domingo, 7 de marzo de 2021

157 Los domingos, cavilar Calor de establo Fernando Merodio 07/03/2021

157 Los domingos, cavilar

Calor de establo

Fernando Merodio

07/03/2021

“La tradición de los oprimidos nos ha enseñado que el estado de excepción en que vivimos es la regla". (Walter Benjamin).

 

“Cualquier interpretación del significado político del término pueblo debe partir de que, en las lenguas europeas, éste incluye siempre a los pobres, los desheredados y los expulsados. Un mismo término designa tanto el sujeto político constitutivo como la clase que, de hecho y derecho, está excluida de la política”. (Giorgio Agamben).



EL ROTO 21/03/2016

Fue, al parecer, Nietzsche quien identificó, escueto y gráfico, como calor de establo a la animalidad rentable -en el peor sentido- a que se aferran los nacionalismos, pútrido calor que es, sin duda, el más sobado argumento para sus demandas egoístas, codiciosas reclamaciones, peligrosos desmanes, en cuya senda, avergonzado, pulula lo que aquí ahora esgrime, azorado, el regionalismo político, venido del fascio, pariente mínimo de aquellos, sus mayores, anacrónico, sin otra idea que la irrelevancia de lo propio, fúnebre en el mínimo territorio en que nos ha confinado, sitiado por la atronadora virulencia injusta e ignara del separatismo periférico, ofensivo, uniformista, cuasi-militar, hoy inviable, cuyo fondo y forma son goteo de carencias ideológicas, infecto residuo incorrupto y rescoldo de un peligroso pasado rancio.

Por duro, “impopular” que hoy sea oponerse a ello, no se puede dejar de lado, ignorarlo es peligroso, las egocéntricas exigencias de lo propio no son nunca, en política, estación termini, sino parada técnica alimenticia en el camino hacia metas aun más desleales y pancistas de los que esperan, en cada caso, tener la fuerza propia que les permita dar peligrosos pasos aproximándose al cruel, extremo racismo, último refugio de canallas que creen -cuestión de fe- que lo suyo es lo mejor, magnífico, y el otro un peligro y, por ende, el enemigo.


EL ROTO 12/09/2015

Fernando Savater, profundo conocedor, teórico y práctico, de los variados excesos del cruel nacionalismo próximo, dice que no hay mejor candidato a caer en el racismo que quien ignora que todos tendemos a serlo, esperando solo que mínimas miserables circunstancias lo propicien, consideración que nos aproxima -con los matices que la laxitud moral de cada cual le aplique- a la inhumanidad generada por la doctrina nazional-sozialista, cuyos seguidores, los nazis, se justificaban diciendo, no olvidemos, que lo suyo era solo un trabajo, muy sucio pero legal, diario e impuesto, o también nos acerca a la silenciosa crueldad que vivieron –y en cierta forma viven- los discrepantes de las tesis abertzales en Euskadi, o nos hace admitir, cómplices, el tenebroso avance sobre esa Catalunya a la que los de la PSOE miran con la bobalicona cara de vacas viendo pasar el tren, de una ruina socio-económica, deportiva, ética... que pagaremos todos; en tan peliaguda, alarmante situación, lo que impide analizar -y denunciar- de modo valiente y justo el codicioso egocentrismo del nacionalismo sangrante y, en casos, sangriento, es una suerte de remordimiento cristiano interesadamente inoculado en algunos, incluso jóvenes, que, ellos sabrán por qué, se sienten coautores cómplices del viejo autoritario patrioterismo españolista, también sangrante/sangriento; es daño que causan quimas del tronco de egoísmo ilógico que nos distrae y desocupa de los problemas reales y es tal la mentira hoy que los ex-presidentes y la oposición no asistieron a la ofensiva farsa de Sánchez apisonando algunas viejas armas nazis. 

Gerry Adams, líder del Sinn Fein, teórica rama política del Ejercito Republicano Irlandés, IRA, modelo hoy para algunos, animaba en una entrevista publicada en El País hace 15 años a aplicar, irreflexivos y mecánicos, a la situación de Euskadi -y, ahora de Catalunya- los mismos -o similares- mecanismos de pacto que en Irlanda, pues decía que “la idea de que se puede resolver un conflicto derrotando al otro bando no funciona cuando se habla de autodeterminación" y añadía que, “debido al carácter militar de la situación -de Irlanda del Norte-, hemos tenido el desarrollo de una política de la fuerza física que es progresista, pero que se apoya en un brazo armado en vez de en la masa popular”, ¡triste fallo del omnipresente dañino ”progresismo”!, “si hemos conseguido algo, es dar la vuelta a la situación y tener algo parecido a un movimiento de masas”, un lóbrego simulacro usado para justificar la violencia injusta y el -extraño- “algo parecido a un movimiento de masas”, no como sueño nacionalista de expulsar a los británicos, sino como -imaginaria- reacción frente a “las injusticias palpables con que se encuentran los católicos” de Irlanda, de lo que nacería su “compromiso ideológico con el republicanismo” -Adams, al que copia hasta la cleptómana derecha pujolista, evita hablar de nacionalismo-, un “republicanismo” propio que ahora, ignaros, proponen en Euskadi y Catalunya con diferencias, pues en ambos territorios, en medio de sus ansias de “Pueblo” y “república”, quienes sufren las mayores “injusticias palpables”, son, evidentemente, los maketos, los otros.

Oculta Adams -y le copian, en especial, los de la extraña Esquerra, ya que su historia se lo pone más crudo a Bildu- su separatismo y roba el discurso a la diferencia entre ”pueblo” y “Pueblo”, que, más solidario, desarrolló con fatiga el filosofo italiano Giorgio Agamben al analizar, desde una izquierda real, la ambigüedad semántica y profunda contradicción existente entre el “Pueblo” de Adams, ideal cuerpo político integral, y el “pueblo”, multiplicidad fragmentaria de excluidos indigentes que lo forman, que Marx analizaba dentro de la genial idea de la "lucha de clases", guerra interna que divide al “Pueblo” y solo concluirá cuando se alcance la sociedad sin clases, o, para Agamben, cuando “Pueblo y pueblo coincidan y no haya ya pueblo alguno”.

Quien sepa y analice cómo “el poder no tiene mejor forma de legitimación que las situaciones de peligro grave y que a ellas apela en todas partes de forma permanente y, por ello, se esfuerza en producirlas secretamente” halla magníficos ejemplos actuales en las adulteradas “pandemia”, “derecho a decidir” o leyes de “(des)igualdad de género y LGTBI”, problemas reales pero, repito, viciados, deformados por el poder real, cuestión sobre la que el filósofo Agamben abre nuevos cauces al decir que “uno puede envolverse en la bandera y lograr apoyos con el discurso de los intereses patrióticos y tener un enemigo -un hombre del saco- tiene su utilidad política”, siendo cierto, evidente que, a quien detenta el poder o aspira a detentarlo -para ejercerlo en forma grosera- le interesa crear la apariencia de esa situación de riesgo grave y permanente; y, por ello, si en la realidad no existe, se crea.


EL ROTO 16/01/2015

Vuelvo a Savater, a Euskadi y Cataluña y, ejemplo de insoportable deterioro socio-económico, a El Egido, para ver las diferencias: en los choques de El Egido, no hay muertos, pese a los motivos reales, múltiples necesitados y excluidos, lucha de clases, mientras en Euskadi y Cataluña, donde la situación de los afectados es otra, por causas difíciles de explicar desde la razón humana ha habido -y hay- violencia, incluso muertos, lo que marca diferencias… que no explica Adams ni su rulo sobre Irlanda.

Hoy –me lo muestra la lectura lenta, con el detenimiento que exige, la larga y densa novela "Calle Este-Oeste", de Philipe Sands, reflexión sobre Hersch Lauterpacht, Rafael Lemkin y Hans Frank, totalitarismo y Derecho-, el siniestro lugar que ocuparon los judíos en la Alemania nazi, aquí, en Euskadi y Cataluña, a su modo con matices en cada lugar y momento, en el eterno y visible estado de excepción enquistado en sus territorios, lo ocupan los no nacionalistas, señalados, amenazados por no integrarse en un pretendido cuerpo político nacional, convertidos por el independentismo en el “pueblo” de Agamben, al que los “Pueblos“ alemán, catalán, vasco, …, tras exprimirlo a su egoísta interés, desprecian y, a partir de ello, usurpan la exclusiva representación de todos y pretenden anular al otro, eliminarlo para, en un bucle melancólico, volver a empezar, monopolizando egoístas y cómodos, a su conveniencia, el calor -en el peor sentido- animal de eso que -como otros muchos- consideran su establo, exclusivo y vitalicio pesebre, solo de ellos, por lo que entiendo llegado el momento de empezar a preocuparse y, por ello, andar con pies de plomo.


EL ROTO 07/03/2021

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