del suicidio o, por contra, la seducción de egoístas bobos que usurpan “poder” como, por ejemplo, los peores del lager, que desempeñaban con satisfecha frialdad “su sucio trabajo de todos los días, al tiempo que -incluso- intentaban seducir al resto, siendo simples, siniestros siervos de todo nivel o grado que -a su vez- seducidos, amenazan convencidos con sonrisa boba, “os tengo en mi poder y voy a decidir vuestra suerte”, inseguridad jurídica que disuelve la democracia, el Estado de Derecho.

Homenaje/recuerdo de “aquel” Forges -en ocasiones- tan blando

Hegel dijo que el Derecho, especulación teórica, puede ser base de avance hacia una justa igualdad humana, razonando, por contra, Michel Foucault, como evidencia, practicón sin base, nuestro sátrapa, desleal alibí, que suele ser tapadera que posibilite el -más- arbitrario uso del garrote santificado por sus “leyes mordaza”, así que Derecho/Justicia son cosa flácida -incluso liquida- que oscila entre filosofía y política, subjetiva, rígida en su uso con(tra) el débil, o dúctil. maleable cuando roza al poder, ajena a las ideas de Marx, hoy -casi único- ariete contra la frustración apoyado, nadie lo olvide, en la Idea viva, de la emancipación humana, a la que, caiga quien caiga, no hay que renunciar pues, argumenta Alain Badiou, frente a la igualitaria, universal reivindicación justa del marxismo, incluso con su -actual apariencia de- fracaso, no hay otra respuesta sana a ¿de qué humanidad sería cimiento y superestructura la teoría capitalista, con un Derecho elaborado/manipulado por el poderoso o sus egoístas reglas -contables- que imponen la usura como opresiva y falsa objetividad universal de mercado y moneda, egoísmo tribal cutre, aquí ahora exacerbado.

De forma breve escapo y, a modo de -casi lírico- desahogo, busco alivio en Bruno Bettelheim, psicólogo que, en su conocida obra Psicoanálisis de los cuentos de hadas, estudió la influencia de los más conocidos cuentos infantiles en el primer desarrollo, explicando cómo, al leer el niño los cuentos, se identifica con sus distintos personajes y experimenta los sentimientos que darán forma a su carácter, no necesariamente como el de sus padres, educadores, maestros,..., ni el de los contadores o los propios cuentos y, si bien una lectura reposada colabora a elegir entre los muy variados sentimientos que albergan: justicia, fidelidad, amistad, valentía, amor,... o el latente miedo que los atraviesa y el protagonista vence con coraje, intuición, valentía,..., debiendo ser la elección -que dará sentido a su vida- solo suya, de modo que quien ha sabido leer cuentos en la infancia encuentra una facilidad añadida para situar sus afectos en el razonable lugar que marca la -contagiosa- forma de actuar de los personajes para, en la molesta realidad cotidiana, en nuestro mundo, frente al miedo que aterra durante el breve relámpago de luz entre dos insondables tinieblas con que el autor de Lolita identificó la vida, poder aferrarnos a las bellas estrofas solidarias que, en 1949, caliente aún la vergüenza de la guerra, escribía Bertolt Brecht en el programa de mano de la Antígona de Hölderlin, por él adaptada: “El gesto de mirar hacia otro lado me recuerda / cómo has temido la muerte, aunque / aún más temías / vivir sin dignidad” y, a partir de ello, fatigarse buscando respuesta ética/lógica a la pregunta de Kjell Askildsen, noruego como Hamsun, “¿Cuándo llegará una nueva estirpe de jardineros e ingenieros forestales que talen los grandes árboles que ensombrecen a los pequeños y limpien los suciedad del árbol de la ciencia?, que exige resistir a la humillación, perseverar en la dignidad, no dejarse seducir por lo perverso, disfrutar libre del placentero roce carnal humano y que a nadie daña, salvo al cobarde o al enfermo, no tener miedo mientras estemos aquí, durante ese ratito, ser valientes.

El Roto

Pero, Sánchez dixit, sólo para defenderse

Para ello es bueno, mientras se pueda, correr por correr cada uno a su modo -largas distancias, maratones, triatlones, incluso 100 km-, con el esfuerzo del  juego que divierte, sin someter el aspecto lúdico de que disfruta el cuerpo -ni siquiera- a la idea de lograr una buena forma física, que convertiría el oro del juego en fango de la tarea, viendo -así- que, como enseñan gran parte de los cuentos de la infancia, elegir tesoros y éxito en lugar de verdad basada en esfuerzo lleva siempre al fracaso y que, siendo bueno correr, al hacerlo “se debe eliminar lo que sugiera practicidad y utilidad; pues lo que hagamos debe ser inútil, divertido o, de lo contrario, acabaremos no haciéndolo”, siendo clave la idea de jugar, no correr porque nos parezca práctico sino, al contrario, porque no lo sea, no hacerlo porque nos haga sentirnos mejor, sino “porque nos interesa y atrae tanto que ni siquiera reparamos en ello”, como decía Sheehan, que me trasladó la idea de que esa y no otra es el razón de que hace 10, con 70 años, un cáncer de próstata que heredé de mi abuelo Fernando y -también- mató a mi hermano menor, Jose y el síndrome compartimental con que el robot Da Vinci destrozó mi pierna derecha me retirara de, sin otras lesiones, correr al menos una hora al día disfrutando, de lo que se desprendía -como una de tantas y tan dolorosas melancolías de la vejez- un imperceptible -e impagable- impulso para otras cosas menos lúdicas de la vida, adherido a lo que -no hace tanto- leí a Eugenio Trias, sobre cómo, frente a la “vis inertiae”, a la cómoda tendencia provocada por el estigma original que describía Leibnitz, “frente a la tiranía de los índices de audiencia y de las grandes superficies, de la ávida persecución del beneficio rápido y del best seller, o del culto indiscriminado a la cantidad por encima de la cualidad, se va propagando una onda expansiva de pequeños universos de afición, de curiosidad y aventura”, sabiendo que correr por correr, sin objetivos, porque nos gusta, es uno de ellos.

Coda sobre el miedo a quienes corren marathón.- La marathón corrida por correr es carrera larga, dura, agotadora que genera un cansancio hondo, denso, húmedo y cala hasta los huesos, una carrera, pese a ello, muy divertida; correr para ganar es otra cosa, exige competir con reglas exactas, objetivas, prefijadas, medidas -demasiado- por expertos, entrenadores que valoren el entrenamiento o -siempre el dinero- “mecenas” que, porque pagan, vigilan, no es correr por correr, es exigencia, ejemplar metáfora de lo no lúdico, fatigoso, de esa -gran- parte de la vida que no es juego, exigencia de ganar al otro, perder kilos de grasa, mejorar el cociente altura/peso, marcar los abdominales que corriendo por correr se difuminan; es, pues, fatiga que, a días de ser -cronológicamente- octogenario me atrae por solidaridad práctica y me hace olvidar el juego que, ¡ay, la pierna!, me dejó y usar la fortaleza y el fondo que adquirí corriendo mucho por correr para competir de nuevo, volver al circo, exigir cuentas, pasar facturas no cobradas, cobrarlas, hacerlo con disciplina hasta el mutis por el foro en que -una vez y sin que sirva de precedente- me retire al sereno refugio donde me espera Rosa, junto a la que -ella a su modo- disfruté tantas carreras por correr el New York City Marathon, para acabarlo siempre, similar a lo que, con belleza poética, cantó Springsteen: “Algún día, no sé cuándo, / alcanzaremos ese lugar / al que deseamos llegar, / y caminaremos por el sol. / Hasta entonces, cariño, vagabundea con nosotros. / Hemos nacido para correr”, con la seria convicción de que, acompañados -siempre- por música y miles de amigos como Sheehan, con fuerte coherencia, se acaba corriendo con otros objetivos por mundos devastados, como Minneapolis o éste de Sánchez, y eso sí que genera -en los miserables- miedo. 

sábado, 14 de marzo de 2026

Lo cotidiano 148 De nuestros males, el (h)odio choni y las víctimas Fernando Merodio 14/03/2026

Lo cotidiano 148

De nuestros males, el (h)odio choni y las víctimas

Fernando Merodio

14/03/2026

Lea Ypi, magnífica escritora, 46 años, profesora de Teoría Económica en la London School of Economics, experta -aún hay- en marxismo y teoría crítica, reflexiva albanesa de Tirana, de donde, ¡uf!, se fue tras ser educada, niña, en admirar a Enver Hoxha y llegar a abrazarse a las piernas de una estatua decapitada de Iósif Dzhugashvili, Stalin, personaje que -la dijeron- sonreía por los ojos, de la que leí -es fácil y sano leer- en 2023 “Libre. El desafío de crecer en el fin de la historia”, ahora, al tiempo de anunciar “Indignidad”, historia de su abuela que también leeré -si no se me acaba el tiempo-, transmite ideas serías que -sin pudor- reproduce a toda plana 46, progresista biblia, El País del pasado 10, frescas ideas de una vida seria que -para ajetrear- me limito a reproducir, acotadas: 1) “Los problemas del siglo XXI son el capitalismo y el Estado nación”, disfrazados aquí hoy de trampantojo “progresista” y egoístas “estaditos”, 2) “la gente a menudo usa la victimización para obtener ciertas ventajas (…) mi abuela sí padeció, fue perseguida (…) y si dijera que yo lo fui, conllevaría una cierta indignidad, una ofensa a ella, (…) al difuminar la línea entre la verdadera víctima y quien usa el estatus de tal”, aplicable aquí ahora al raca-raca de supuestas dolencias propias actuales o familiares viejas, históricas, aclarando Ypi sobre la injusticia histórica que 3) “solo importa y es vigente cuando afecta y continúa en el presente; cuando no es el caso, ya no se trata de injusticia, sino simplemente de historia”, lo que exige no tanto saber quién, sino por qué… para intentar impedir que el mal se repita. No se si Lea pensaba en nosotros, pero…

Botas -que quedan- de una estatua de Stalin y restos arrastrados por la Historia

Viniendo más aquí ahora, Sánchez, nuestro alcahuete malo, estructural mentiroso besuqueado, sin pudor, por lo peor de cada casa, la corrupción de su esposa, más celestina incluso que él, su gaseoso “enmano”, el carcelario “clan del Peugeot”, su troupe mercantil/política, los zánganos que, para comer caliente -y algo más- a diario, sin pensar dicen estar subidos al carrito de la foto que arrastra los restos de Stalin, los curiles carniceros no contritos del norte, sus próximos y los del este, muñidores de estaditos que nos esquilman tras agitar al botarate besuqueado, todos ellos mal capitalismo que cultivan, (de)mostrando inmorales a los que -no votan y- hacen política alejados de las corruptas mercantiles/establos/partidos que la sociedad está podrida, tras limitarnos a la patosa  lucha diaria por -un poco más de sucio- dinero, confiar en loterías diversas, tener coches que emitan CO2, sobar smartphones, decir que se viaja,... sin dejar una chispa de interés para lo serio, llegando los más militantes al extremo de -plácidos- limitarse a seguir una pancarta que -solo- dice “No a la guerra”, ¡vaya genios!, que, para su comodidad, les ha pintado -con nuestro dinero- el reseco proxeneta que -en su solo lucro- despilfarra lo de todos, volviendo a casa -tras pensar mucho menos que Lea Ypi- seguros de haber cubierto -sin esfuerzo ni riesgo- su cómoda cuota-parte de buenismo, serviciales a su mercantil/pesebre/partido o –peor incluso- ni siquiera eso, sin -menos incluso, pensar en- hacer frente al criminal capitalismo, a lo de los niños del cobalto y el coltán en el Congo o lo de mujeres -de verdad, ajenas a Santaolallas o similares- maltratadas/asesinadas por millonarias satrapías religiosas, no -de una en una- por “sus” enfermos/delincuentes, la injusta desigualdad, el abuso, el aterrador, cotidiano hambre que asola el mundo,…

El Roto 10.03.2026

Y frente a ello, con un orden internacional al servicio de -solo- el capital, ¡No a la guerra!

Mientras cada día más -intensamente- solo, me fatigo a punto de concluir la dura y palpitante ruta hacia la cima/final de mi vida por su cara norte, pienso que a la estulta pancarta inútil y a las firmas de los pensionados de siempre les falta lo mollar, lo serio, el pensamiento que se detecta tras lo que dice la albanesa Lea Ypi, sabiendo que -al no habrá otro genio que lo mejore- hay que aferrarse, sin distracción por los hechos de Hoxha, Stalin y tantos otros o por haber vivido aquí con(tra) Franco o en Albania en una familia culta -muy- represaliada, al libre, fructífero saber de Karl Marx, en lugar de -igual que otras palurdas funcionales- el oportuno icono del inventor del “Hodio” choni, la tal Sarah, que parece haber legado la hache final de su -cursi- nombre en aras del dañino foro caciquil contra -no el capital- el idioma de -casi- todos que, a imitación de lo que, con impudicia no oculta tras aleves trampantojos –antes que él- el -contra pocos resistentes- invicto caudillo llamó censura, aquí hoy, además de -resbalosos- decirlo “foro”, anuncian su uso como subvención impune -más aún que hoy- a los de la “zeta”, la “ceja” o cualesquiera otro que firme agarrado a la pancarta, ajeno al -inicuo- ranking de “dudosos” que elaborarían en función del -que Sánchez diga-, ¡uf!, que es “contenido problemático” difundido… sobre su familia, sin que -siendo la PSOE evidente organización mercantil/militar/mafiosa- nada de ello se haya debatido en el parlamento, ni -al ser tan turbio, fangoso- siquiera su libelo, El País, se haya ensuciado en publicar -al menos “en provincias”- ni una línea sobre tan (h)odioso tema.

“Clase” con que hacía lo que hoy vivimos Don Corleone 

Coda sobre victimarios, guerra y víctimas.- Sánchez el Malo que -por higiene ética y política es obligado repetirlo- se lucró -¿y se lucra?- del dinero de la sucia explotación del sexo ajeno, siendo un proxeneta -al menos moral y social-, intenta transformar, en su solo beneficio, el genérico, masivo/inane grito “¡No a la guerra!” en pancarta que porten unos pocos subsidiados que olvidan -laxos como lo es él para lo suyo- cómo alguien, el militar romano Publio Flavio Vegecio, nos legó en Epítoma rei militaris, siglo V d.C., una frase que aún agita -donde las hay- inteligencias y conciencias: “Si vis pacem, para bellum”, “Si quieres la paz, prepárate para la guerra”, que, en extracto, dice que solo una sociedad -estrictamente- fuerte evita ser atacada y, solo tras ello -si, de verdad es fuerte- puede ser justa, como, frente a la idea de “paz perpetua” de Kant, defendieron, entre otros, Maquiavelo, “quien descuida las armas, pierde el Estado”, Hegel, Foucault, Arendt o, con sus matices, el grupo Metálica o el film John Wick, impulsando, además de tener -la precisa- fuerza militar, una continua guerra contra la corrupción rampante. la ignorancia, la falta de valores sociales -no consumismo individual- de igualdad, evitando -con exigible explicación detallada de la, en el peor sentido, “buenista” negativa a armarse- que, tan dispares/similares, el colonialismo, las mafias africanas o caribeñas, Trump, Putin, Xi Jinping, la Europa ajena a la Ilustración… hagan el daño que hacen al individuo -hombre/mujer- en sociedades débiles, mal resueltas como -todas- las actuales y no propiciando la -cierta forma de- simpatía que envuelve a la corrupta estructura militar de famiglias como la de Don Corleone o -cobarde/cutre- la de -no hay duda- Sánchez el Malo, para lo que conviene alinearse con Lea Ypi y -su- Karl Marx…, pero esa sería otra historia.

sábado, 7 de marzo de 2026

Lo cotidiano 147 Del capitalismo y (el no a) la guerra Fernando Merodio 07/03/2026

Lo cotidiano 147

Del capitalismo y (el no a) la guerra

Fernando Merodio

07/03/2026

Cuando, como leguleyo que soy, uso la Ley a modo de garrote contra “los malos”, acostumbro -como puedo, en especial sus conferencias y libros pequeños- a repensar a Karl Marx y, cada día más firme, voy al inicio de “El 18 brumario de Luis Bonaparte“, 1852, que explica cómo “la historia siempre ocurre dos veces: la primera como gran tragedia y la segunda como triste farsa”, evitando errar al medir personajes tan grises, lóbregos, turbios como Trump y, similar, nuestro Sánchez, proxeneta nocivo que finge ser, por momentos, lo opuesto a lo que en realidad es o, con “Trabajo asalariado y capital”, 1849, tomo de Marx que el precio de las mercancías lo fija “la competencia entre compradores y vendedores”, siempre leonina, unida a publicidad, consumismo, abuso, idiocia,…, o de “Salario, precio y ganancia”, 1865, tomo que “la subida general de salarios, determinaría una disminución de la cuota general de ganancias, pero no haría cambiar los valores”,… bueno, algunos, los serios sí, dando, tras ello, gracias don Karl por su fatiga en  pensar -y contárnoslo-, aunque cada día lo usemos menos.  

No tengo la menor duda, era un fenómeno

Historia, trabajo, salario, ganancia,… son base del pútrido sistema socioeconómico manipulable actual, el capitalismo, en que, a partir de que los medios de producción, territorio, fábricas, capital,… son propiedad privada, de menos del 1%, el -abstracto ente que dicen- mercado es el que -también dicen-  fija, no el valor, el precio de las cosas, distribuye los medios a usar e incluso, tan dóciles somos, nos impone fines… siempre en beneficio de los pocos “ellos”, siendo “capitalismo” expresión en que se detuvo Karl Marx para definir el abusivo sistema económico basado en -maleable, dúctil- comercio, trueque, intercambio, sistema de precios -que dicen- economía de mercado,…, falacia asentada en idílicas teorías, sustitutiva a partir del siglo XVII en Europa -con formas de éxito previo en las poderosas ciudades Estado medievales- del cruel, injusto feudalismo, contra la que el judío alemán fue lógico y duro crítico, como contra el sistema de producción que, a partir de la Revolución industrial en el siglo XIX, generó la -difícil- figura del “empresario” que -siempre falaces, dicen- asume riesgo de pérdidas para obtener futuros beneficios, estando -en la realidad práctica- empresarios y sistema gráficamente reflejados en la imagen de abajo, útil para, tras mirar, pensar.  

Las sólidas ideas de Marx, filósofo, economista y sociólogo ayudan a pensar, marcan nuestro tiempo e inspiran los más serios movimientos sociopolíticos, haciendo preciso conocerlas para intervenir -lo contrario es, entre otras, causa de que se intervenga tan poco- en el debate teórico y su plasmación práctica, que se anuncia esencial en el siglo XXI, sobre justicia social vs. Poder y en el que ya el siglo pasado Michel Foucault deshacía la floja base de -hoy en los papeles de Epstein- Noam Chomsky, apoyado en premisas tan leves y falsas como las de nuestro proxeneta cierto -“con beneficios de la prostitución de otra persona”- Sánchez, que disfrutó, ¿aún hoy?, del sucio dinero de, industrial del sexo, Sabiniano Gómez, padre de la bachiller/directora de cátedra universitaria, experta en subvenciones públicas, su mujer Begoña y, junto a cómplices carcelarios, selló pactos dañinos, en su -solo, personal, egoísta- beneficio con aliados no contritos de los del tiro en la nuca y una sucia caterva de golpistas confesos que intentan dividir la fuerza de lo que hoy es la histórica Hispania romana, siendo así que quienes, con todo, apoyen a tal sujeto, al que, por ejemplo, Masih Alinejad, activista objetivo del régimen iraní, imputa estar “del lado de los asesinos” y “usar los muertos para hacer política” y que hoy -sin vergüenza- se apropia y jacta de robar al resto el universal, global “¡no a la guerra!”, así que quienes aún le apoyen solo pueden ser, sin excusa plausible, pesebreros, canallas o torpes.

¿Dónde está el marxismo, que deja que la lucha sea manipulada por la derecha?

Identifica Giorgio Agamben, filósofo marxista italiano, traductor de Walter Benjamin, a este tipo de polizones de la política como “partidos progresistas” con coaligados heterogéneos, incapaces de distinguir entre derrota y deshonra y garantiza que, seguro, “acabarán siendo derrotados por su propia voluntad de ganar a cualquier precio”, por su afán de ser establishment y “transigir” incluso la revolución con el capital, ceder en todo ante su contrario, clase obrera ante capital, democracia ante mercantiles partidos/elecciones, pensar ante televisión, medio ambiente ante crecer sin límite, ciencia ante opinión y, lejos del análisis marxista del capitalismo y su teoría sobre la lucha de clases y contra la propiedad privada de los medios de producción para acumular capital, causa de desigualdad estructural, son ajenos al enfoque crítico que niega que el crecimiento ilimitado -destructivo- del capitalismo sea feliz camino hacia un real progreso, tras destruir los pilares del olvidado marxismo, ¡ay Felipe de mi arma!, destrucción que es base del “pacifismo progresista”, que huye de luchar contra la cada día más desigualitaria, injusta “plusvalía” o al análisis práctico, ¡uf, pensar!, de las contradicciones que debilitan el capitalismo para destruirlo, buscar útiles formas de cooperativismo laboral, diferenciar entre el valor de la fuerza del trabajo necesario para producir mercancías y el arbitrario  precio, partir de la teoría del valor para exigir que el de la mercancía se mida por el de la fuerza de trabajo socialmente necesaria para producirla e impedir un mayor precio mayor y, con él, la plusvalía, la explotación del hombre por el hombre,…

Amistades peligrosas en el “progresismo

Coda sobre el capitalismo y el no a la guerra.- No hay duda, Trump, alienígena naranja, y nuestro Sánchez, proxeneta malo, son dos caras ciertas -las dos necesarias- de la misma moneda, el capitalismo rampante que, en un siglo y medio ha pasado de 1.000 a más de 8.000 millones, ¡uf, pensemos!, de habitantes en el -pobre- planeta Tierra, que hacen imprescindible -lo saben/practican los dos- la guerra o que, por ejemplo, el jueves, ni El País -ni, por supuesto, el proxeneta- dijeran nada sobre cómo se escurría parte de una mina de coltán o cobalto -¿recuerdan?- o vaya a saber qué en el Congo de Patricio Lumumba, que “civilizaron” los europeos/belgas, muriendo cientos -sin determinar- de muy negros, de los que 70, al menos, eran niños, no impidiendo -supongo- que, al día siguiente, otros hambrientos volvieran a extraer el mineral para (in)sostenibles coches eléctricos o que nuestros mimados mocosos vean “porno” en su tabletas o asistamos al dantesco espectáculo de autobuses, terrazas, paseos llenos de idiotas frotando con sus dedos caras mercancías/artefactos que los incomunican, mientras, en la lucha de unos pocos contra lo energético/eólico es ¡última noticia! que los Tribunales ya no prevarican, ¡han desaparecido!, incluido el Supremo, en su etéreo tratamiento del tiempo, mientras Trump y Sánchez, dos caras del -mismo- capital, gritan para idiotas sumisos: ¡Guerra! o, da igual, ¡No a la guerra!