Lo cotidiano 161
De capitanes, papas y otras cosas, como ZP
Fernando Merodio
13/06/2026
La palabra papa, del latín tardío, papa/papas,
viene del griego, significa padre y designa al sucesor, van ya 267, de Simón,
humilde pescador de Betsaida, apóstol, discípulo, mensajero de Jesús de Nazaret,
que le cambió el nombre por Cefas, Pedro, piedra sobre la que edificó una iglesia,
del griego ekklesia, que adiestra a alejarse del mundo para
(re)unirse -no dividirse-, siendo, hoy, tal papa pastor de
una iglesia católica, universal, obispo de Roma, vicario de Jesús, Cristo,
cuyo poder y dotes, ha heredado junto a su doctrina, que la
dice una, santa, católica, apostólica y romana, almacén de verdades, dogmas de fe que
él custodia, renueva, proclama infalible, ex cathedra, lo que,
explicado con suma solemnidad por curas, sacerdotes,
sanadores, a priori asusta,
pues, además poco demócrata, a tal papa no lo eligen sus fieles sino un colegio cardenalicio, a
tenor de la constitución apostólica
Universi Dominici Greci,
1996, de Juan Pablo II y, luego, de Benedicto XVI, siendo hoy tal singular
elegido León XIV, antes Robert Francis Prevost, apoyado en -solo- (i)lógica fe,
canto irracional que hoy, en la cloaca política, usa -sin pudor- el Malo,
alarmado al ver desbordarse de infectos restos de proxenetismo a su otra famigliar iglesia.
Dicho lo dicho, parecerá raro, pero en la rauda, breve rendija de luz en que mi vieja cuna aún se balancea cerca del abismo que, entre dos eternidades de tinieblas, para Nabokov -y para mi-, es la vida, lo que más me acerca a ese León XIV que –exhalando humana presencia- eclipsa la fofa, exánime alma de -hoy- España, es el agrio, denso, obstinado olor a viejo del -ya en mi infancia/juventud- distante cura que, antes de serlo, nacía en un pueblo de Burgos para luego vestir una larga túnica, sotana que se abotonaba -tal vez- por delante, hablarme de gramática, aritmética, física, historia, religión, intentando (de)formar mi espíritu, dejándome correr y jugar al fútbol,… al que, él sentado y yo arrodillado en -lo que decían- un reclinatorio, con su largo brazo rodeando mi fino cuello, hasta los 14 años conté a mi modo los -que me habían dicho eran- mis pecados: casi solo aquella forma -libre- mía de desobedecer que me acompaña aún hoy y -ya saben- “los otros”, infernales pero más divertidos.
¿Se imaginan un mundo así?
Walt Whitman cantó al hombre común necesitado de otros y fue poeta cívico, autor de, 1855, Leaves of grass, Hojas de hierba, en las que incluyó anejas las sentidas Memories of President Lincoln, 1862-1865, sobre el asesinato de quien fue su seña, cuatro elegías de las que la más conocida, O Captain! My Captain!, ¡Oh Capitán! ¡mi Capitán!, es canto a la perdida referencia y al deseo de que, solos, nuestro inventario final de la ruina sea, tras la lucha, positivo y, al final, nos sintamos nuestros: “¡Oh, Capitán! ¡mi Capitán! / Terminó nuestro espantoso viaje; / El navío ha salvado todos los escollos, hemos ganado el premio codiciado / (...) / Mas yo, con pasos fúnebres, / Recorro la cubierta donde mi Capitán / Yace frío y muerto”, todo ello tan bien reflejado en la humana, emotiva escena de Dead poets society, El club de los poetas muertos, film de Peter Weir, en que, muerto el Capitán, supieron estar vivos y con fuerza bastante para -al menos intentar- ir hacia lo que pensaban bueno para todos
Siempre me emociona, es un
sueño
Vuelvo a lo irracional, ilógico, a la segunda parte del viaje, triunfal a nuestro territorio, del papa del que callan ataques a cosas tan serias, pensadas, luchadas, ganadas, humanas… como el derecho a abortar o -algo en la que he (com)prometido, si no me acabo, sin quererlo, antes, tras haber sido dejado aquí cuando y como quisieron, defender- a morir, irse con dignidad, cuando cada cual -lógico- quiera y, sabiendo que me dirán que es arte, hago una pregunta sobre lo opinable, ¿quién, que no sea catalán -o vasco-, sería capaz de, en pleno siglo XXI y en un país -que dicen, ¡laico! y, pues su parlamento aplaude a ese papa, unánime, 7 minutos, no lo parece- perder tiempo, salud y dinero levantando, sin razón que lo justifique, un estrambote con la morfología anacrónica, ilógica, medieval del que dicen Templo de la Expiación de la Sagrada Familia, armatoste ilógico que -además de por aparecer junto al hábil papa- ha animado a -en público- ir a misa a -ateo estético al borde del cadalso- ese Sánchez el Malo que culpa de todo al neofascismo -no al capital- pese a que Luciano Canfora, ya en el primer capítulo, El núcleo, de su didáctico libro El fascismo nunca ha estado muerto dice que el quid del fascio “es, más allá de otras características contingentes, el supremacismo racista como punto terminal de la exaltación constante de la propia nación percibida como ‘comunidad’ nacional”, sin siquiera diferenciar el racismo biológico del cultural, así que, aquí hoy, siendo yo ya antiguo, lo de la Sacra Familia atufa, entre “progresistas” y pequeñas “élites nazionalistas” con pocos -pero importantes- votos, a Franco. ¿Es evidente, no?
¿No es irracional en
pleno siglo XXI levantar “esto”? Canfora explicó bien el porqué de hacerlo
Coda sobre Sánchez el Malo, ZP, perversión y chatarra.- Escribió Eduardo Galeano para -casi- concluir su -casi- universal Historia titulada Espejos que “El inventario del mundo, inconcluso, estaba hecho de chatarras, / vidrios rotos, / escobas calvas, / zapatillas caminadas, / botellas bebidas, / sábanas dormidas, / ruedas viajadas, / velas navegadas, / banderas vencidas, / cartas leídas, / palabras olvidadas y / aguas llovidas”, cicatrices, cosas gastadas, dolores del alma, basuras, preciso resumen de vida vivida, explicando, también, que tal sugerente lista parcial la había elaborado, mandado por Dios, Arthur Bispo do Rosario, negro pobre, marinero, boxeador y artista, muerto exhausto tras cumplir la orden; así es la cosa y, en la coyuntura actual, es fácil, por ejemplo, ver la muy poco atractiva -falta de- política de la PSOE tras ZP, hoy, ¡uf!, hundido en los graves, dañinos efectos que causó -y causa- su narcisista querencia masturbadora, que otrora centró en la zigzagueante última letra del alfabeto, primera de su gremial apellido, motivo bastante para no precisar fatigarnos argumentando su relación cierta con lo que, en el peor sentido, es perverso, sin que, por contra, sus prácticas se asimilen al serio conflicto entre las ideas de, activista, Jean-Paul Marat e, individualista, Donatien Alphonse Francois, marqués de Sade, el uno defensor del cambio revolucionario, brusco, rápido y el otro partidario de, más lento, reflexionar, un debate intelectual, sugerente, práctico, que busca el difícil cambio del orden injusto, debate que, en 1968, estallaban en aquel Madrid Peter Weiss y su drama Persecución y asesinato de Jean-Paul Marat, representados por el grupo teatral de la Casa de Salud de Charenton, bajo la dirección del Señor de Sade, resumido Marat-Sade, censurada versión bajo seudónimo de Alfonso Sastre, con Marsillach, Sade, Prada, Marat y cientos de octavillas contra la dictadura franquista cayendo sobre el público, mezcladas con las, esas del montaje, que defendían la Revolución Francesa, todo ello unido a mi inane esfuerzo por odiar a Carlota Corday, bella Serena Vergano, asesina de Marat en su paliativa bañera, conflicto, con Fraga tonante, de aquel tiempo, junto al Tartufo de Moliere/Llovet, o Las criadas de Genet que, en Madrid, mostraron Espert, Serrano y O’Wisiedo,..., melancólico recuerdo de lo que yo, joven, veía perverso, “lo que, negativo, altera el orden o estado natural de las cosas”, guiado por, cultos, Sade y Sacher-Masoch, sobre los que Gilles Deleuze explicaba que el primero, víctima, no tiene las notas del verdugo, pues “sólo las víctimas describen las torturas, mientras aquel emplea, a sabiendas, el lenguaje hipócrita del orden y el poder establecido”, siendo, además, que “el sádico piensa en términos de posesión instituida, mientras el masoquista, lo hace sobre alianzas contraídas” y, pues “la posesión es locura sádica y el pacto, masoquista”, intenta éste “formar a la mujer déspota, persuadirla y hacerla firmar”, al ser “educador, con riesgo de fracaso en la empresa pedagógica”, así que, con el sólido apoyo intelectual de Deleuze y algo de fatiga propia, se puede entender que ello es lo que, aquí ahora con Sánchez el Malo, como ayer con ZP, el de la Zeta o la ceja, con escalofriante precisión, se escenifica, un triste vivir narcisista enamorado… cada uno de su sucia cosa, además del poder y, ¡ay!, las joyas, exigiendo pensar.
El Roto
Resulta evidente que no nos enteramos de nada


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