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sábado, 11 de abril de 2026

Lo cotidiano 152 De (des)informar y más que palabras Fernando Merodio 11/04/2026

Lo cotidiano 152

De (des)informar y más que palabras

Fernando Merodio

11/04/2026

En medio poco propicio, con altavoz mediático, durante el sorteo de la Champions 2019/20 Eric Cantona -dígase Cantoná, con acento-, jugador francés radicalmente incorrecto, sancionado pateador estilo kung fu de un ultra que le insultó desde la primera fila del público en un partido, pasados unos años, en el acto del Premio Presidente de la UEFA se veía que algo iba a pasar y pasó que el legendario jugador del Manchester United, gesto serio, barba hirsuta, gorra calada, camisa roja, gafas de leer al pecho, vaqueros y botas, sin protocolo explicó pausado: "Somos para los dioses lo mismo que las moscas para los niños. Nos matan por diversión. Pronto la ciencia no sólo será capaz de retrasar el envejecimiento de las células, las reparará, las dejará como nuevas y seremos eternos. Solo los accidentes, los crímenes, las guerras nos matarán, pero desafortunadamente crímenes y guerras se multiplicarán. Amo el fútbol. Gracias", todo ello en la simbólica y pasmada presencia de dos iconos actuales, Messi y Cristiano, tan buenos futbolistas como inverosímilmente ricos e insustancialmente humanos; en tiempos de aberrante (des)información pública, fue, según para quién, vivificador soplo de aire fresco o molesto jarro de agua fría y, sobre todo, muestra cierta de banal intranscendencia, corrupta trivialidad, propia de siervos asalariados de los medios de (in)comunicación, deportivos en este caso, que con su laxa ineptitud lastran el correcto ejercicio de nuestra libertad en el uso de dos esenciales, complementarios derechos de todos: a expresarnos y a informarnos, derechos que, para ser tales, exigen el pleno ejercicio simultáneo de ambos, pues el segundo -a ser informados- solo es real si el otro -a publicar hechos e ideas- es para todos, habiendo, pues, solo libertad -y no el limitado simulacro actual- si podemos todos dar y recibir información en situación de igualdad, sin otra exigencia que la veracidad pues, de no ser así, es gente auténtica como Cantona la que, aparte de lo de los goles y otras cosas del juego, nos tiene que explicar, por ejemplo,  cual es la esencia, la parte básica del deporte fútbol, los futbolistas, lo que, cotejado con lo innegable, cierto escrito por Manuel Castells en "Comunicación y poder, previo a ser laminado como pelele de Sánchez el proxeneta Malo, hoy empeñado en enfrentarnos, por cosas -solo- suyas a medio mundo, que, sea el macropoder del Estado o de los grupos de comunicación o el micropoder de todo tipo de organizaciones, se basa en el control de la comunicación y la información", viendo que -solamente- lo del francés son más que palabras; gracias Cantoná, acentuado en la última a.

No sólo es un bello, real discurso, pocos son los capaces de decirlo. Gracias Cantona

Oída la sobria denuncia/declaración de amor de Cantona, vista la inanidad y patente  incompetencia de los jornaleros siervos de los medios de (in)comunicación al indagar, diagnosticar y definir con precisión el caracter y funciones de elementos esenciales del deporte, en concreto el fútbol, como actividad personal y social, ejercicio reglado o juego, aquí ahora, falaz, próximo, El Delirio Montañes, alaba la libertad de lo que -dice- es sostén de -su- democracia, administrada y usada -solo- en su interés, defraudando al resto en el ámbito pasivo (recibir) y activo (transmitir información), limitando la apariencia de su disfrute a la tristeza formal del ínfimo logro de que -unos cuantos- lean lo que ellos escriben, siendo prístino ejemplo su ilegal, delictivo discurso sobre el abuso de la generación energética eólica concentrada y masiva que -solo- es dinero… para ellos, al tiempo que peligro cafre para la libertad del resto, lo que exige potenciar el “periodismo ciudadano” que, sin cobrar, informa y para el que el Relator especial para la libertad de expresión pedía, en su Informe al Consejo de Derechos Humanos de la ONU de junio 2012, especial protección, al “desempeñar un papel de creciente importancia: documentar y difundir acontecimientos en los que participan” en tiempo canalla,en un mundo tan sobrado de medios como (des)informado que, denuncia la inteligente novelista mexicana Valeria Luiselli, "atraviesa uno de sus momentos más oscuros, sin respuesta civil", lo que exige usar el arma que temen -más incluso que a la tibia coacción legal- los poderosos, lo que de ellos podamos saber y, peor incluso, que lo digamos, prueba cierta del valor propio del control de la comunicación, que Chaves Nogales identificó con razonar causas/efectos y contarlo “más fielmente incluso de lo que uno quisiera”, sabiendo además que cuando más perdida creamos la batalla por una información veraz más deberemos recordar que lo estamos haciendo en defensa de los derechos del hombre-ciudadano, logro revolucionario de la Razón y la Ilustración, por lo que controlar la -ahora- incontrolada ambición del capital exige vigilar, junto a otras muchas cosas, el ilegal abuso de la generación energética, centro de la lucha contra la destrucción de nuestra vida en el planeta, en la que -aquí ahora- el capital depredador, con ilógicas simpatías locales compradas a precio de saldo, es patético holograma de consorcios y logreros que -en teoría- prestan servicios básicos y son -solo- especular, incinerar madera, carbón petróleo, gas, acaldar -mal- uranio y, reciente, expoliar el valioso territorio propiedad en mano común de los vecinos, que, en 1917, anunciaba en “Imperialismo: la fase superior del capitalismo” Lenin, en el ara de infectas industrias que, ávidas, liban fuerza del trabajo humano explotando la propiedad de los medios de producción lo que, tras el financiero trueque del dinero en sucio capital, hace urgente -en toda forma de sociedad- que los absorbidos informen.

El Roto

¡Así de confusamente claro, en su beneficio, informan!

Lo ofusca, aún más, Walter Benjamin, del Instituto Social de Frankfurt, al decir en “Calle de dirección única” que ”la libertad de hablar se está perdiendo; antes, quienes mantenían una conversación se interesaban por su interlocutor, pero tal interés se ha sustituido por preguntas sobre el precio de los zapatos o los paraguas”, recalcando José L. Pardo que “(…) ilustrada a la perfección la política española por el permanente estado de negociación y desgobierno, la esfera pública está llena de vergonzosas disputas entre intereses particulares que obscenamente se oponen al interés público (…)”, indicación de que ha desaparecido la libertad de pensar y decir con ánimo de generar efectos sociales, dañada por quienes para mandar de modo espurio solo piensan en ellos, en situación en que la premura del caos climático exige urgencia, que frenan los -muchos en todas partes- que como los nazis tras la derrota, sin siquiera expresarlo, amenazan: “Podemos hundirnos, pero nos llevaremos por delante al mundo con nosotros”, si bien -para el resto- aún es fácil separar bien y mal frente a los que -similares, Trump o Sánchez el proxeneta Malo que medra con, indiciarios o más, delincuentes- tienen poder -sin pensar en el resto- para decidir, egoístas, lo -para ellos- ventajoso desde la habitual cobardía de su muy usada, esponjosa coartada de lo -solo por ellos- (pre)juzgado e impuesto a la encogida masa, a la que alejaron del serio nivel ético de la reflexión de Zweig en “Castello contra Calvino”, turbador libro, más incluso que el que narra el zigzagueo tenebroso de Fouché, en que analiza la porfía entre humanismo/libertad individual y fanatismo/violencia social injusta que impone el (ab)uso del poder, al que se opuso Castello -un mosquito ante Calvino- diciendo en su “De arte dubitandi” que “la posteridad no podrá creer que después de que se hubiera hecho la luz, hayamos vuelto a vivir en tan densa oscuridad”, siendo cierto ahora que la tiniebla, sin educación, se dilata -y dilatará-, pues el cambio revolucionario solo crece sobre una  instrucción pública accesible a todos, poder republicano que estudió Condorcet, pedagogo, presidente de la Asamblea francesa en 1791, enemigo del cómodo aprobado general que es asfixia

Portada de L’Aurore con el -ese sí- valiente “J’Accuse…!” de -solo, sin usar a nadie- Zola

Dijo Oscar Wilde, otro perseguido, inteligente y sólo, que “a ojos de cualquiera que haya leído historia, la desobediencia, es la virtud original de hombre”, cualidad que deben -deberían- tener esos -dicen- periodistas, que (ab)usan de un poder de todos, como -otro que arriesgó- Wilfred Burchett tuvo cuando, igual solo, en 1945 formuló una espléndida denuncia sobre Hiroshima, “La peste atómica”, que John Pilger no dudó en calificar profética: “Escribo esto como advertencia al mundo”, arguyendo Berger, siempre lógico en cosas serias, que es función del periodista hacer frente al poder, informar objetivo sobre lo inadmisible/absurdo, debiendo todos saber que no relatar lo real el periodista no es meditación serena, ni  silencio, sino olvido malicioso, miedo al poder que, dueño de la baraja, la mesa e incluso el casino, fija las reglas; es cobardía cómplice, derrota solo evitable con acción valiente, sabiendo que narrar en los medios lo serio ocurrido no exige estar en heroica primera fila de batalla, sino ser coherente si se tiene el privilegio de usar libertades ganadas por otros frente a, habituales, la injusticia, la vulgaridad, la manipulación, la ignorancia,… y, siendo cierto que el mundo puede ser sordo y ciego ante la evidencia, también lo es que relatos valientes -es paradigna, el “J’Accuse...!”, de Zola- generan en ocasiones el rápido efecto de que el ciudadano “saber subyugado” llegue a derrotar al egoísta “saber dominante”, cuyo control está en Orwell, en su “Rebelión en la granja”, en el prólogo nunca publicado en que explicaba que “las ideas molestas se pueden silenciar y los hechos que estorban se pueden mantener en la oscuridad, sin necesidad alguna de prohibición oficial”, intento de justificar el buenismo periodístico cómodo, sumiso y cobarde, que no informa ni narra, se limita a juntar -mal- amables palabras falsas, útiles para -sólo- el poder inmenso que manda en la información, parte esencial del “espectro total del poder”, desde el control de los medios, privándonos de, esencial derecho, la libertad de expresión/información, lógica arma pacífica, humana frente al arbitrario poder, cuyo abandono, dice Pilger, convierte al escribidor en “portavoz de los portavoves, repetidor de consignas, lo que -en estricto, peor sentido- los franceses denominan functionaires

Coloquial, aclaro que yo escribo porque sí, desde y para mí, porque me place y quiero, pues me es más útil y me fatigo mucho menos que intentando que si, algún día, alguien deseara leer lo escrito -y lo hiciera- reciba algo, como explicó Orhan Pamuk, turco contra corriente, al iniciar el discurso con que agradecía -pienso- el Premio Nobel de Literatura narrando que, dos años antes de morir, su padre le había entregado una pequeña maleta llena de notas manuscritas y cuadernos y, con su habitual aire escéptico y bromista, le había pedido que los leyera después que él se hubiera ido, estuviera muerto, disipando el novelista que tal maleta, al valor de ser de quien era añadía el de expresar la evidencia de alguien encerrado en una habitación, solitario, con la seria, amable y rica compañía de libros y ánimo de expresarse claro, ejercer su libertad y dejar constancia de qué pensaba acerca de ciertas cosas, sin más límites o temores que los que él se imponía, dando así justo valor escrito a parte de su vida, haciendo literatura, relevancia humana que crece si se admite que para hacerlo bien, sobre valía personal e inspiración, son necesarias sinceridad, empeño, valentía, paciencia…; escribir serio y publicarlo es, en parte, forma reflexiva y sincera de ajustar cuentas con uno mismo y el resto, memoria sin la que no existiría la actual pantomima de patrocinio político y exige narrar hechos, aspectos nuestros y del resto no olvidables ni, menos aún, perdonables, sabiendo que, dijo Mark Twain, quien escribe solamente “consigue su libertad de expresión sin límites al darse cuenta de que ningún extraño va a ver lo que está escribiendo”, por lo que “el producto más franco, más libre y privado de la mente y el corazón humano es una carta de amor”, escritura libre con destinatarios, forma y contenido muy diversos, siendo razonable no olvidar que, desde un deseable amor de género hacia el resto, sin incluso la lectura de, mortecinos, los periódicos, cuatro listos sin mérito ni escrúpulos roban la esencial libertad de ser informado e informar al resto, haciéndola irrelevante, convirtiéndola en nada, agravio colectivo no olvidable ni perdonable, exigentes de que, con libertad y amor al resto, escribir sobre ello hasta que los culpables, así lo pienso, rindan cuentas.

¡¡¡Qué asco!!!

Coda sobre Pasionaria y Robespierre.- La ignorancia que, junto a la suya propia y su servil maldad, generan la (des)información y -ahora- los tuits, permite que un tal Domenech, catalán ¡por supuesto!, presentara en un acto chusco, propio de Carnaval, al feminismo caviar de una pìja sin sustancia y el egoísmo rampante de un bulto sospechoso, ignaros los dos del marxista himno que dice que -sólo- el género humano -todo él- “es la Internacional”, equiparando a la “cheli” con Pasionaria, a la que se insultó con tal símil y al bulto con Robespierre, incorruptible, radical -más incluso que yo- jacobino, enemigo de cualquier división de un Estado sin dudas, centralizado, todo ello frivolizado más, al aliñarlo con un toque de las dos mitades de la pobre Sarah, con h final, Santaolalla, lo que anunció muy bien Karl Marx en el inicio de “El 18 Brumario de Luis Bonaparte”, también más que palabras: “La historia ocurre siempre dos veces, la primera como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa; y, al hilo de  todo ello, ¿no podría pedir algún próximo a Sánchez el -proxeneta amigo de indiciarios delincuentes- Malo que lo que haga -sin consultarnos- sea -sólo- en su nombre?

sábado, 20 de julio de 2024

Lo cotidiano.61 El trabajo que tiene a medias Fernando Merodio 21/07/2024

Lo cotidiano.61

El trabajo que tiene a medias

Fernando Merodio

21/07/2024

Carmen Rovira, secretaria general de -oxímoron- la esquerra independentista, ayer huida como el del maletero, alardea de que a juez, AN, TS, abogacía del Estado, fiscalía,… se les pasara un día prorrogar el ridículo proceso Tsúnami que siguió al 11-O, amago de pueril putch del pancismo burgués catalán muestra de la insensata manía suya y de su mercantil/partido, explicación del porqué de la amnistía que hizo presidente al reverso -ganador tras, siempre, perder- de Guzmán el Bueno: “Hemos venido aquí a acabar el trabajo que dejamos a medias”, torva frase que no debe equivocar a nadie, pues no nos demolerá la risible Rovira, sino Begoñas’s Husband desde Moncloa, tan peligroso como -y mucho más servil al capital que- la extrema derecha, con nosecuantos rateros en quioscos tan políticos como ese TC que hiperactivo preside, tras ser Fiscal General, el útil, ladino correturnos Conde Pumpido que, político insisto, hoy dictamina qué es legal y qué no.

Es -muy- aconsejable leerlo

Stefan Zweig que, en su humana huida de los nazis, se suicidó junto a su mujer en la cama de un hotel al otro lado del Atlántico, cerró con la caída de Napoleón en 1815 su ilustrativo relato sobre el tenebroso genio de Joseph Fouché mediante una frase ad hoc para los que aquí hoy se empeñan en arrasar lo -poco- bueno de la España del 78: “Terminó el periodo de las aventuras heroicas, empieza la era de la burguesía”, quizás tomada del Marx que describía hechos de años después, entre la proclamación de la Segunda República Francesa en 1848 y el golpe de Estado de Luis, Bonaparte menor, el 18 brumario 1851, explicándolo con el método de análisis materialista histórico a partir de la lucha de clases, empezando con una icónica frase: "La historia ocurre dos veces: la primera como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa",, adaptación de otra de Hegel, aplicada a la parodia del golpe del “otro Bonaparte”, farsa del trágico del 18 brumario del año VIII, 9 noviembre 1799, que dio el Napoleón real para cerrar aquel sueño revolucionario que nos trajo aquí, razonando, marxista, que si “el régimen parlamentario lo deja todo a la decisión de las mayorías; ¿cómo, pues, no van a querer decidir las grandes fuera del parlamento? Si los que están en las cimas del Estado tocan el violín, ¿qué cosa más natural sino que los que están abajo bailen?” Pensémoslo.

Zweig lo explica claro a la España actual en el cierre de su apasionante retrato del tenebroso Fouché con la caída de Napoleón y el afilado: "Terminó el periodo de las aventuras heroicas, empieza la era de la burguesía" que, en 1815, en el Congreso de Viena hilvanaba un gattopardista histórico para configurar el nuevo orden europeo basado en lo antiguo, incluso el absolutismo, siendo muy activo en ello el dúctil, Fouché que, tras dejar su eterno cargo como jefe de policía, urdió la devolución del trono francés a los Borbones y acabó sus días en Trieste, Austria, asociado en tan fúnebre tarea a Talleyrand, que siempre estuvo en la escena, llegando a ser primer ministro de Luis XVIII hasta su destitución, en 1815, al rehusar las condiciones de los aliados en el segundo tratado de París, siendo Talleyrand-Fouché, aciaga pareja, definidos por Chateaubriand en sus Memorias de ultratumba como “el vicio apoyado en el brazo del crimen”, cuyo complot político a finales de 1808 fue narrado como imaginaria cena de los dos en Le souper, film de Molinaro basado en la obra de Jean-Claude Brisville, con Claude Rich como Talleyrand, Claude Brasseur como Fouché y Michel Piccoli dando voz a Chateaubriand, una cena en que vicio y crimen planeaban destruir los logros de la Revolución para volver a lo anterior a 1789 y acabar con la Revolución, camino lleno de baches, precipicios y peligrosas curvas que, con Hitler/Petain en el recorrido, condujo al -que hoy dicen- “Frente Popular” y Marine Le Pen.

Le souper/La cena. Trailer

Aquí ahora, en nuestra esperpéntica farsa, una escena -dicen- corre como fuego en pólvora por X, antes Twiter, y miles de personas han visto el -frio- saludo de -toda- la selección de fútbol a Sánchez el Malo -sin Begoña- y la seria frialdad -entre otros- de Daniel Carvajal, hijo de policía,  siendo estúpido en especial lo escrito luego por Antonio Maestre, progre opinador de cámara en medios afines, cuyo ridículo texto es propio de la más cursi jet: “A estas alturas no es preciso recordar que @DaniCarvajal92 es un impresentable que no tiene ni la más mínima clase. Es lo contrario a lo que representa esta selección española”; para el progre, pues, el futbolista de la selección y el Real Madrid es un “impresentable que no tiene la más mínima clase”, lo que me hace lamentar que, por ser yo enemigo de clase de su “pogreso” y no usar la tarjeta -espía- bancaria, el -insolidario- coche o el -estúpido- smartphone y sus redes sociales no pueda, a su nivel, responder al clasista y a tantos pancistas, rémoras, parásitos del poder en los medios.

Así son los parásitos de quien, a diario, muestra -como farsa y en su sola persona- notas prístinas –vicio/crimen- de Fouché y Talleyrand y hoy, “demócrata” e impune como Trump, nos quiere “regenerar a modo Begoña” para concluir, en plan cutre, la despótica tarea iniciada con el bozal en 2020. Atentos.

Me han enviado esto por correo electrónico a mi dirección de trabajo

El Rey, con su familia cómplice, de cara. Sánchez, sólo, da la espalda

No es política… o -quizás- sí