Lo cotidiano 153
De un octogenario
Fernando Merodio
18/04/2026
14 abril
1946, Carmen y José, sin que nadie les exigiera las “garantistas” normas que a
él reclamarían para irse, si quisiera, ahora, decidieron que, de la tiniebla previa
pasara al relámpago posbélico alguien pellejudo, largo, rojo, hecho en Rozadío,
70 vecinos, peñas abajo del Nansa, donde José fue “Jefe Técnico” de los Saltos -ayer
urgentes, abusivos siempre- que transformaban la energía del río en
electricidad y dinero, viniera en Santander, provincia de ídem, Cajo, Fuente de
la Salud, entre Valdecilla, los arenales del Barrio Pesquero, Campogiro y La
Albericia, en la tierra y casa de sus bisabuelos maternos Yaya y Yayo en que, con
ellos, vivían sus abuelos, Agustina y, ferroviario, Fernando, donde por primera
vez chilló -mucho- y pataleó para, vuelto a Rozadío, patalear, chillar más, crecer,
pensar con doña Gloria y su padre hasta llegar aquí hoy sabiendo que nació a los
15 años exactos de que unos comicios municipales propiciaran, en 1931, proclamar
la II república española, no confundir con la I francesa de 22 setiembre 1792,
1 vendimiario año I, ni olvidar, para fijar referencias, que aquel 14 abril fue
domingo de ramos.
Rozadio,
territorio entre el río, la presa que (im)puso el padre y la tubería de la
central eléctrica
Hoy, en la
señalada fecha, acercándose a la postrer tiniebla rodeado de dolorosos vacíos,
es lógico acudir a Vladimir Nabokov, autor de -además de la difícil y turbia “Lolita”- el atípico relato
autobiográfico “Speak, Memory: An
Autobiography Revisited”, dosis de inteligencia que, vertida con tinta en
papel, empieza con un lapidario aserto: “La
cuna se balancea sobre un abismo y el sentido común nos dice que nuestra existencia
no es más que una breve rendija de luz entre dos eternidades de tinieblas”,
siendo, cuando se han dado ochenta giros con la Tierra alrededor del Sol, muy obvio,
lo del balanceo, la cuna y el precipicio como lo del relámpago, al haber amalgamado,
con apariencia diversa, la infantil felicidad de Rozadío, el permanente humo
que envolvía al padre inquieto por el hijo, la adusta seriedad de la madre, el
lloro por el terciopelo negro con chorreras del “traje de primera comunión”,
el rancio olor a cura salesiano o escolapio que, al no soportarlo, expulsaron
-ambos- al buen alumno mal colegial, la radio en que oía -entre estertores- las
Copas de Europa, ir a Madrid, pueblo grande, el ansia de libertad, las
trastiendas con libros, el comunismo, decir no a “caminos” o, al tiempo que, invisible, un amor discreto lo empezaba
a llenar todo, los ratitos descifrando el -fácil- arcano de lo -poco- que exigían
para (re)coger -“libre”- la ilógicamente
barata licenciatura en Derecho, la”mili”
en marina, la boda, aquellas -no estas- CC.OO,
y el feliz -fácil con ella- agitado lio de escaseces, hijos, maratones, New
York, derrotas, alguna alegría lograda con el garrote tras -cosa del fascio- colegiarse
como abogado, el vació -hoy- de soledad y, sin casi enterarse,… octogenario.
El Roto 16.04.2026
Sensación/cementerio
actual, ¿a qué se debe?, del octogenario
“Todo cirujano lleva en su interior un
pequeño cementerio al que acude a rezar de vez en cuando, un lugar lleno de
amargura y pesar, en el que debe buscar explicación a sus fracasos”,
sustituyo “cirujano” por yo mismo, “ser humano”, y agradezco a Rene Lench que
lo escribiera para introducir “Ante todo
no hagas daño”, frase de Hipócrates, 460 a.C., y título del libro de,
neurocirujano, Henry Marsh, regalo del urólogo que, con vocacional saber y
cirugía robótica Da Vinci, extirpó,
hace 10 años, de la próstata del octogenario al mismo mal bicho que, en 1963, como
los nazis y su sucio cotidiano trabajo en el lager de Auschwitz, se había llevado por delante, entre gritos de
dolor, al abuelo Fernando y, al tiempo que médico y Da Vinci abatían al huésped del hoy viejo y lo sustituían por un
síndrome compartimental, otro, ese metastásico, mataba a Jose, su hermano
menor; es un cementerio que El Roto plasma
en la viñeta de arriba como una ruina que, incluso sin el duro peso de ser
octogenario, explica lo que hay y aconseja no dejar entrar al viejo que nos
sitia y recordar Rozadío, al Madrid, el garrote legal justo, a Rosa,… para
marcharse de aquí -no obligado- cuando se quiera.
https://youtu.be/w5OHhClF5wg?si=h_9p-Wltb7HArnge
Repito
una vez más, no dejes entrar al viejo… y márchate cuando te dé la gana
En el
inicio, al nacer, se inspira, mientras en el fin, al morir, se expira lo
inspirado e, inspirando y expirando, se agota la corta, cortísima vida por la
que -para que sea digna, merezca la pena- en general, se hace poco, siendo absurdo
lo que muchos llaman vivir, dilapidando el poético, apretado efímero haz -“conjunto de partículas o rayos luminosos de
un mismo origen”- de luz, ceñido por -distintas normas de- el poder que, con
etéreos, forzosos modos (di)rigen hasta el “nasciturus”,
concebido no nacido o, rizando el rizo, el “cogniturus”,
ni siquiera concebido, que descubría el hoy anciano en su lejano -fugaz- lapso
para “titularse” en Derecho, al
tiempo que inspiraba para vitalizar el cuerpo en que le confinaron y expiraba para aflojar el obligado encierro, siendo
nacer -para muchos- solo prolongar la muerte de su previo negro, eterno tramo
prenatal de Nabokov, mientras que morir es nacer al también lóbrego lado
postvital de la misma tiniebla…, siendo en medio donde, todos -y cada uno-
tenemos nuestra oportunidad, la “breve
rendija de luz” que, sin piedad, (de)muestra no haber otra opción que
aceptar -capaces, humildes- próximo e ineludible el final, que hizo a Henry
Marsh afirmar, tras diagnosticarse un tumor cerebral, que “prepararse para morir tiene mucho que ver con haber tenido una buena
vida”, concepto indefinido que, para él, fue amar su dura profesión, igual
que para el de la Ley/garrote lo fue amar la suya -propia-disfrutando aquél,
además, al construir mesas de madera o éste al correr por correr… mientras
pudo, fatigándose ambos en mejorar la “rendija”,
intentando colaborar, lógicos y leales, a que la -poca- luz no sea lúgubre como
las dos tinieblas, pues, dijo Nietzsche, la vida solo tiene sentido si se
entiende como lapso para hacer efectiva la libertad del individuo humano, servil
-casi siempre- a lo peor social, que le transforma en mero reflejo/esclavo de
lo que domina con la forma de un -dicen- “sentido
común” que para el noruego Kjell Askildsen es “duro de roer y ha destrozado muchas decisiones sensatas” en el
corto lapso que, por estar “lleno de
insensatez y confusión, la falta de libertad tiene profundas raíces y la
esperanza de igualdad disminuye”, necesitando inquirirse: “¿cuándo llegará una nueva estirpe que
entienda el significado de la palabra igualdad, una estirpe de jardineros e
ingenieros forestales que talen los grandes árboles que dan sombra a todos los
pequeños, y quiten los malos brotes del árbol de la ciencia”, metáfora de
lo que, sin remilgos buenistas, debiera ser dedicación/espíritu de vida.
Henry Marsh
detectó un tumor en su cerebro de 73 años, parecido ya a “una nuez reseca flotando en un mar de líquido cefalorraquídeo contenido
dentro del cráneo”, grave como lo de la próstata del octogenario que, igual
que aquél, fue fuerte y perdió el -poco- pudor para “asumir la fragilidad” que le acosaba al repartir/recibir golpes a
diestro y siniestro en el raudo viaje por la breve rendija de luz a que -a los
15 años de “aquella república”,
domingo de ramos- le trajeron, generándole, hoy, dudas de neurocirujano previas
a una operación de final incierto que, pues el mal en el cerebro de Rosa no era
operable, no se había planteado: ¿sabes si quería vivir dependiendo?, ¿la quisiste
lo bastante para cuidarla cuando dependió?, respondiendo afortunado ambas tajante,
afirmativo y, tras ello, en lo ineludible incontrolable con que solo se puede
(con)vivir/morir decidió -utópicas ya las maratones- aumentar viejas fatigas de
otras carreras de fondo cuya meta habían fijado, terapéuticos, Robespierre, Danton,
Marat, Desmoulins,…, revolucionarios jóvenes ilustrados francesas, en la eterna
búsqueda de la fraterna libertad igualitaria, para la que aquí ahora hay tarea.
El Roto 23.06.2024
Buena
imagen, pero el precio es, incluso, mucho más caro
Coda sobre
la -útil para unos pocos- Covid19.- Es este un mundo de dañinas ficciones
como esa “pandemia” con 112,000
muertos en 2020-2022, un 0,23% de la población en 3 años, 0,08%/año, casi todos
mayores de 70 que fueron útil disculpa para tapar, con dolor, bocas e
imponernos, con ayuda de la -aún vigente- “progresista
ley mordaza”, represivos -no Leyes- decretos y decir ”transición energética” a regalar al insano 1%, causa del caos
climático, territorio de todos para, ilegales, polígonos eólicos, huyendo
cobardes de un debate público con los -muy pocos- que, con solo el trueno de la
razón en marcha, se oponen en tal lucha a vida o muerte, en la que Santiago
Alba Rico y otros se han sumado a la poco sana “defensa del tinglado” de
los chelis de Galapagar y la PSOE de Sánchez el proxeneta Malo/Begoña
& Co, tan real, todo ello pese a que, ayer, la historiadora, “Mujeres y poder”, Mary Beard, feminista seria, vinculaba la duración de regímenes injustos/ilógicos
-como el, peor de lo que parece, nuestro actual-, además de y por encima de la
debida a la represión, la que genera la pasividad cobarde ajeno a la ejemplar lucha
de, vecinos de nuestro sur -solo con el octogenario infiltrado- que vence, a la
aleación de obscenos poderes peligrosos del oligopolio bancario/energético y el
”progresismo populista”; el viernes
veía, melancólico y sólo, “El puente de
los espías”, de Steven Spielberg, la “guerra
fría”, Vilian Fisher/Rudolf Abel, espía soviético y su abogado USA, agradecí
que al -hoy- octogenario Rosa, pese al miedo, siempre le entendiera/apoyara en
su uso de la Ley como garrote contra los -de verdad- malos, pues sabía que, “No importa lo que los demás piensen. Tú
sabes lo que has hecho”.
Nos ponen
malas mordazas caras y nos usan como perros




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