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sábado, 4 de abril de 2026

Lo cotidiano 151 De libertades, derechos,… y obligaciones Fernando Merodio 04/04/2026

Lo cotidiano 151

De libertades, derechos,… y obligaciones

Fernando Merodio

04/04/2026

En el mármol de la magnífica Francia que cortó cabezas fueron leves las obligaciones

26 agosto 1789, a las seis semanas de la súbita toma de la Bastilla y a tres de haber abolido -dicen- lo feudal, la recia, nueva Asamblea Nacional Constituyente francesa, ya sin rey ni nobles, bajo el racional influjo de la ilustración, de Lafayette, Jefferson y la declaración de independencia en Estados Unidos, 1776, sacudida por el revolucionario ardor de, jóvenes, Robespierre, incorruptible abogado jacobino que dijo: “cuando el gobierno viola los derechos del pueblo, la insurrección es para ese pueblo el más sagrado e indispensable de los derechos”, Danton, gran enemigo del Ancien Règime, Marat, cordelier, director de L’Ami du peuple, Desmoulins, que movilizaba “ciudadanos activos”,…, distintos en el uso del “Terror” y  la higiénica idea del Dr. Guillotin como armas revolucionarias, fue débil al grabar en  mármol, junto a Libertades y Derechos, su contrapeso, las Obligaciones del Hombre-Ciudadano, hasta dejarnos hoy aquí, tras haber influido en, formales y tan expresos como vacuos, los derechos humanos, con una relación que incluye, “naturales e imprescriptibles” decían, Libertad, Igualdad, Fraternidad, Justicia o Ley contra la opresión, difíciles de diluir con, enunciadas también, propiedad y -policiaca- seguridad, afirmando que aplicarlos todos “asegura a los demás miembros de la sociedad el goce de estos derechos”, bella teoría -que dicen- apoyada en la Ley -no en el “progresista” decreto- expresión de la voluntad popular, siendo corolario el artículo 16, impune, cruelmente incumplido desde el inicio: “una Sociedad en la que no esté establecida la garantía de los Derechos, ni determinada la separación de los Poderes, carece de Constitución”. Amén.

El Roto  31.03.2026

Sustituye las obligaciones reales, unido a las muchas, para ellos útiles policías

Tras casi 237 años, -poco- atentos desde el inicio a las obligaciones, acudimos a las normas policiacas de Trump o, aquí, al burdo (des)gobierno sin política/presupuesto que, impune, (ab)usa del decreto-ley, trampantojos como el “progresismo” o -caladero de derechos para ellos- la “Covid19” o transige con legatarios no contritos -cuyo pesar se certifica en la viñeta de abajo- de los del tiro en la nuca y los listos que, allí y en otros lugares, se apropian de la fruta caída del árbol de todos que asko-tasunos mueven, usando -con (ab)uso siempre a su favor- los derechos franceses que -¡ay!, bien imputados- son de todos o los que, como ese Lamine, absurda referencia ilógica, apoyados en pútridos medios, se la cogen con papel de fumar y se enojan si otro grita que “el que no vote” es “musulmán” pero no se privan de vocear ellos que quien no brinca es, faltaría más, “madridista”, o los “fisnos” que protestan si se silba el epinicio de Egipto pero, impávidos, ven a los -egoístas- socios de Sánchez, masivo proxeneta Malo y Bobo, hacerlo impunes con el himno -que me afecta un ardite- de aquí ahora y, sabiendo utópico que constituciones y declaraciones lo recojan todo, deduzco -acaso-que todo se reduce a -mala- educación, estando ya harto de que siempre, por que otros la tengan así, los daños los sufra siempre yo que, como Lea Ypi, leí en Robespierre que “el secreto de la libertad radica en educar al pueblo, mientras el de la tiranía está en la ignorancia”, ¿les suena? 

El Roto

Lo certifica  la PSOE, su asesora de Justicia y Derechos Humanos en el Eusko Jauralitza

Incluso más serios son los derechos, libertades y obligaciones vinculadas a la eutanasia, no reconocido, inalienable derecho a morir cuando y como quieras, nunca igual que, traicionada por el cruel sistema, Noelia, sin que nadie se preocupara, quizás lógico, por quienes, sin consultarla, la traían y dejaban inerme aquí, ni vigilara -quizás bastante- la idoneidad de quienes la acompañaban al irse, con mil inhumanas trabas de la sociedad que, día a día, dilapida el ilustrado, racional legado francés, para -sola, mayor de edad, con quién, cómo y cuándo quisiera- acabar con su -profundo, real, solo de ella- sufrimiento, por lo que me anima la sentida urgencia de empujar a hacer más fácil que quienes como Noelia -yo mismo, quizás, harto- deseen marcharse de aquí lo hagan rodeados de respeto y con una lógica humana, a lo que, ¡uf, viejo, doy vueltas al tiempo que sopeso los civilizados derechos procesales que se aplican a  indiciarios forajidos ciertos como la catedrática Begoña, el “enmano” David, el clan del Peugeot 407 diesel, el propio Sánchez y toda su troupe, los que, crueles, ilógicos asesinaban, los proxenetas que crean lacerantes bandas gestoras de prostitución -y narcotráfico- o quienes, de una u otra forma, se lucran con ello,… frente a las -mucho menos sucias- libertades de los demás ciudadanos que -serios militantes en la Ley o forzados- más o menos respetan su lógico ejercicio como garantía -dicen- para el mejor vivir de todos, cuando, ya inmóvil el dañino, monstruoso P.E. El Escudo, solo queda que los pocos -sobra con los dedos de una mano- que lo pararon, sin hablar, lo liquiden y, aún más utópicos, exijan que, culpables, el capital privado, funcionarios, técnicos, científicos y políticos con poder sin auctoritas paguen los -pródigos- daños.

Imágenes del presidente de los “amos” que, desde la capital, lo posibilitó y nuestro consejero que -a diario- próximo informaba sobre el -privado negocio- P.E. El Escudo

Coda sobre una buena/(im)posible futura película.- Habiendo quien dice que “The Godfather“ es la mejor de todos los tiempos, yo prefiero, marxista geométrico, “El Acorazado Potemnkin” de Sergei M. Einsenstein, “Citizen Kane” de, genio, Orson Welles o, incluso, difícil/imposible amor, “West Side Story”, Romeo y Julieta de Robert Wise/Leonard Bernstein, que -varias veces- ví en el cine Paz, calle Fuencarral de “el foro”, al tiempo que -por solo 13 pesetas- disfrutaba con el -inolvidable- Real Madrid de Bernabéu, Di Stéfano, Puskas y Gento desde el tercer anfiteatro del gran estadio, en Chamartín, echando, ya en la cara norte, hoy de menos -¿perfecto cierre a mi mínima historia?- un film que dirigiera Francis Ford Coppola con los actores de “The Godfather” y narrara preciso -dicen que- quirúrgico lo que haría una “famiglia” con los “finos” hábitos de -en especial- la segunda parte del tráiler de abajo, por ejemplo, en las “educadas, constructivas” reuniones de Davos.

Pues tal película, han muerto varios actores, no podrá ser, sirva para  (in)tranquilizar el trailer 

sábado, 2 de agosto de 2025

Lo cotidiano.116 De barricadas y guillotinas Fernando Merodio 02/08/2025

Lo cotidiano.116

De barricadas y guillotinas

Fernando Merodio

02/08/2025

Hechos ciertos importantes. Han pasado ya 236 años desde la toma de la Bastilla, inicio de la Revolución francesa y, aunque moleste, hito político que hizo -un poco- mejor el mundo -que dicen- occidental y, además, acabó -de aquel modo- con la monarquía y modificó el enfoque de la política, por lo que me hace sentir nostalgia, incluso envidia, del tiempo en que -yo al menos- sin miedo, a imagen y semejanza de los franceses, nos enfrentábamos al -término revolucionario- ancien régime de Franco vivo -no a sus huesos que hoy acaldan los “valientes”-, régimen del que, demediando a Alexis de Tocquevilla, borramos -algo de- totalitarismo pero repusimos -yo voté en contra y hoy no lo tengo tan claro- una ilógica monarquía light, sin más aristocracia que, siempre, la del capital como acumulación irracional, abusiva de dinero y la de los malolientes, inútiles amorrados a la política; los franceses de finales del siglo XVIII cambiaron su ancien régime encarnado en la monarquía absolutista de Luis Capeto, Luis XVI, legándonos en tal acción tres o cuatro conceptos esenciales: la asamblea, del verbo assembler, armar o reunir, que aquí hoy, tras mínimas, clandestinas reuniones llenas de humo -algunos no fumábamos-, ceniza y pérdida de tiempo, con el progresismo buenista, ha decaído, en Congreso… sin diputados, la “barricada”, estorbo repentizado con bolsas de basura, muebles, adoquines,… que, burgués, eliminó Haussmann sustituyendo el intrincado callejero parisino, útil para huir de las policías, por amplias, asfaltadas avenidas, que facilitan perseguir a los insurrectos e, icónico, el artilugio del doctor Guillotin para separar cabezas y troncos usando una afilada cuchilla diagonal que, cayendo desde lo alto con rápida violencia entre dos guías paralelas, golpea el cuello del reo, usada en Francia hasta el 10 setiembre 1977, hace bien poco, siendo también conceptos agitadores, el “terreur”, del que Robespierre, jacobino “incorruptible”, decía que. "solo es justicia rápida, severa e inflexible" y la “bureaucracia”, “poder de la oficina” que, ¡uf!, exigiría otra revolución.

Muestra de la cabeza -sin tronco- del ciudadano Luis Capeto, el rey Luis XVI, a las 10:00 horas del 21 enero 1793, en la plaza de la Revolución, hoy -lenguaje perverso- de la Concordia,

En España, 1933, tiempo oscuro que hoy los más necios añoran al ser, en cierta forma, similar al actual, con el título “Marcha triunfal” la revista “Tierra y Libertad” publicaba “¡A las barricadas!”, vano afán libertario en busca de igualdad, traducción de “Warszawianka”, la “Varsoviana” que en 1885 había compuesto el polaco Wacław Święcicki para alentar la lucha obrera: “Negras tormentas agitan los aires / nubes oscuras nos impiden ver, / aunque nos espere el dolor y la muerte, / contra el enemigo nos llama el deber. / El bien más preciado es la libertad / hay que defenderla con valor y fe. / (...) / ¡En pie pueblo obrero, a las barricadas! ¡Hay que derrocar a la reacción! / ¡A las barricadas! ¡A las barricadas! / ¡Por el triunfo de la Confederación!” y; sin que hoy ya nadie se sienta obrero, el bien más preciado sigue siendo la libertad que busca igualdad, deber más que derecho, cuya sola defensa me hace ponerme a -ya que, achacoso, no puedo correr- andar lento y volver a plantar cara a las distintas policías y a quienes las usan en defensa de que, lógica causa del miedo a ir al supermercado, los grandes usureros del Ibex35 incrementen un 11,8% sus beneficios.

Blanco y negro o color, grises o azules, las policías no cambian con(tra) los de las barricadas

Dijo Savater, antes de ser deportado, por -solo- ideas, al ostracismo, que lo que define al ser humano no son sus instintos, ni siquiera sus genes, sino la posibilidad o disposición para decidir y ejecutar actos transformadores de él o su entorno; siendo ello lo que le define, puro ejercicio de la “libertad” que influye en la realidad y la convierte en algo distinto a lo que es si él no actúa, haciendo que sea éste, sin duda, un buen momento para pensar en ello y ya sin, como hace años, poder correr por correr un tramo largo, andar un rato y, en la viva soledad final, volver a leer a James M. Cain, autor de “El cartero siempre llama dos veces” y envolverme, otra vez, en su “Love’s lovely counterfeit”, “El amor es una deliciosa falsificación”, que en España dicen, vete a saber por qué, “Ligeramente escarlata”; historia de cualquier ciudad, la Poisonville de Red Harvest, Cosecha Roja, primera novela de Dashiell Hammett y su agente de la Continental o nuestra bella, insípida Santander, con su prostituido nombre arrastrado por el más avaro, cruel capital, ineptitud, corrupción, estériles elecciones, políticos,…, sin que suene el latido del amor, deliciosa falsificación, sustituido por lo zafio de la historia, ofensiva en esta época cheli de abusivo exceso, de que algún progresista ecléctico, invitado por un banquero y un político a una orgía a ciegas con mujeres, a los dos minutos, incorrecto detenía el jolgorio con un fuerte grito de queja y sorpresa: “¡Organización!, ¿eh?, ¡Organización! Ellas diez, nosotros tres, dos minutos y ya me han dado por allí seis veces”; abuso,  exceso, cansancio, edad,… y risitas flojas que, cosa de la eterna represión, provoca rijoso el sexo, muy alejado del Franco Battiato de antes y la “Prospettiva Nevski”: “Un viento a treinta grados bajo cero / barría las desiertas avenidas y los campanarios. / A ráfagas heladas de metralla, / desintegraba cúmulos de nieve / y los fuegos de la Guardia Roja encendidos / para echar al lobo, y viejas con rosarios”, sé también que “con mi generación pasé el invierno” y que con el “cine de Eisenstein, por la revolución, / estudiábamos cerrados en un cuarto, / con débil luz de velas y candiles de petróleo” sabiendo, por último, que “mi maestro me enseñó / cuan difícil es descubrir en la penumbra el alba”.

Coda sobre una teoría de excesos. Un día, hace ya mucho tiempo, creí, ¡la fe!, en una (im)posible Justicia y decidí ser abogado sin saber bien qué era eso, animado por un argumento fundamental, usarlo como garrote contra los sabidos “malos”, idea a la que luego sumé otras de un libro de Anagrama, “Estrategia judicial en los procesos políticos”, Jacques Vergès, y de la película, “El abogado del terror”, Barbert Schroeder sobre Vergés, que, a los 30 años y tras verse reflejado en un matón parisino de poca monta, se dijo "ese tipo soy yo" y cambió al Derecho y a ser amigo juvenil del camboyano Saloth Sar, después llamado Pol Pot, a defender a la argelina Djamila Bouhired, que luego fue su mujer, a los primeros palestinos que secuestraron aviones, al criminal nazi Klaus Barbie, a Carlos "El Chacal”, a los Jemer Rojos,..., poniendo su inteligencia y fuerte lógica -dicen que- perversa al servicio de deslegitimar toda idea de que hay Justicia; lo que quizás explique que, aún vivo pero cerca del punto y final, yo aún guarde -en algún íntimo grupo de neuronas- un cierto pudor sobre por qué no es mejor la defensiva, limpia barricada que la ofensiva, justa, sucia guillotina.

Pienso -y lo lamente- que me voy a marchar sin atreverme a dar, en voz alta, mi respuesta