sábado, 7 de marzo de 2026

Lo cotidiano 147 Del capitalismo y (el no a) la guerra Fernando Merodio 07/03/2026

Lo cotidiano 147

Del capitalismo y (el no a) la guerra

Fernando Merodio

07/03/2026

Cuando, como leguleyo que soy, uso la Ley a modo de garrote contra “los malos”, acostumbro -como puedo, en especial sus conferencias y libros pequeños- a repensar a Karl Marx y, cada día más firme, voy al inicio de “El 18 brumario de Luis Bonaparte“, 1852, que explica cómo “la historia siempre ocurre dos veces: la primera como gran tragedia y la segunda como triste farsa”, evitando errar al medir personajes tan grises, lóbregos, turbios como Trump y, similar, nuestro Sánchez, proxeneta nocivo que finge ser, por momentos, lo opuesto a lo que en realidad es o, con “Trabajo asalariado y capital”, 1849, tomo de Marx que el precio de las mercancías lo fija “la competencia entre compradores y vendedores”, siempre leonina, unida a publicidad, consumismo, abuso, idiocia,…, o de “Salario, precio y ganancia”, 1865, tomo que “la subida general de salarios, determinaría una disminución de la cuota general de ganancias, pero no haría cambiar los valores”,… bueno, algunos, los serios sí, dando, tras ello, gracias don Karl por su fatiga en  pensar -y contárnoslo-, aunque cada día lo usemos menos.  

No tengo la menor duda, era un fenómeno

Historia, trabajo, salario, ganancia,… son base del pútrido sistema socioeconómico manipulable actual, el capitalismo, en que, a partir de que los medios de producción, territorio, fábricas, capital,… son propiedad privada, de menos del 1%, el -abstracto ente que dicen- mercado es el que -también dicen-  fija, no el valor, el precio de las cosas, distribuye los medios a usar e incluso, tan dóciles somos, nos impone fines… siempre en beneficio de los pocos “ellos”, siendo “capitalismo” expresión en que se detuvo Karl Marx para definir el abusivo sistema económico basado en -maleable, dúctil- comercio, trueque, intercambio, sistema de precios -que dicen- economía de mercado,…, falacia asentada en idílicas teorías, sustitutiva a partir del siglo XVII en Europa -con formas de éxito previo en las poderosas ciudades Estado medievales- del cruel, injusto feudalismo, contra la que el judío alemán fue lógico y duro crítico, como contra el sistema de producción que, a partir de la Revolución industrial en el siglo XIX, generó la -difícil- figura del “empresario” que -siempre falaces, dicen- asume riesgo de pérdidas para obtener futuros beneficios, estando -en la realidad práctica- empresarios y sistema gráficamente reflejados en la imagen de abajo, útil para, tras mirar, pensar.  

Las sólidas ideas de Marx, filósofo, economista y sociólogo ayudan a pensar, marcan nuestro tiempo e inspiran los más serios movimientos sociopolíticos, haciendo preciso conocerlas para intervenir -lo contrario es, entre otras, causa de que se intervenga tan poco- en el debate teórico y su plasmación práctica, que se anuncia esencial en el siglo XXI, sobre justicia social vs. Poder y en el que ya el siglo pasado Michel Foucault deshacía la floja base de -hoy en los papeles de Epstein- Noam Chomsky, apoyado en premisas tan leves y falsas como las de nuestro proxeneta cierto -“con beneficios de la prostitución de otra persona”- Sánchez, que disfrutó, ¿aún hoy?, del sucio dinero de, industrial del sexo, Sabiniano Gómez, padre de la bachiller/directora de cátedra universitaria, experta en subvenciones públicas, su mujer Begoña y, junto a cómplices carcelarios, selló pactos dañinos, en su -solo, personal, egoísta- beneficio con aliados no contritos de los del tiro en la nuca y una sucia caterva de golpistas confesos que intentan dividir la fuerza de lo que hoy es la histórica Hispania romana, siendo así que quienes, con todo, apoyen a tal sujeto, al que, por ejemplo, Masih Alinejad, activista objetivo del régimen iraní, imputa estar “del lado de los asesinos” y “usar los muertos para hacer política” y que hoy -sin vergüenza- se apropia y jacta de robar al resto el universal, global “¡no a la guerra!”, así que quienes aún le apoyen solo pueden ser, sin excusa plausible, pesebreros, canallas o torpes.

¿Dónde está el marxismo, que deja que la lucha sea manipulada por la derecha?

Identifica Giorgio Agamben, filósofo marxista italiano, traductor de Walter Benjamin, a este tipo de polizones de la política como “partidos progresistas” con coaligados heterogéneos, incapaces de distinguir entre derrota y deshonra y garantiza que, seguro, “acabarán siendo derrotados por su propia voluntad de ganar a cualquier precio”, por su afán de ser establishment y “transigir” incluso la revolución con el capital, ceder en todo ante su contrario, clase obrera ante capital, democracia ante mercantiles partidos/elecciones, pensar ante televisión, medio ambiente ante crecer sin límite, ciencia ante opinión y, lejos del análisis marxista del capitalismo y su teoría sobre la lucha de clases y contra la propiedad privada de los medios de producción para acumular capital, causa de desigualdad estructural, son ajenos al enfoque crítico que niega que el crecimiento ilimitado -destructivo- del capitalismo sea feliz camino hacia un real progreso, tras destruir los pilares del olvidado marxismo, ¡ay Felipe de mi arma!, destrucción que es base del “pacifismo progresista”, que huye de luchar contra la cada día más desigualitaria, injusta “plusvalía” o al análisis práctico, ¡uf, pensar!, de las contradicciones que debilitan el capitalismo para destruirlo, buscar útiles formas de cooperativismo laboral, diferenciar entre el valor de la fuerza del trabajo necesario para producir mercancías y el arbitrario  precio, partir de la teoría del valor para exigir que el de la mercancía se mida por el de la fuerza de trabajo socialmente necesaria para producirla e impedir un mayor precio mayor y, con él, la plusvalía, la explotación del hombre por el hombre,…

Amistades peligrosas en el “progresismo

Coda sobre el capitalismo y el no a la guerra.- No hay duda, Trump, alienígena naranja, y nuestro Sánchez, proxeneta malo, son dos caras ciertas -las dos necesarias- de la misma moneda, el capitalismo rampante que, en un siglo y medio ha pasado de 1.000 a más de 8.000 millones, ¡uf, pensemos!, de habitantes en el -pobre- planeta Tierra, que hacen imprescindible -lo saben/practican los dos- la guerra o que, por ejemplo, el jueves, ni El País -ni, por supuesto, el proxeneta- dijeran nada sobre cómo se escurría parte de una mina de coltán o cobalto -¿recuerdan?- o vaya a saber qué en el Congo de Patricio Lumumba, que “civilizaron” los europeos/belgas, muriendo cientos -sin determinar- de muy negros, de los que 70, al menos, eran niños, no impidiendo -supongo- que, al día siguiente, otros hambrientos volvieran a extraer el mineral para (in)sostenibles coches eléctricos o que nuestros mimados mocosos vean “porno” en su tabletas o asistamos al dantesco espectáculo de autobuses, terrazas, paseos llenos de idiotas frotando con sus dedos caras mercancías/artefactos que los incomunican, mientras, en la lucha de unos pocos contra lo energético/eólico es ¡última noticia! que los Tribunales ya no prevarican, ¡han desaparecido!, incluido el Supremo, en su etéreo tratamiento del tiempo, mientras Trump y Sánchez, dos caras del -mismo- capital, gritan para idiotas sumisos: ¡Guerra! o, da igual, ¡No a la guerra!