sábado, 25 de abril de 2026

Lo cotidiano 154 De Fidel, La Habana y un “filósofo” Fernando Merodio 25/04/2026

Lo cotidiano 154

De Fidel, La Habana y un “filósofo”

Fernando Merodio

25/04/2026

Lo repito, Karl Marx inicia El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, recordando -no sé si cierto- que Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. olvidando agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa. Caussidière por Dantón, Luis Blanc por Robespierre, la Montaña de 1848 a 1851 por la Montaña de 1793 a 1795, el sobrino por el tío y, si ello es cierto, deberemos reconocer -apenarnos por- que, aquí, a partir del siglo XX, hemos tenido mala suerte, vivimos -casi- siempre- farsas.

Rolan, dijo Hegel, fértiles tragedias con áridas farsas y aquí no hemos sido afortunados

Insisto en que, quizá, se deba escribir solo por escribir, para uno mismo, intentando conocerse y, además, por si -acaso- a alguien interesara lo escrito, ser consciente de lo difícil que es explicar correcto para que esos -posibles- lectores lo entiendan y piensen, ¡uf!, un poco para algo, conviniendo explicar que, siendo la genética de unos claramente ganadera, viajera, la de otros es agrícola, aferrada al territorio y, ajena a lo que dicen viajar, partidaria, si acaso a lo sumo, de relacionarse, visitar sitios, pese a lo cual aman, con pasión intelectual, algunas ciudades de las que, superficial, saben algo de ellas y sus ciudadanos, su arquitectura, color, sabor, olor, como -por ejemplo, junto a alguna otra- la Madrid de aquel pequeño Franco subido a un taburete en la plaza de Oriente los pasados sesenta, heroica ciudad, última resistente frente al militar -por supuesto- tirano, cuyos vecinos, ajenos -sin más- a catalanes, vascos y más chatarra, le resistieron hasta el final, ciudad admirable, incluso después, preñada de la (in)cómoda política a que -sin gustar a veces- obligaba a sumarse, universitaria, furtiva, noctívaga, futbolera, de Bernabeu y Di Stéfano, sólida, fiable, dañada en sus bordes por la primera especulación, -muy- cara, llena de amor -¡ay!, madrileña Rosa- y paseos, parques, lecturas difíciles de atinar, películas mal vistas en sesión continua y carreras contra la entonces/siempre tenebrosa policía gris, generosa Madrid maestra de jóvenes vivos, boquiabiertos, provincianos a los que, con esfuerzo, enviaban sus padres con 16, 17, 18 años a ser universitarios

Pequeño -temido- Franco sobre el taburete

Grande y potente, la París revolucionaria, luz y sombras -como las del suburbial Suresnes en que, igual que a Isidoro/Felipe, la socialdemocracia -ya ruin- y la CIA nos planearon una PSOE  -aquellos polvos, estos lodos,…- ajena a la Revolución que ilustró -poco- al mundo con su preciso terror jacobino, la Bastilla, la limpia guillotina, incorruptible Robespierre, Marat, amigo del cambio brusco, rápido y su ideal debate con Sade, partidario de reflexionar tras el personal disfrute, o el barón Haussmann que, mandatado, sustituía, 1853-1870, sus medievales, adoquinadas callejas por amplias avenidas, mejorando higiene y tráfico, al tiempo que, tal era el fin, también el acoso -militar por supuesto- a latosos insurrectos, preocupando -en especial- tras la funesta “farsa” del sobrino del Napoleón real que en 1848 atentó contra la ilusionante “tragedia”, medio siglo previa, de ilustrados jóvenes racionales que se segaron -unos a otros- la cabeza, esa Paris que, orgullosa hoy, conserva su filosofía, mayo del 68, la Sorbona y Nanterre, Shakespeare & Co, Quasimodo y Notre Damme, la Grandeur de le Panteón, el Hospital de La Salpêtrière, Charcot y Freud, Victor Hugo y Place des Vosgues, Moulin Rouge, Louvre, Campo de Marte, Eiffel y su torre, Saint Germain des Prés, Montparnase y Sartre, cementerios con la historia del Père Lachaise, el Sena, más amor, los puentes,…

Un octogenario de hoy corrió la 1983 NYC Marathon -algo más lento- con Rod Dixon

Para puentes que unen, los de New York, emigración de acogida, Imperio, cine en blanco y negro, maratón lleno de aplausos, ciudad resumen del mundo de la que Brendan Behan, “alcohólico con problemas de escritura”, decía que, tras haber estado en ella, “cualquier persona que regrese a casa tendrá que encontrar forzosamente bastante oscuro su lugar de origen”, acogedora, dinámica, desmedida, dura, cuadriculada, fácil, de dentro a afuera, de sur a norte, a golpe de éxodo y pelea, de fatiga, abuso y mérito, para seres humanos, (in)humana, caros lugares conocidos, Tiffanny & Co y Fifth Avenue, Audrey Hepburn, la tristeza que narró Capote, sentir música en 125 St., Apolo, Harlem, comer grandes bocadillos de pastrami en Katz’s, el Lower East Side de emigrantes pobres, lugar del fingido orgasmo de Meg Ryan en When Harry Met Sally, o McSorley’s Old Ale House, en St. Marks Place, vieja cerveza, mesas corridas y hamburguesas, o Florent, comida no cara -a saber ahora- que quería ser francesa junto a, por ejemplo, Madonna, en el Meatpacking District del viejo puerto que intentó lavar a Kazan, esquirol, usando a Marlon Brando, On the Waterfront, La ley del silencio, o el respeto -sin legislar- a todo sexo en el Village o la cultura speakeasy en Chumley’s, o el rock de CGBG, o Tomatito y jazz en Blue Note y Village Vanguard, o ver ajedrez y baloncesto en Madison Sq, la calle, y Madison Sq. Garden, o el skyline gratis desde el ferry a Staten Island, o arte a granel, o marearse en los kilómetros de libros -“de viejo” o nuevos- en Strand o Barnes & Noble, o correr entre cientos de lenguas que buscan/encuentran millones de manos en su solidaria marathon, o vivir rodeado de injusticia, o ¡correr por Central Park!,… obras del hombre.

Hay que recuperar, sé cómo, La Habana

Para el octogenario corredor de fondo, dañado pero -aún- con arranque, lo de aquí ahora es triste, a lo sumo algún bello paisaje sin alma, aplastado por la política, sea cual sea, siempre al servicio del usurero que manda y, hoy, con el sumiso halago al proxeneta enviciado que, pudoroso, se sienta con las rodillas juntas de lado, en el estruendoso silencio de sus monaguillos de pago, acólitos locales que dicen poder, sumar o vete a saber qué, inanes candidatos -solo- a sueldo del dañino fallido, todos ellos creadores del amañado paisaje que no pasa el filtro de urbe como lugar para ver gente y hablar con ella, en que amigos que no me conocen bien piensan que queda, sobre todo, La Habana, nunca visitada, al saber que es otra cosa y obliga a que, tal como está esto, a ella no se va, o se hace para quedarse a, si se puede, quiere y sabe, arrimar el hombro y empujar como su gente, merece; la cuentan, bien, Cote, las habaneras, filmes como The Godfather o los envidiables ancianos del “Buenavista Social Club”, Sotomayor y Juantorena, muy distintos, haber leído visiones/versione diversas de Cernuda, Hemingway, Graham Green, María Zambrano, Lezama Lima, Carpentier, Reinaldo Arenas, Cabrera Infante, Severo Sarduy, Eliseo Alberto, Pedro Juan Gutiérrez y su “Trilogía sucia” o el “Inventario secretode Abilio Estévez, y el paisaje de La Habana que, tristes hoy, bajo el dolido esplendor antiguo de lo injusto, vemos viejo, sucio, con apariencia de vencido por el egoísmo sin razones ni Razón que, en “La balsa perpetua, juzga Iván de la Nuez, “ciudad posterior, tecnofascista, armada por la arquitectura lúgubre del poder y por sus maneras de construir el espacio. Un espacio hecho para que moren en él los monumentos, las estatuas y los ecos de los discursos, mas no los sujetos que han desaparecido bajo el peso inevitable de esas estructuras” o, más actual, “una suerte de Sarajevo futurista destruida no por las bombas, sino por el efecto demoledor de los discursos” y, siendo alguna responsabilidad, me incluyo, nuestra, pese a parecer hoy obligada la excusa, sin usarla me pongo del lado, claro está, de aquella Cuba y aquel Fidel, contra quienes pervierten la voz de la historia, pareciéndome ello acto de justicia -no confundir con lo de Pablo Iglesias- y datos objetivos -poco analfabetismo, alto nivel cultural, sanitario, deportivo,... ¿mal gestionado?, lo cotejo con el entorno y -pienso que- el problema es de cruel pobreza -solo falta de dinero-, soluble, mientras el nuestro, por contra, causa hambre a otros, es injusto, aceptado, estructural, neurótico y un análisis materialista de la historia del desafío de Cuba a quienes -siempre- tratan de imponer su interés, ¡idolatría al capital!, política/mesianismo, progreso/fascismo, cultura/barbarie, exige actuar enérgicos todos -en especial los cubanos- no solo discutir datos y voces, que al final no son nada, frenar al salvador/sucio dinero o lo que el capital dice progreso, pues para hacer frente a hechos tan serios, traumáticos es preciso que los que los han sufrido discutan coherentes sobre ello y aborden lo que dice Walter Benjamín en su Tesis XIII: “El sujeto de conocimiento histórico es la clase oprimida que lucha”, no el “holgazán malcriado en el jardín del saber”, ni menos quien oprime o, mínimo, va -no sé si es injusto llamarlo gusano- al dinero, pues no hay redención sin lucha fatigosa.

Andrés Rábago. OPS

¿Aprenderemos algún día algo?

Coda sobre los que -ahora- son como Santiago Alba Rico.- Para pensar en y hablar sobre -falta de- libertad en Cuba intento no olvidar lo caro que ha sido aquí -logro individual y social del que saben muy pocos- ganarla para perderla y lo fácil que es trocarla por la -volandera- urna de Sánchez el proxeneta Malo y papeletas que alguien imprime antes, solo sucio egoísmo, exabruptos y mentiras que exigen, “a veces, a uno escribir solamente para no volverse loco, bajo la terrible sospecha de si no será ya locura la misma escritura” y hacerlo como santo y seña propio, sin ser dirigido, aferrado a -entre otras cosas- redentora poesía y héroes reales que exigen “no más deberes sin derechos, ningún derecho sin deber” para impedir caer en el pozo negro a que invita Alba Rico, otrora marxista, filósofo, que el 22/04/2026 escribía trivial, sectario, vasallo sobre molinos/placas e, ignaro infame, sobre el Quijote en -¿dónde si no?- El País, para decirse, con remilgos de monja redicha -¿dónde vive?- afín al proxeneta vampiro político y más cosas que arrasa para salvarse él, a su mujer bachiller catedrática que -sin cobrar, dicen- reparte lo de todos, a puteros, amigos de correrías y trampas “políticas”, a secuaces de su mercantil/partido y a contorsionistas que le sostienen succionando lo nuestro, llegando a trocar tal “filósofo” a, perennes, Alonso Quijano y Sancho Panza en -no una pareja- parte de un -progresista- trío  en que, antítesis de Guzmán el Bueno, estaría, ¡cervantino él!, un sujeto de la pública calaña cierta de Sánchez el proxeneta Malo, por lo que al ser alguien a quien -errado- ayer yo creía marxista vinculado a Manuel Sacristán, al que ofende, como a -los que consideré próximos- Jacobo Muñoz o Paco Fernández Buey y otros, incluso aquí ahora, genera solo sartreana nausea, mezcla de repulsión y vértigo. 


Restos de -caos capitalista- el paralizado, ilegal P.E. El Escudo, victoria de Sancho Panza y Alonso Quijano, paralización que, seguro, irrita a Sánchez el Malo y, afín a él, Alba Rico

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