Lo cotidiano 175
De lo legítimo, votar y
un proxeneta
Fernando Merodio
20/09/2026
Más uno que otros, están liando tanto todo esto que es preciso ya explicar cómo, en teoría del derecho y filosofía, el poder legítimo nace de un mandato legal justificado que, además, se ejerce sin necesidad de coacción a partir de un consenso social lógico basado en razones impersonales y objetivas, lo que, entiendo, equipara -en su extremo- legítimo a legal en una sociedad cuya ley sea, en fondo y forma, 1) válida -al ser parte de un sistema jurídico-, 2) justa -que, equitativa y exacta, da a cada uno lo que le corresponde- y 3) eficaz -que, libremente, es acatada aunque, por prohibir, no sea cómoda-, tanto en su elaboración como al ser conocida y llevada a la práctica, siendo evidente que, en toda sociedad cuyo poder es legítimo un proxeneta -no solo el que vende, arrienda, gestiona, comercia,… con el sexo forzado de otro, sino también quien, directa o indirectamente, se beneficia- repugnará y será -siempre- rechazado, mientras votar lo que nos digan nunca se considerará que sirve para nada, regulando la actividad de tal sustantivo y verbo normas -leyes- para un orden justo y, al razonar sobre ello, aclaro que, a diferencia de muchos, no soy jurista, sólo sé algo de Derecho e intento ser justo tras haberme licenciado hace casi 60 años -como “libre“- en la Universidad de Oviedo, empleando para ello -no precisé más- la mitad de los años del plazo académico, conociendo que todo lo vinculado a la Ley -mayúscula- es vital para que esto funcione como debe, pese a lo cual, para medrar en el ámbito jurídico/legal se exige -he visto- poco, lo que -acaso- explica por qué hoy aquí siendo tan vital legislar, juzgar, fiscalizar, defender, acusar, dar fe, registrar, ,…, se hace como se hace, difícilmente peor e, insisto, desde lo más bajo del rango, el diploma que alguien me firmó hace ya tantos años, sirvió -y sirve- para que, incluido en la lista de la corporación -“colegio profesional”- que creó Franco tras pagar lo exigido -manu militari, bajo amenaza de expulsión- se active un vetusto carnet -hoy digital- que me legitima nada menos que para defender o acusar a quien -yo- piense que- lo merece, poder exigir illo témpore -entre otros- el derecho a votar de todos y, tras ver lo que era, no hacerlo yo, centrándome en lo evidente nocivo próximo -casi siempre- al capital -que es plusvalía robada a la fuerza del trabajo ajeno- y, ahora además, al proxeneta que, solo en su beneficio y con trampas, maniobra para que -quienes no deben- le voten… y, así, bastardo, seguir mandando como, en Der Prozess, El Proceso, explica Kafka.
¿Hay
alguien que tenga algún otro sentir sobre qué es eso que nos dicen “la Ley”?
Estudiar Derecho, buscar, expurgar la Ley, justa o injusta, tan kafkiana como -o peor que- se muestra arriba, me pareció, además de etéreo e inane, fácil en exceso -ya lo he dicho- para obtener el certificado de manipulador de, ¡uf!, los ajados engranajes que, sustituyéndonos, fijó el poder para decirnos qué hacer y ser docto en las normas del vivir: registrarse tras nacer, trabajar, comprar, vender, alquilar,… y, sobre todo ser hábil sorteando las difíciles reglas que, al perpetuarse, refuerzan -venal- al poder y, ahora tras disfrazarlo de algo no tan distinto a -quizás, en algún aspecto, exagero- lo del “caudillo”, permitir a los peores -arbitrario Trump o Sánchez el proxeneta Malo- jactarse de cosas triviales, vacuas como el artículo 23.1 C.E.: “los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal”, ¡y no más!, tal es el adorado derecho al voto, así que, casi extinguida su eficacia práctica -salvo en los maltrechos Concejos Abiertos-, reducido aquí ahora a -solo- votar a quien dicen “ellos”, que sí participan embutidos en corruptas mercantiles-partidos tras decirnos -ahora con el paradigma de una sórdida pelea para viciar el censo- quien puede o no votar(los)… una vez cada X años, sabiendo que el derecho al voto -luché por él y no lo uso- está vivo sólo en el momento en que se ejerce, instante en que se evapora convertido en -casi- impune prebenda de vete a saber quién; fijado qué significa, lo fútil que es, no resulta extraño que aquí sea bandera de la cuadrilla con mando -ilegítimo- en plaza de un proxeneta, insisto en que lo es -incluso- quien, directa o indirectamente, se beneficia del (ab)uso, así que, leídos fragmentos de “La Sagrada Familia”, La Esfera de los Libros, 5ª edición, del periodista/licenciado en Derecho/no querellado, Alejandro Entrambasaguas, sé que -marido de Begoña, bachiller con cátedra universitaria, hija de Sabiniano, el gestor de 15 burdeles/saunas con -¿dónde está el dinero?- menores- ese Sánchez el Malo, dueño hoy de la mercantil PSOE, que despertó tras morir Franco, como sus socios, los nuevos ricos que dicen poder o sumar y la turbamulta egoísta que da golpes de Estado o recoge del suelo la fruta caída del árbol de todos movido por no contritos del tiro en la nuca, al participar feliz, con andar/tic de macarra, de un entorno industrial lucrado con el abuso sexual de -incluso- menores, es pútrido proxeneta y, al ser él quien, ilegítimo de toda ilegitimidad, manda, es fácil entender por qué aquí vale todo.
Clase
de “filosofía política” de,
proxeneta/líder máximo, Sánchez el Malo
Sin entrar en lo perverso del -más que posible-
lucro personal, quien puede convivir feliz, ¡si feliz!, con la estirpe de un
proxeneta, puede hacer, sin una mueca, lo de Sánchez el Malo y su fárrago de
indiciarios corruptos, ahora en Ceuta a migrantes y ceutíes, siendo los que,
sabiéndolo, colaboran con él, el gobierno, su mercantil partido, sus parásitos,…,
no cómplices, coautores que vulneran el límite de la Constitución de 1978, formal
declaración de intenciones en el lento -y hoy fallido- viaje desde el fascismo
consentido -por, con muchos, la PSOE-
a lo que hoy aquí dicen democracia, cuya ley
de leyes, de forma expresa, solo cita una profesión, la de letrado, capcioso modo de identificar lo
que la calle dice abogado, al que el
-teórico- sólido artículo 24 de tal ley
considera parte en la universal, seria -pero solo teórica- tutela del ejercicio
de los derechos y libertades individuales -que insisto, dicen- desiderátum protegido
por, entre otros modos, “la asistencia de
letrado”, lo que desborda -con creces- la -liviana- capacidad de tal profesión;
ni Homero exigió tanto a dioses y héroes.
El Estatuto de
la Abogacía, al regular el ejercicio de tal fatiga, parece aceptar el
envite, el reto constitucional con un onírico texto que dulcifica la realidad,
al vestirla de apetencia utópica y decir -sin límites- que “es una profesión libre e independiente que presta un servicio a la
sociedad en interés público y que se ejerce en régimen de libre y leal
competencia, por medio de la defensa de derechos e intereses públicos o
privados, mediante la aplicación de la ciencia y la técnica jurídicas, en orden
a la concordia, a la efectividad de los derechos y libertades fundamentales y a
la Justicia”, ¡libertad, independencia, servicio a la sociedad, interés
público, ciencia y técnica jurídicas, concordia, libertades, derechos
esenciales y, la guinda, Justicia mayúscula!, demasiado para lo que -solo- es una tarea individual humana, pudiendo ser
tal Estatuto norma que obliga o “statute”, ley anglosajona que aprueba el
parlamento -no aquí, donde ya no se legisla-, quedando en mera cabildada
política del ejecutivo que, por última vez, lo aprobó -creo, cuestión de fe- el
2 marzo 2021, con silente/cómplice apoyo de la ”abogacía” -tan fiel al que manda como la infantería- con derechos a
la libre prestación de servicios, el secreto profesional, la -inane- opción de
reclamar al CGPJ, su transparente mutua,
colegios, formación continua,…, que hacen de la de (i)letrado/abogado tarea
retribuida -para algunos- muy exigente, dura y de sus derechos y principios algo
genérico como los de toda persona o profesión, aunque estos -se digan- asistidos
por la Justicia, su artilugio la Ley y la técnica jurídica, lo que, sin duda impreciso/peligroso,
son desdibujadas creaciones humanas pensadas en beneficio de unos pocos para reprimir
al resto, ajenas -desde su inicio- a la igualdad fraterna y, dado que, en la
búsqueda de la utopía difusa, se yerra más que se acierta, abandonado lo que -joven
como Alicia- soñé durante el inicial mágico suspiro, nacidas Justicia y Ley de
un poder omnímodo que, con saña, exige, sin importarle quién o qué cae, dice
Nietzsche que las ideas tienen definición o historia, pero la Justicia -con mal
control- es difícil de conceptuar, valorándola John Rawls desde mil puntos de
vista en miles de páginas sin definirla, pues a cada uno interesa una diferente,
lo que hace que, aquí abajo, su historia sea desolador relato de terror escrito
por los amos o sus más sumisos siervos, siendo evidente lo que “ellos” quieren, ofreciendo a los letrados, vuelvo a ellos, dos caminos: 1)
plegarse a lo que los manden, sea lo que
sea o, 2) con lógica, ética y técnica jurídica, buscar la Justicia por penosos,
duros vericuetos, bordear la norma impuesta, que casi nunca conduce al fin
justo, y, así, intentar romper el cul de
sac, camino sin salida, nocturna pesadilla sombría de Kafka.
El
Roto 14.09.2026
Lo hubo, pero el informe PISA fue aún peor que para bachillerato
Coda sobre legitimidad, proxenetas y votos.- Aquí,
abogacía/utensilio es profesión y puede ser negocio para asalariados, no “independientes y libres”, que incumplen
la constitucional misión, encajonados en la corporación/colegio que creó el
fascio, rancia, con agrio regusto a ayer, sin solidez política, profesional,
social,…, que, al exigir a todos -jóvenes o muy viejos- pagar a quien los
controla, hace crecer el riesgo de que los letrados-abogados
acaben tan dañados como los -dicen- periodistas, escribidores, juntaletras, siendo -en esencia- ambas tareas
privadas y sus miembros responsables de actuar sobre y narrar lo real en el muy
grave momento actual de cambio -no solo climático- de ciclo, siendo deseable,
pues, que tomen riesgo -cuantos más mejor- en la honrosa tarea de suplir su
poco activo silencio de hoy por, cada uno a su modo, denunciar por qué alguien enfangado
en el peor proxenetismo industrial, incluso aunque fuera el más votado sin
falsearlo con pactos contra natura y
no alterara el censo electoral, no tiene legitimidad para nada. Pienso que está
claro.
El
Roto 17.09.2026
Consejo del proxeneta a los suyos



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